Cosechando con niños: Una huerta para los más pequeños de la familia

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Nuestra huerta urbana

Siempre estoy buscando formas de involucrar a mi hija de dos años en labores del hogar, de hecho hace un tiempo escribí un post acerca de cosas que los niños pueden hacer en casa. Además, siempre estoy buscando maneras de que nuestro hogar sea más autosuficiente, y una huerta (por más pequeña que sea) es la manera perfecta de empezar. Desde hace un par de años teníamos una serie de plantas comestibles organizadas en macetas sobre bloques de cemento (fotos aquí), pero a finales del año pasado decidimos hacer una huerta más en forma, con “eras” para cada cultivo, y como teníamos un espacio desocupado en el patio, decidimos sacarle el máximo provecho haciéndola ahí.

Desde el inicio la huerta fue un éxito con mi hija porque ha podido participar de todo el proceso, desde la siembra de las semillas, hasta el riego y la cosecha. Al día pasa por lo menos una hora del día en “labores de huerta” (¡mejor que cualquier juguete!) y poco a poco ha ido aprendiendo los nombres de las plantas, hasta el punto que le encanta cuando la mandamos a buscarnos albahaca, romero o alguna otra hierba para cocinar.

 

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Los inicios de la huerta

La huerta mide 240 cm por 90 cm. Para hacerla primero removimos todo el zacate que tenía esa área del patio y mezclamos la tierra que existía con tierra abonada con lombricompost. Luego colocamos bloques de 20 x 20 x 40 cm para hacer un rectángulo y rellenamos todo el área y los huecos de los bloques de tierra abonada. Dividimos el rectángulo en “eras” y sembramos una planta de chile dulce y varias lechugas en plántula, pero el resto fue sembrado con semillas directo a la huerta. Pusimos también al lado un camino de piedritas y baldosas de cemento para que fuera más fácil darle mantenimiento, y a unos cuantos pasos de la huerta sembramos una planta de papaya que va creciendo poco a poco; el próximo paso es sembrar un par de árboles frutales más.

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En el proceso de siembra también participan algunos amigos como “Suzy Sheep”

Después de unas semanas de regarla diligentemente empezaron a brotar las plantas: rúcula, romero, albahaca, lavanda, orégano, lechugas, zanahorias, chiles panameños, ají dulce, chiles jalapeños (le explicamos cuales eran picantes y a la fecha no los toca), apio, chiles dulces, tomates, culantro coyote y alfalfa.

La parte más emocionante para mi hija ha sido cuando ha podido cosechar algún vegetal, tan emocionante que en un par de ocasiones ha arrancado cosas antes de tiempo, como un chile dulce verde o la mini zanahoria de la foto de abajo, a la cual le hacían falta unas cuantas semanas para estar lista… pero esas han sido también oportunidades de aprendizaje que no tendría si no fuera por la huerta.

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Así se ve una zanahoria, semanas antes de estar lista.

Una excusa para jugar con tierra y agua todos los días, una oportunidad de enseñar de dónde viene la comida, una forma de darle autosuficiencia al hogar… una huerta es una escuela constante para los chicos. La ventaja es que para hacer una no se necesitan de hectáreas de terreno en una finca, solamente un pequeño espacio y un poco de imaginación.

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¡Feliz Año Nuevo!

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gabriel

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en el blog, y con buena razón. El 15 de noviembre del año pasado a la 1:32 am le dimos la bienvenida al nuevo miembro de la familia: nuestro segundo hijo Gabriel. Los últimos días han estado llenos de sonrisas, pañales, desveladas y cambios mientras que nos adaptamos a ser una familia de 4. Pero ya pasaron las semanas más locas y con este nuevo año estoy muy emocionada de retomar este espacio.

En este 2017 se vienen cosas lindísimas para el blog: más episodios de Niños a la Cocina, más posts de lugares para salir con niños y bebés que tengo varados desde hace mucho tiempo, un cambio de look para el blog y algunas sorpresas más. Espero que me acompañen en este nuevo año, que se suscriban al blog si no lo han hecho ya y que hagan de este también su espacio, nuestra pequeña comunidad de cosas de niños, comida y aventuras.

