Sintonizando “radio teta” 

Hay temas de la maternidad que son tan tabú que casi nadie los toca. Se me ocurre por ejemplo, el miedo que da ir al baño la primera vez después de dar a luz, o la primera llorada del post parto, en donde uno está demasiado feliz pero por alguna posesión hormonal extraña de repente nada más estalla en llanto… Otro tema del que casi nadie conversa es como a veces (muchas veces) a los bebés les encanta tocar los senos de su mamá (aunque hay bebés que no discriminan y también les gusta hacer lo mismo con los senos de sus otras cuidadoras). 

“¡Nunca había visto a un bebé hacer eso!”- me dijo sorprendida una conocida la primera vez que vio a mi hija con la mano entre mi blusa mientras que amamantaba. Por supuesto la “nerd” que hay en mi sintió la necesidad de explicarle cómo es un proceso absolutamente normal y que los bebés lo hacen usualmente para estimular la bajada de la leche, pero que va, lo único que me ganó mi explicación fue otra mirada rara y un “mis hijos jamás lo hicieron”… Ok, yo lo intenté. Están tan sexualizados los senos que apenas y nos hemos ido haciendo a la idea como sociedad de que está “bien” usarlos para amamantar, pero el toque de los senos sigue siendo una cosa reservada exclusivamente para la intimidad de pareja, o para el auto examen de mamas… Un bebé tocándole el seno a su mamá puede ser visto como fuera de lugar, e incluso como una conducta a corregir.

No siempre fui tan “liberal” (a falta de una mejor palabra) con mis pechos; de hecho quizás si hubiera visto a un niño “sintonizando radio teta” (un término que me parece de lo más apropiado y jocoso) antes de ser mamá también lo habría visto como algo raro. Pero todo empezó en la labor de parto de mi primera hija. La enfermera que estaba asistiendo el parto en un momento sugirió estimular los pezones para ayudar al proceso y así empezó una tocadera que duró un par de horas hasta que di a luz. Ahí perdí todo prejuicio y cuando inicié la lactancia sabía que en algún momento en el futuro quizás mi hija utilizaría sus manos como parte del proceso de lactancia y cuando ocurrió lo asumí como normal.

Luego de su destete (esa historia la relato aquí) yo noté que aunque mi hija no estaba interesada en amamantar, si seguía “sintonizando”, en especial cuando tenía sueño. Pude haber “cortado” de inmediato la conducta, pero la verdad nunca me molestó ni lo vi con malicia y más bien sentía que si bien ella ya no quería leche, continuaba de alguna manera apegada al pecho y decidí dejar que eso fuera mermando de forma natural. 

Con el tiempo la frecuencia ha disminuido y ahora sí estoy activamente tratando de redirigir su atención cuando ella quiere hacerlo porque en esta etapa de mi segundo embarazo a veces me provoca contracciones. Aún así ha sido un proceso súper respetuoso y lento, considerando sus necesidades y las mías. 

Escribí este post porque a veces escriben mamás angustiadas porque su bebé usa sus manos cuando amamanta y quiero poner mi granito de arena en desmitificar la “sintonizada”. Por supuesto que si la mamá se siente incómoda o le molesta el toque, puede buscar maneras de cambiar la conducta (con un collar de lactancia, dándole besitos en la mano al bebé, etc) pero si la mamá está simplemente estresada porque asume (o le han dicho) que es una “maña” incorrecta, entonces le digo: no está sola, es normal y es parte del proceso natural de lactancia. 

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Cómo viajar (sin bebé) en media lactancia de forma exitosa

Los viajes que no incluyen a bebé (ya sean por ocio o trabajo) generan en las mamás lactantes muchísimas preguntas: ¿Es posible continuar con la lactancia? ¿Cómo se mantiene una producción apropiada de leche sin el bebé mamando todo el día? ¿Cómo se transporta toda la leche extraída durante el viaje?… Para responder a esas preguntas hoy una mamá súper campeona me ayudó escribiendo un post al respecto. Indiana es una exitosa comunicadora, quien por motivos de trabajo ha tenido que viajar 5 veces durante los primeros 8 meses de su bebé y lo ha logrado sin problemas. Espero que su experiencia pueda inspirar a otras mamás y darles las respuestas que necesitan con respecto a este tema. ¡Trabajar, viajar y amamantar sí se puede lograr!