Por mientras los dejo con este video, un resumen de nuestras primeras semanas siendo 4, y el primero de una serie de 12 videos en los que documentaremos el primer año de nuestro hijo, al igual que lo hicimos durante los primeros 365 días de nuestra primera hija Ali. ¡Feliz Año Nuevo!

Gabo Aventuras 1: Bienvenido al mundo from Gloriana Brenes on Vimeo.

Sintonizando “radio teta” 

Hay temas de la maternidad que son tan tabú que casi nadie los toca. Se me ocurre por ejemplo, el miedo que da ir al baño la primera vez después de dar a luz, o la primera llorada del post parto, en donde uno está demasiado feliz pero por alguna posesión hormonal extraña de repente nada más estalla en llanto… Otro tema del que casi nadie conversa es como a veces (muchas veces) a los bebés les encanta tocar los senos de su mamá (aunque hay bebés que no discriminan y también les gusta hacer lo mismo con los senos de sus otras cuidadoras). 

“¡Nunca había visto a un bebé hacer eso!”- me dijo sorprendida una conocida la primera vez que vio a mi hija con la mano entre mi blusa mientras que amamantaba. Por supuesto la “nerd” que hay en mi sintió la necesidad de explicarle cómo es un proceso absolutamente normal y que los bebés lo hacen usualmente para estimular la bajada de la leche, pero que va, lo único que me ganó mi explicación fue otra mirada rara y un “mis hijos jamás lo hicieron”… Ok, yo lo intenté. Están tan sexualizados los senos que apenas y nos hemos ido haciendo a la idea como sociedad de que está “bien” usarlos para amamantar, pero el toque de los senos sigue siendo una cosa reservada exclusivamente para la intimidad de pareja, o para el auto examen de mamas… Un bebé tocándole el seno a su mamá puede ser visto como fuera de lugar, e incluso como una conducta a corregir.

No siempre fui tan “liberal” (a falta de una mejor palabra) con mis pechos; de hecho quizás si hubiera visto a un niño “sintonizando radio teta” (un término que me parece de lo más apropiado y jocoso) antes de ser mamá también lo habría visto como algo raro. Pero todo empezó en la labor de parto de mi primera hija. La enfermera que estaba asistiendo el parto en un momento sugirió estimular los pezones para ayudar al proceso y así empezó una tocadera que duró un par de horas hasta que di a luz. Ahí perdí todo prejuicio y cuando inicié la lactancia sabía que en algún momento en el futuro quizás mi hija utilizaría sus manos como parte del proceso de lactancia y cuando ocurrió lo asumí como normal.

Luego de su destete (esa historia la relato aquí) yo noté que aunque mi hija no estaba interesada en amamantar, si seguía “sintonizando”, en especial cuando tenía sueño. Pude haber “cortado” de inmediato la conducta, pero la verdad nunca me molestó ni lo vi con malicia y más bien sentía que si bien ella ya no quería leche, continuaba de alguna manera apegada al pecho y decidí dejar que eso fuera mermando de forma natural. 

Con el tiempo la frecuencia ha disminuido y ahora sí estoy activamente tratando de redirigir su atención cuando ella quiere hacerlo porque en esta etapa de mi segundo embarazo a veces me provoca contracciones. Aún así ha sido un proceso súper respetuoso y lento, considerando sus necesidades y las mías. 

Escribí este post porque a veces escriben mamás angustiadas porque su bebé usa sus manos cuando amamanta y quiero poner mi granito de arena en desmitificar la “sintonizada”. Por supuesto que si la mamá se siente incómoda o le molesta el toque, puede buscar maneras de cambiar la conducta (con un collar de lactancia, dándole besitos en la mano al bebé, etc) pero si la mamá está simplemente estresada porque asume (o le han dicho) que es una “maña” incorrecta, entonces le digo: no está sola, es normal y es parte del proceso natural de lactancia. 

Cómo viajar (sin bebé) en media lactancia de forma exitosa

Los viajes que no incluyen a bebé (ya sean por ocio o trabajo) generan en las mamás lactantes muchísimas preguntas: ¿Es posible continuar con la lactancia? ¿Cómo se mantiene una producción apropiada de leche sin el bebé mamando todo el día? ¿Cómo se transporta toda la leche extraída durante el viaje?… Para responder a esas preguntas hoy una mamá súper campeona me ayudó escribiendo un post al respecto. Indiana es una exitosa comunicadora, quien por motivos de trabajo ha tenido que viajar 5 veces durante los primeros 8 meses de su bebé y lo ha logrado sin problemas. Espero que su experiencia pueda inspirar a otras mamás y darles las respuestas que necesitan con respecto a este tema. ¡Trabajar, viajar y amamantar sí se puede lograr!

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La primera vez que me dijeron que tenía que salir del país en período de lactancia por motivos de trabajo, sentí que el mundo se me venía abajo. Mi hijo –quien no había cumplido aún sus 4 meses- y yo estaríamos separados por 11 largos días; mi destino era ni más ni menos que Taiwán y Japón.  Así que ahí estaríamos cada uno en un extremo diferente del mundo; él extrañando su teta y yo extrañando esos instantes. En total he tenido que salir 5 veces de viaje y la verdad es que la extracción a distancia no siempre resulta sencillo, pero si uno se lo propone definitivamente se puede mantener la producción sin problema! Quise compartir mi experiencia para todas aquellas mamás que al igual que yo no sabían como hacer para manejar su lactancia y viaje de forma paralela.

Aquí les comparto un listado de tips que sin duda creo que les puede ayudar:

  1. Intentar seguir a reloj los horarios de comida: Claro que resulta difícil porque muchas veces cuando se viaja por trabajo hay reuniones, almuerzos o distintas actividades que limitan un poco mantener los mismos horarios. Yo intentaba en la medida de lo posible pensar que mi hijo estaba conmigo para así mantener los horarios de lactancia. Mi primera extracción la hacía siempre en la mañana y luego mantenía la constancia en el día y hasta la noche. Claramente no me despertaba de madrugada, pero a la mañana siguiente amanecía llena de leche lista para realizar una extracción.
  2. Cargar un sacaleches manual y uno eléctrico: Antes de viajar una amiga me dio su sacaleches manual y hasta la fecha hemos sido inseparables. Siempre me gustó más el sacaleches eléctrico pero lo cierto es que los enchufes a veces son limitados. En este caso y si se quiere mantener la constancia, también debemos tener la flexibilidad de sacarnos leche donde sea y cuando sea. Yo me he sacado leche en aeropuertos, baños, salas de lactancia, aviones, etc. Se pueden imaginar que en un viaje de cómo 20 horas uno debe sacarse leche no una sino varias veces! En este caso, recomiendo complementar lo rápido del sacaleches eléctrico con la flexibilidad que te da el sacaleches manual.
  3. Esterilizar y limpiar: En mi viaje a Asia terminé botando –con el dolor de mi alma- toda la leche. Ahí no tenía la posibilidad de almacenarla y dado el tiempo de viaje fuera y el largo viaje de regreso no tenía posibilidad de traerla de vuelta. Luego de cada extracción, botaba mi leche.  En los últimos viajes sin embargo el escenario fue otro, ya que mi destino era Guatemala y claramente eso me servía para que el tiempo de viaje no fuera tan extenso y por lo tanto podía traerme la leche de vuelta.  En este caso, fui muy estricta con el tema de esterilización. Conseguí bolsas para esterilizar y solicité en el hotel un microondas para esterilizar los chupones luego de cada sacada. El hotel se comportó excelente y me ayudaron con mi solicitud, así que mantuve la constancia tanto de la extracción como la exigencia en la esterilización.
  4. Equipo para mantener el frío: Ya sabiendo que me podía traer la leche de vuelta para mi gordito, tenía que prepararme para guardar mi leche de la mejor forma.  En el hotel guardaba las bolsitas en el mini-bar o refri que tuviera el hotel y así se iban a mantener frías por varios días.  Ya luego para el regreso a Costa Rica compré unos ice-packs y una hielera de estereofón (que es buenísima para conservar el frío), y dado que mi estadía en Guatemala era corta y no tuve que congelar mis leches, decidí traérmela dentro de la hielera de estereofón llena de ice-packs. Cerré la hielera con bastante tape grueso y al llegar al aeropuerto la forré de plástico y la registré como equipaje. Eso sí, al entregarla indiqué que lo que llevaba era leche materna, le escribí por todo lado que era algo frágil y coloqué flechas hacia arriba para que no me la movieran tanto.  Por sorpresa llegó INTACTA! Claro eso fue la segunda vez que lo intenté, ya que mi primer intento no fue tan exitoso; pero bueno como dicen por ahí “la práctica hace al maestro” ☺
  5. Dar al bebé en chupón leche materna (al menos la última antes que vos llegués): En mi caso tuve siempre mucha leche y tuve la oportunidad de dejar un stock bastante grande de leche. Antes de salir de viaje me extraje aún más cantidad para asegurar que iba a tener suficiente mientras me ausentaba. Sin embargo los escenarios pueden ser distintos. Si vas a dar fórmula para complementar, te recomiendo que dejés algunas de tus leches para dar hacia el final de tu viaje y siempre mantengas la entrega de leches de forma mixta; es decir no dar un día completo solo fórmula sino mezclarlo para que bebé sienta ambos sabores sin que se llegue a acostumbrar solo a la fórmula.  En unos de mis viajes no me iba a alcanzar el stock así que le solicité a quienes cuidaron de mi hijo que el último chupón que le tocaba antes que yo llegara fuera de leche materna, así podía ayudarlo a que se recordara de mi lechita.
  6. Llegar a dar teta:  Cuando viajé la primera vez tenía dos grandes miedos: 1) que no pudiera sacarme la leche y se me llegara a hacer una mastitis y 2) que mi hijo se olvidara de mi teta.  El primero obviamente lo podía controlar yo con las constancias de las extracciones pero el segundo me asustaba un poquito porque no dependía realmente de mí.  De eso no hay que preocuparse! Vas a ver que en cuanto te vea bebé va a querer nuevamente tomar pecho como si nada hubiera pasado. Yo lo que procuré hacer es al regreso venir llena de leche y lista para dar de mamar! Mi hijo –hasta la fecha en los viajes que he hecho más recientes- se me pega como si nada hubiera pasado y creo que tanto él como yo, disfrutamos de ese reencuentro como nada más en este mundo!