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La primera vez que me dijeron que tenía que salir del país en período de lactancia por motivos de trabajo, sentí que el mundo se me venía abajo. Mi hijo –quien no había cumplido aún sus 4 meses- y yo estaríamos separados por 11 largos días; mi destino era ni más ni menos que Taiwán y Japón.  Así que ahí estaríamos cada uno en un extremo diferente del mundo; él extrañando su teta y yo extrañando esos instantes. En total he tenido que salir 5 veces de viaje y la verdad es que la extracción a distancia no siempre resulta sencillo, pero si uno se lo propone definitivamente se puede mantener la producción sin problema! Quise compartir mi experiencia para todas aquellas mamás que al igual que yo no sabían como hacer para manejar su lactancia y viaje de forma paralela.

Aquí les comparto un listado de tips que sin duda creo que les puede ayudar:

  1. Intentar seguir a reloj los horarios de comida: Claro que resulta difícil porque muchas veces cuando se viaja por trabajo hay reuniones, almuerzos o distintas actividades que limitan un poco mantener los mismos horarios. Yo intentaba en la medida de lo posible pensar que mi hijo estaba conmigo para así mantener los horarios de lactancia. Mi primera extracción la hacía siempre en la mañana y luego mantenía la constancia en el día y hasta la noche. Claramente no me despertaba de madrugada, pero a la mañana siguiente amanecía llena de leche lista para realizar una extracción.
  2. Cargar un sacaleches manual y uno eléctrico: Antes de viajar una amiga me dio su sacaleches manual y hasta la fecha hemos sido inseparables. Siempre me gustó más el sacaleches eléctrico pero lo cierto es que los enchufes a veces son limitados. En este caso y si se quiere mantener la constancia, también debemos tener la flexibilidad de sacarnos leche donde sea y cuando sea. Yo me he sacado leche en aeropuertos, baños, salas de lactancia, aviones, etc. Se pueden imaginar que en un viaje de cómo 20 horas uno debe sacarse leche no una sino varias veces! En este caso, recomiendo complementar lo rápido del sacaleches eléctrico con la flexibilidad que te da el sacaleches manual.
  3. Esterilizar y limpiar: En mi viaje a Asia terminé botando –con el dolor de mi alma- toda la leche. Ahí no tenía la posibilidad de almacenarla y dado el tiempo de viaje fuera y el largo viaje de regreso no tenía posibilidad de traerla de vuelta. Luego de cada extracción, botaba mi leche.  En los últimos viajes sin embargo el escenario fue otro, ya que mi destino era Guatemala y claramente eso me servía para que el tiempo de viaje no fuera tan extenso y por lo tanto podía traerme la leche de vuelta.  En este caso, fui muy estricta con el tema de esterilización. Conseguí bolsas para esterilizar y solicité en el hotel un microondas para esterilizar los chupones luego de cada sacada. El hotel se comportó excelente y me ayudaron con mi solicitud, así que mantuve la constancia tanto de la extracción como la exigencia en la esterilización.
  4. Equipo para mantener el frío: Ya sabiendo que me podía traer la leche de vuelta para mi gordito, tenía que prepararme para guardar mi leche de la mejor forma.  En el hotel guardaba las bolsitas en el mini-bar o refri que tuviera el hotel y así se iban a mantener frías por varios días.  Ya luego para el regreso a Costa Rica compré unos ice-packs y una hielera de estereofón (que es buenísima para conservar el frío), y dado que mi estadía en Guatemala era corta y no tuve que congelar mis leches, decidí traérmela dentro de la hielera de estereofón llena de ice-packs. Cerré la hielera con bastante tape grueso y al llegar al aeropuerto la forré de plástico y la registré como equipaje. Eso sí, al entregarla indiqué que lo que llevaba era leche materna, le escribí por todo lado que era algo frágil y coloqué flechas hacia arriba para que no me la movieran tanto.  Por sorpresa llegó INTACTA! Claro eso fue la segunda vez que lo intenté, ya que mi primer intento no fue tan exitoso; pero bueno como dicen por ahí “la práctica hace al maestro” ☺
  5. Dar al bebé en chupón leche materna (al menos la última antes que vos llegués): En mi caso tuve siempre mucha leche y tuve la oportunidad de dejar un stock bastante grande de leche. Antes de salir de viaje me extraje aún más cantidad para asegurar que iba a tener suficiente mientras me ausentaba. Sin embargo los escenarios pueden ser distintos. Si vas a dar fórmula para complementar, te recomiendo que dejés algunas de tus leches para dar hacia el final de tu viaje y siempre mantengas la entrega de leches de forma mixta; es decir no dar un día completo solo fórmula sino mezclarlo para que bebé sienta ambos sabores sin que se llegue a acostumbrar solo a la fórmula.  En unos de mis viajes no me iba a alcanzar el stock así que le solicité a quienes cuidaron de mi hijo que el último chupón que le tocaba antes que yo llegara fuera de leche materna, así podía ayudarlo a que se recordara de mi lechita.
  6. Llegar a dar teta:  Cuando viajé la primera vez tenía dos grandes miedos: 1) que no pudiera sacarme la leche y se me llegara a hacer una mastitis y 2) que mi hijo se olvidara de mi teta.  El primero obviamente lo podía controlar yo con las constancias de las extracciones pero el segundo me asustaba un poquito porque no dependía realmente de mí.  De eso no hay que preocuparse! Vas a ver que en cuanto te vea bebé va a querer nuevamente tomar pecho como si nada hubiera pasado. Yo lo que procuré hacer es al regreso venir llena de leche y lista para dar de mamar! Mi hijo –hasta la fecha en los viajes que he hecho más recientes- se me pega como si nada hubiera pasado y creo que tanto él como yo, disfrutamos de ese reencuentro como nada más en este mundo!