Sé que es muy difícil y uno piensa que el mundo se acaba cuando aparecen esos viajes sin bebé en media lactancia, pero créanme es posible. No aflojen y verán que el esfuerzo vale enteramente la pena!  Finalmente, ya que están de viaje sin bebé aprovechen también el tiempo para ustedes que es muy válido, disfruten y duerman rico! Al final de cuentas, regresarás a abrazar a bebé más pronto de lo que te imaginás. ☺

Dejemos de hablar de los niños como si no estuvieran ahí

Imagínese que un día usted por alguna razón no amaneció en su mejor humor. Algo lo tiene frustrado o preocupado en el trabajo y además de eso no pudo dormir bien anoche, tuvo una pesadilla horrible que no le permitió conciliar bien el sueño después. La mañana siguiente usted tiene alguna actividad social con sus amigos y va acompañado de su pareja, en quien usted confía como su confidente. “Hoy amaneció de malas y anda insoportable, así que ni le hagan caso” le dice su pareja a todos los invitados apenas llegan al lugar del evento. No lo vuelve a ver mientras lo dice y a todos los demás les parece divertido el comentario. “¿Qué te pasa fulanit@, por qué tan seri@?”, empiezan a cuestionarte los invitados de forma jocosa… ¿Eso mejoraría su humor? ¿Cómo lo haría sentir?  