Sé que es muy difícil y uno piensa que el mundo se acaba cuando aparecen esos viajes sin bebé en media lactancia, pero créanme es posible. No aflojen y verán que el esfuerzo vale enteramente la pena!  Finalmente, ya que están de viaje sin bebé aprovechen también el tiempo para ustedes que es muy válido, disfruten y duerman rico! Al final de cuentas, regresarás a abrazar a bebé más pronto de lo que te imaginás. ☺

Dejemos de hablar de los niños como si no estuvieran ahí

Imagínese que un día usted por alguna razón no amaneció en su mejor humor. Algo lo tiene frustrado o preocupado en el trabajo y además de eso no pudo dormir bien anoche, tuvo una pesadilla horrible que no le permitió conciliar bien el sueño después. La mañana siguiente usted tiene alguna actividad social con sus amigos y va acompañado de su pareja, en quien usted confía como su confidente. “Hoy amaneció de malas y anda insoportable, así que ni le hagan caso” le dice su pareja a todos los invitados apenas llegan al lugar del evento. No lo vuelve a ver mientras lo dice y a todos los demás les parece divertido el comentario. “¿Qué te pasa fulanit@, por qué tan seri@?”, empiezan a cuestionarte los invitados de forma jocosa… ¿Eso mejoraría su humor? ¿Cómo lo haría sentir?  