¿Qué pasa si le dijera que eso le pasa a los niños todos los días de su vida? Muchas veces sus papás, familiares y allegados simplemente hablan de ellos como si no estuvieran ahí, como si tuvieran algún tipo de impedimento para comprender lo que los adultos estamos comentando, como si debieran asumir que solo por ser niños, deben ver cómo normal el hecho de que se comente acerca de ellos sin ningún reparo por su presencia. No necesariamente lo hacen con mala intención o con ganas de ignorarlos, pero en nuestra sociedad está tan arraigada la costumbre, que solemos ignorar que los niños no son personas a medias, sino que nacen siendo personas y merecen el mismo respeto que cualquier otro.
Un niño agarrado de la pierna de sus papás en una situación que le asusta (por cualquier motivo, aunque nos parezca irracional) lo que menos necesita es escuchar que alguien desde lo alto le dice a otro adulto “no le haga caso, es que es un miedoso”. Un niño colmado por la atención de adultos desconocidos no necesita a su mamá diciéndole a los otros adultos con angustia y sin volverlo a ver “es que es huraño”. Estamos acostumbrados a un mundo tan adulto-céntrico que nos sentimos obligados a justificar los comportamientos de nuestros hijos que no calzan con el molde de lo que es un niño “perfecto” y yo creo que es hora de que esta nueva generación de padres haga un alto en el camino y cambie esto de inmediato.
Por supuesto que hay días en que vamos a pensar que nuestros hijos están inaguantables, que lo que hacen no tiene sentido, hay cosas que nos van a dar pena o angustia porque sabemos que nos van a generar críticas o cuestionamientos por otras personas, pero ese es un problema que nosotros como adultos tenemos que manejar y, aunque estamos en nuestro derecho de expresarselo a otros adultos a manera de catarsis, por favor procuremos hacerlos en un momento en que nuestro hijo no se encuentre presente. Si vamos a comentar de algún comportamiento de nuestros hijosque nos resulta incorrecto, entonces que tal si en vez de hacerlo con otros como si ellos no estuvieran ahí, bajaramos a su nivel y lo comentáramos con él.

Hace unos meses se hizo súper viral una noticia en la que el príncipe de Inglaterra se llevó una regañada de su abuela (la reina) por agacharse a hablar directamente con su hijo durante un evento oficial. Si el príncipe de una de las monarquías más tradicionales y ceremoniosas del mundo se atreve a cuestionar la tradición y darle a su hijo la atención que necesita para comprender una situación adulta, ¿cómo es que a nosotros nos da tanta angustia lo que pueda pensar la vecina?

Dejando las bromas de lado, me sentí particularmente motivada a escribir este post un día de estos que estaba en el parque con mi hija y llegó una muchacha con la niña a la cual ella cuida. “Hoy ha hecho berrinche por todo” me anunció a mi apenas que llegó “no se quiso comer el desayuno, lloró apenas que se fue el papá para el trabajo, no se quería poner los zapatos y no quería caminar hasta acá… Anda de malas”. Entendí las razones por las que lo comentó, ella como adulta se sentía frustrada y en confianza, sin embargo la niña estaba sentada a su lado, y cada vez que oía una frase más de su comportamiento yo la veía encogiéndose de hombros más y más. Era claro que algo estaba acongojado a esa chiquita y que no quería que el mundo entero fuera parte de la crítica. A riesgo de que la muchacha fuera a pensar que yo era loca, lo primero que hice fue volverme a la niña y decirle “tuviste un día medio difícil, ¿verdad?”. La niña de inmediato me volvió a ver y asintió con la cabeza, se quedó pensando un rato y luego se fue a jugar feliz de la vida. No lo cuento porque crea que haya hecho algo excepcional, o porque me considere algo especial en cuanto al trato con los niños. Son muchas las veces en que he perdido la paciencia con mi hija, cientos los errores que he cometido en el camino de la maternidad… Lo cuento porque ese fue el momento en que me hizo “click” lo que ya había leído muchas veces en artículos de crianza respetuosa: nuestro trabajo como padres a veces incluye ser la voz de nuestros hijos en un mundo de adultos, en lugar de tratar de silenciar su voz. 

Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Café Miel|

Esta es una serie de posts dedicados a conocer y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Desde hace varias semanas estoy en la misión de conocer cafés en Costa Rica con ambientes amigables para adultos y niños. Esta semana mi pequeña acompañante se resfrió, entonces una amiga, quien también es mamá y blogger, salió al rescate y me ayudó con la búsqueda. Ella escribió una reseña de uno de sus lugares favoritos.