¿Qué pasa si le dijera que eso le pasa a los niños todos los días de su vida? Muchas veces sus papás, familiares y allegados simplemente hablan de ellos como si no estuvieran ahí, como si tuvieran algún tipo de impedimento para comprender lo que los adultos estamos comentando, como si debieran asumir que solo por ser niños, deben ver cómo normal el hecho de que se comente acerca de ellos sin ningún reparo por su presencia. No necesariamente lo hacen con mala intención o con ganas de ignorarlos, pero en nuestra sociedad está tan arraigada la costumbre, que solemos ignorar que los niños no son personas a medias, sino que nacen siendo personas y merecen el mismo respeto que cualquier otro.
Un niño agarrado de la pierna de sus papás en una situación que le asusta (por cualquier motivo, aunque nos parezca irracional) lo que menos necesita es escuchar que alguien desde lo alto le dice a otro adulto “no le haga caso, es que es un miedoso”. Un niño colmado por la atención de adultos desconocidos no necesita a su mamá diciéndole a los otros adultos con angustia y sin volverlo a ver “es que es huraño”. Estamos acostumbrados a un mundo tan adulto-céntrico que nos sentimos obligados a justificar los comportamientos de nuestros hijos que no calzan con el molde de lo que es un niño “perfecto” y yo creo que es hora de que esta nueva generación de padres haga un alto en el camino y cambie esto de inmediato.
Por supuesto que hay días en que vamos a pensar que nuestros hijos están inaguantables, que lo que hacen no tiene sentido, hay cosas que nos van a dar pena o angustia porque sabemos que nos van a generar críticas o cuestionamientos por otras personas, pero ese es un problema que nosotros como adultos tenemos que manejar y, aunque estamos en nuestro derecho de expresarselo a otros adultos a manera de catarsis, por favor procuremos hacerlos en un momento en que nuestro hijo no se encuentre presente. Si vamos a comentar de algún comportamiento de nuestros hijosque nos resulta incorrecto, entonces que tal si en vez de hacerlo con otros como si ellos no estuvieran ahí, bajaramos a su nivel y lo comentáramos con él.

Hace unos meses se hizo súper viral una noticia en la que el príncipe de Inglaterra se llevó una regañada de su abuela (la reina) por agacharse a hablar directamente con su hijo durante un evento oficial. Si el príncipe de una de las monarquías más tradicionales y ceremoniosas del mundo se atreve a cuestionar la tradición y darle a su hijo la atención que necesita para comprender una situación adulta, ¿cómo es que a nosotros nos da tanta angustia lo que pueda pensar la vecina?

Dejando las bromas de lado, me sentí particularmente motivada a escribir este post un día de estos que estaba en el parque con mi hija y llegó una muchacha con la niña a la cual ella cuida. “Hoy ha hecho berrinche por todo” me anunció a mi apenas que llegó “no se quiso comer el desayuno, lloró apenas que se fue el papá para el trabajo, no se quería poner los zapatos y no quería caminar hasta acá… Anda de malas”. Entendí las razones por las que lo comentó, ella como adulta se sentía frustrada y en confianza, sin embargo la niña estaba sentada a su lado, y cada vez que oía una frase más de su comportamiento yo la veía encogiéndose de hombros más y más. Era claro que algo estaba acongojado a esa chiquita y que no quería que el mundo entero fuera parte de la crítica. A riesgo de que la muchacha fuera a pensar que yo era loca, lo primero que hice fue volverme a la niña y decirle “tuviste un día medio difícil, ¿verdad?”. La niña de inmediato me volvió a ver y asintió con la cabeza, se quedó pensando un rato y luego se fue a jugar feliz de la vida. No lo cuento porque crea que haya hecho algo excepcional, o porque me considere algo especial en cuanto al trato con los niños. Son muchas las veces en que he perdido la paciencia con mi hija, cientos los errores que he cometido en el camino de la maternidad… Lo cuento porque ese fue el momento en que me hizo “click” lo que ya había leído muchas veces en artículos de crianza respetuosa: nuestro trabajo como padres a veces incluye ser la voz de nuestros hijos en un mundo de adultos, en lugar de tratar de silenciar su voz. 

Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Café Miel|

Esta es una serie de posts dedicados a conocer y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Desde hace varias semanas estoy en la misión de conocer cafés en Costa Rica con ambientes amigables para adultos y niños. Esta semana mi pequeña acompañante se resfrió, entonces una amiga, quien también es mamá y blogger, salió al rescate y me ayudó con la búsqueda. Ella escribió una reseña de uno de sus lugares favoritos.

Sue Mey (la blogger invitada de hoy) escribe en The Crazy Wolfpack acerca de familia y sus experiencias como mamá, además de moderar una comunidad lindísima de Baby Led Weaning. Los invito a que se den una vuelta por sus lugares virtuales, y espero que disfruten esta nueva sugerencia para ir a pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia.

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Algo que me encanta hacer es ir a conocer lugares en el pleno centro de San José, escondidos entre callecitas. Un ejemplo de esto es el popular Café Miel, he visitado todos sus locales y siempre he salido contenta.

Pero no fue sino hasta hace un tiempo que me aventuré con una amiga a ir con nuestros chicos, ella es toda una campeona malabarista que me demostró el verdadero sentido de la conciliación familiar y la gran necesidad de que los negocios tengan mínimas consideraciones para los niños. Con esto no quiere decir que pongan play en todo lado, sino que manejen empatía con el trato y que, aunque el negocio no sea promocionado para niños, no los discriminen. Ya tenemos suficiente de eso en este mundo tan adultocentrista.

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Nuestra primer experiencia en el Café Miel que queda detrás de la Biblioteca Nacional fue maravillosa, el lugar pequeño eso sí, no tenía sillas de bebé pero ahí nos acomodaron y nos hicieron sentir bienvenidas.

Justamente hace poco abrieron otro local, el cual queda en el costado sur del Tribunal Supremo de Elecciones. La casita es mucho más amplia, tienen una pequeña zona afuera para sentarse en una suerte de sillas Acapulco.

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Adentro el área se divide en tres, y en cada sección tienen una silla de bebé. Esta vez solamente fui con mi hijo y escogimos el área que da justo a la caja, porque me pareció que tenía más luz.

Las meseras fueron serviciales y cordiales, nos procuraron vasitos con agua mientras esperábamos y por dicha la espera fue corta. No íbamos a comer mucho, solamente pedimos unas yucas al mojo cubano, un churchilin y una sandía con hierba buena. Mi hijo por dicha tiene muy buenos hábitos alimenticios entonces por lo general no me preocupa el que no coma nada, y al menos él amó todo.

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Mi hijo de dos años ya superó la etapa de los cambiadores, por lo que en ese respecto no nos hizo mayor diferencia la ausencia de uno de estos aparatos en el baño, el cual estaba súper limpio. Pero si se va con niños que aún no controlan esfínteres, pues deben planear acorde.

Otro detalle que para mí no hace diferencia, dado que hago porteo extremo, es la falta de parqueo propio, claro que pueden parquear en la calle o en algún parqueo privado. Pero claro, hay que decir que este negocio normalmente se llena mucho entonces frente al local a veces no hay espacio.

Los precios son normales, refrescos a 1500 colones, los especiales de café a 2500, tienen repostería variada, bocadillos salados y la novedad es que ahora venden platos fuertes, que van desde los 4000 hasta los 9000 colones.

Este es el menú http://www.cafemielgarage.com/#menu

Su página de Facebook está  disponible en este link.

Todo es delicioso. En nuestro caso, lo recomendamos mil veces.

Para leer los dos anteriores posts de la serie de Café con Niños:

Chichillete Café

Go & Play

5 maneras de involucrar a los niños en las labores del hogar 

Hace un tiempo, navegando por una red social, vi un vídeo que compartió un amigo en el que se hablaba de lo poco preparada que ha estado nuestra generación para enfrentar la edad adulta y las responsabilidades cotidianas que trae consigo. Es tal la magnitud del tema que en Estados Unidos ha cobrado popularidad la palabra “adulting”, usada como un verbo para indicar que se está realizando una acción asociada con ser un adulto responsable (como cocinar su propia comida o lavar su propia ropa). Lo curioso es que esta palabra no está siendo usada por niños o adolescentes, sino por mujeres y hombres en sus veintes o treintas… O sea, en su mente ellos no son adultos, simplemente están actuando como tal, y les está costando muchísimo. 

No creo que este resultado haya sido a propósito. Queriendo evitarnos “dificultades”, o incluso no pensando que se trataba de herramientas importantes para un niño, muchos de nuestros papás no nos enseñaron a hacer cosas cotidianas por nosotros mismos. Incluso en algunas casas existía una prohibición asociada a la cocina y a las labores de limpieza, en parte por nuestra seguridad (un niño corriendo a la par de una olla de agua hirviendo o metiendo mano en cloro y desinfectantes es una pésima idea) pero también había una idea de que el adulto haría el trabajo mejor y más rápido, que cualquier intervención de un niño era una interrupción, y que era mejor que ellos estuvieran aparte con sus juguetes. 