Sue Mey (la blogger invitada de hoy) escribe en The Crazy Wolfpack acerca de familia y sus experiencias como mamá, además de moderar una comunidad lindísima de Baby Led Weaning. Los invito a que se den una vuelta por sus lugares virtuales, y espero que disfruten esta nueva sugerencia para ir a pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia.

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Algo que me encanta hacer es ir a conocer lugares en el pleno centro de San José, escondidos entre callecitas. Un ejemplo de esto es el popular Café Miel, he visitado todos sus locales y siempre he salido contenta.

Pero no fue sino hasta hace un tiempo que me aventuré con una amiga a ir con nuestros chicos, ella es toda una campeona malabarista que me demostró el verdadero sentido de la conciliación familiar y la gran necesidad de que los negocios tengan mínimas consideraciones para los niños. Con esto no quiere decir que pongan play en todo lado, sino que manejen empatía con el trato y que, aunque el negocio no sea promocionado para niños, no los discriminen. Ya tenemos suficiente de eso en este mundo tan adultocentrista.

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Nuestra primer experiencia en el Café Miel que queda detrás de la Biblioteca Nacional fue maravillosa, el lugar pequeño eso sí, no tenía sillas de bebé pero ahí nos acomodaron y nos hicieron sentir bienvenidas.

Justamente hace poco abrieron otro local, el cual queda en el costado sur del Tribunal Supremo de Elecciones. La casita es mucho más amplia, tienen una pequeña zona afuera para sentarse en una suerte de sillas Acapulco.

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Adentro el área se divide en tres, y en cada sección tienen una silla de bebé. Esta vez solamente fui con mi hijo y escogimos el área que da justo a la caja, porque me pareció que tenía más luz.

Las meseras fueron serviciales y cordiales, nos procuraron vasitos con agua mientras esperábamos y por dicha la espera fue corta. No íbamos a comer mucho, solamente pedimos unas yucas al mojo cubano, un churchilin y una sandía con hierba buena. Mi hijo por dicha tiene muy buenos hábitos alimenticios entonces por lo general no me preocupa el que no coma nada, y al menos él amó todo.

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Mi hijo de dos años ya superó la etapa de los cambiadores, por lo que en ese respecto no nos hizo mayor diferencia la ausencia de uno de estos aparatos en el baño, el cual estaba súper limpio. Pero si se va con niños que aún no controlan esfínteres, pues deben planear acorde.

Otro detalle que para mí no hace diferencia, dado que hago porteo extremo, es la falta de parqueo propio, claro que pueden parquear en la calle o en algún parqueo privado. Pero claro, hay que decir que este negocio normalmente se llena mucho entonces frente al local a veces no hay espacio.

Los precios son normales, refrescos a 1500 colones, los especiales de café a 2500, tienen repostería variada, bocadillos salados y la novedad es que ahora venden platos fuertes, que van desde los 4000 hasta los 9000 colones.

Este es el menú http://www.cafemielgarage.com/#menu

Su página de Facebook está  disponible en este link.

Todo es delicioso. En nuestro caso, lo recomendamos mil veces.

Para leer los dos anteriores posts de la serie de Café con Niños:

Chichillete Café

Go & Play

5 maneras de involucrar a los niños en las labores del hogar 

Hace un tiempo, navegando por una red social, vi un vídeo que compartió un amigo en el que se hablaba de lo poco preparada que ha estado nuestra generación para enfrentar la edad adulta y las responsabilidades cotidianas que trae consigo. Es tal la magnitud del tema que en Estados Unidos ha cobrado popularidad la palabra “adulting”, usada como un verbo para indicar que se está realizando una acción asociada con ser un adulto responsable (como cocinar su propia comida o lavar su propia ropa). Lo curioso es que esta palabra no está siendo usada por niños o adolescentes, sino por mujeres y hombres en sus veintes o treintas… O sea, en su mente ellos no son adultos, simplemente están actuando como tal, y les está costando muchísimo. 