Hace unos meses un día que andaba particularmente observadora decidí ponerle muchísima atención a los “disparadores” de la frustración en mi hija. Ella tenía un par de días de hacer “berrinches” en ciertas situaciones y quería entender que podía estarlos causando. Mi conclusión: yo la estaba subestimando y ella quería participar más activamente en el espacio en el que vive y hacer distintas cosas alrededor de la casa sin ayuda ni intervención de mi parte porque ya se sentía lista para manejarlas. 

En los grupos de mamás en los que estoy lo he leído decenas de veces: “¿qué puedo hacer para entretener a mi hijo mientras que yo cocino / limpio / hago cosas de mi vida diaria?”, “tiene mil juguetes y a los dos minutos está distraído y frustrado”. Bueno, sin ser una experta en temas de niños puedo sugerir que la solución quizás sea dejarlo participar, pues lo más probable es que él no quiera estar aislado, sino activo en lo que usted (su ídolo) está haciendo. ¿Un chiquito de 1-2 años en la cocina? ¿Uno de 3 limpiando un vidrio? Pues sí. Y no se trata de explotación infantil, o de robarle de alguna manera su infancia y hacerlo un esclavo del mantenimiento del hogar, se trata de darle al niño y a las labores del hogar la importancia que se merecen. Como decía María Montessori: 

Nunca ayude a un niño en la tarea en la que él siente que puede tener éxito.

Estas son 5 formas en las que, en mi corta experiencia de mamá, he descubierto que se puede involucrar a un niño pequeño en labores del hogar. 

1. Regando plantas

Con una regadera pequeña y su guía, un niño puede regar algunas de las plantas del hogar. Lo ideal sería explicarle por qué se riegan las plantas y que la planta está creciendo fuerte gracias a ellos. Es todavía más bonito si la planta es comestible porque pueden ver todo el proceso y luego cultivar algo que se incorporará a la comida de la casa.

2. Alimentando a alguna mascota
Esta es la favorita de mi hija, le encanta todo el proceso: llevar un banco, poner el plato de la perrita en el banco, medir la comida y echarla. La mayoría de las veces (todas las veces) se logra robar un par de bolitas de alimento y tratar de comérselas, a veces con éxito… Son gajes del oficio pero ella se siente súper feliz donde ve a la mascota comiendo lo que ella le sirvió.

3. Lavando platos

Esta es una que a veces no le hace mucha gracia a los papás porque muchas veces hay que “repasar” el trabajo y porque se dura muchísimos minutos más de lo que uno duraría haciéndolo uno mismo, pero la cara de concentración y orgullo de los niños que he visto lavando platos hace que todo el extra trabajo valga la pena. 

4. Llevando su propia ropa sucia

Este es de los más sencillos, cuando hay algún cambio de ropa, el niño lleva la ropa hasta la canasta de la ropa sucia y la deposita ahí. Suena a nada, pero cualquier persona que haya conocido a alguien que deje la ropa sucia tirada por toda la casa sabe que es una costumbre que vale la pena inculcar desde pequeños. 

5. En la cocina

Hay muchísimas cosas que los niños pequeños pueden hacer en la cocina, desde lavar frutas y vegetales, cortarlas con cuchillo plástico o normal de mantequilla, quebrar huevos, participar de la preparación previa de los platillos, repostería, etc. Mi hija puede jugar 10 minutos con un juguete, pero pasar una hora completamente concentrada en las labores de cocina, es algo super interesante para ellos, en especial si hay que mezclar ingredientes. 

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Estas son solamente 5 sencillas ideas de cómo involucrar a los niños en las labores del hogar. ¿Qué otras opciones utilizan en su casa para que los más pequeños participen activamente en su ambiente? 

Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Go & Play|

Esta es una serie de posts dedicados a conocer y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Hace un par de semanas me propuse una meta: encontrar cafés en donde disfrutar las tardes lluviosas, que tengan opciones ricas de comida, y espacios en los que los niños pequeños puedan moverse libremente y disfrutar el rato también. En mi búsqueda (que ha sido como encontrar una aguja en un pajar), recibí una recomendación de otra mamá de un lugar al oeste de la ciudad que nació justamente con ese concepto en mente. Así es como termino una tarde en Go & Play en Ciudad Colón.