No creo que este resultado haya sido a propósito. Queriendo evitarnos “dificultades”, o incluso no pensando que se trataba de herramientas importantes para un niño, muchos de nuestros papás no nos enseñaron a hacer cosas cotidianas por nosotros mismos. Incluso en algunas casas existía una prohibición asociada a la cocina y a las labores de limpieza, en parte por nuestra seguridad (un niño corriendo a la par de una olla de agua hirviendo o metiendo mano en cloro y desinfectantes es una pésima idea) pero también había una idea de que el adulto haría el trabajo mejor y más rápido, que cualquier intervención de un niño era una interrupción, y que era mejor que ellos estuvieran aparte con sus juguetes. 

Hace unos meses un día que andaba particularmente observadora decidí ponerle muchísima atención a los “disparadores” de la frustración en mi hija. Ella tenía un par de días de hacer “berrinches” en ciertas situaciones y quería entender que podía estarlos causando. Mi conclusión: yo la estaba subestimando y ella quería participar más activamente en el espacio en el que vive y hacer distintas cosas alrededor de la casa sin ayuda ni intervención de mi parte porque ya se sentía lista para manejarlas. 

En los grupos de mamás en los que estoy lo he leído decenas de veces: “¿qué puedo hacer para entretener a mi hijo mientras que yo cocino / limpio / hago cosas de mi vida diaria?”, “tiene mil juguetes y a los dos minutos está distraído y frustrado”. Bueno, sin ser una experta en temas de niños puedo sugerir que la solución quizás sea dejarlo participar, pues lo más probable es que él no quiera estar aislado, sino activo en lo que usted (su ídolo) está haciendo. ¿Un chiquito de 1-2 años en la cocina? ¿Uno de 3 limpiando un vidrio? Pues sí. Y no se trata de explotación infantil, o de robarle de alguna manera su infancia y hacerlo un esclavo del mantenimiento del hogar, se trata de darle al niño y a las labores del hogar la importancia que se merecen. Como decía María Montessori: 

Nunca ayude a un niño en la tarea en la que él siente que puede tener éxito.

Estas son 5 formas en las que, en mi corta experiencia de mamá, he descubierto que se puede involucrar a un niño pequeño en labores del hogar. 

1. Regando plantas

Con una regadera pequeña y su guía, un niño puede regar algunas de las plantas del hogar. Lo ideal sería explicarle por qué se riegan las plantas y que la planta está creciendo fuerte gracias a ellos. Es todavía más bonito si la planta es comestible porque pueden ver todo el proceso y luego cultivar algo que se incorporará a la comida de la casa.

2. Alimentando a alguna mascota
Esta es la favorita de mi hija, le encanta todo el proceso: llevar un banco, poner el plato de la perrita en el banco, medir la comida y echarla. La mayoría de las veces (todas las veces) se logra robar un par de bolitas de alimento y tratar de comérselas, a veces con éxito… Son gajes del oficio pero ella se siente súper feliz donde ve a la mascota comiendo lo que ella le sirvió.

3. Lavando platos

Esta es una que a veces no le hace mucha gracia a los papás porque muchas veces hay que “repasar” el trabajo y porque se dura muchísimos minutos más de lo que uno duraría haciéndolo uno mismo, pero la cara de concentración y orgullo de los niños que he visto lavando platos hace que todo el extra trabajo valga la pena. 

4. Llevando su propia ropa sucia

Este es de los más sencillos, cuando hay algún cambio de ropa, el niño lleva la ropa hasta la canasta de la ropa sucia y la deposita ahí. Suena a nada, pero cualquier persona que haya conocido a alguien que deje la ropa sucia tirada por toda la casa sabe que es una costumbre que vale la pena inculcar desde pequeños. 

5. En la cocina

Hay muchísimas cosas que los niños pequeños pueden hacer en la cocina, desde lavar frutas y vegetales, cortarlas con cuchillo plástico o normal de mantequilla, quebrar huevos, participar de la preparación previa de los platillos, repostería, etc. Mi hija puede jugar 10 minutos con un juguete, pero pasar una hora completamente concentrada en las labores de cocina, es algo super interesante para ellos, en especial si hay que mezclar ingredientes. 

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Estas son solamente 5 sencillas ideas de cómo involucrar a los niños en las labores del hogar. ¿Qué otras opciones utilizan en su casa para que los más pequeños participen activamente en su ambiente?