Contrario al primer lugar que compartí en esta serie (un café para adultos con comodidades convenientes para niños),  este es más un lugar pensado para niños, con comodidades convenientes para adultos: un paraíso para chicos de todas las edades, acompañado de comida y la posibilidad de tener un ratito de descanso para los papás.

El lugar es básicamente un área de juegos enorme que tiene algo divertido para cada edad, desde un área para bebés y niños pequeños, hasta un play con línea de canopy, túneles y toboganes súper altos que caen en una piscina de bolas para niños más grandes. Los papás pueden sentarse a observar a sus hijos en un espacio en una de las muchas mesas del local y ordenar de 3 diferentes menús.

El lugar está ubicado en Del Río Plaza, la cual cuenta con tres restaurantes: Orgánica (un deli que tiene repostería y comida saludable con opciones libres de azúcar, gluten y veganas), MAD (hamburguesas, snacks y cervezas artesanales) y D’Vino (pizzas, pastas y paninis). Estando en Go & Play uno puede ordenar de cualquiera de esos restaurantes desde el mismo local y se lo vienen a dejar y cobrar hasta la mesa que está al lado de sus hijos. Cuando fui pedí comida de Orgánica y me pareció bastante rica, probablemente la próxima vez pida de MAD porque sólo de ver el menú se me hace agua la boca.

Por ser un lugar para niños el ambiente sí es 100% infantil. La música de fondo es música infantil y tienen un televisor con dibujos animados en el local, para tenerlo en cuenta sí lo deciden visitar. Es más un lugar para ir con amigos que tengan también niños y entiendan de esas cosas. Debo confesar que no soy la más fan de la música para niños, pero mi hija AMÓ el lugar, me volvía a ver a cada rato y me decía “mamá, guta play, guta play”, corría de arriba a abajo y escalaba todo lo que se le ponía al frente… Sólo esa sonrisa y esa emoción vale un par de horas de oír la canción del elefante Trompita.

El local tiene muchas opciones de parqueo por estar en un centro comercial, y cumple con el requisito de un baño súper cómodo. Es amplio, tiene cambiador y suficiente espacio para mamá, niño y hasta algún hermanito.

Go & Play está ubicado en Del Río Plaza, 1,3 km luego del peaje carretera a Ciudad Colón. Abre de lunes a viernes de 12 a 7 y sábados de 11:30 a 5. Tiene un costo de 5000 colones por niño (adultos no pagan, ni tampoco hay cargos adicionales por la comida).

Tienen una página en Facebook llena de fotos e información por si desean visitarla y conocer más.

Un día en la vida de una mamá de una niña de 2 años

Desde hace rato quiero escribir esto en el blog. Más que todo para mí, porque quisiera dentro de unos años poder recordar como eran mis días en compañía de mi hija pequeñita, cuando éramos sólo nosotros tres, en especial ahora que un nuevo miembro está a punto de sumarse a nuestra familia (en noviembre nace nuestro segundo hijo). Pero también he querido escribirlo porque este es de los tipos de posts que más me gusta leer en otros blogs, porque me dan buenas ideas de cómo organizar mi día, y me ayudan a ver las distintas formas en las que se puede vivir la maternidad. Este es un vistazo a un día (entre semana) normal en nuestra vida.

Todos los días entre semana son algo distintos, varias veces por semana salimos de la casa a visitar familia, a ir al supermercado o hacer alguna otra vuelta, o a pasear. Los fines de semana son completamente diferentes. Hay días súper ocupados y días súper relajados, días súper “productivos” y otros no tanto. Yo me olvidé hace mucho rato de “rankear” mi día en base a que tan “productiva” fui (algo que parece tener obsesionado a medio mundo), ya que me di cuenta que con un niño pequeño todos los días son impresionantemente productivos. Cada actividad cotidiana es una oportunidad para modelar comportamiento, inculcar valores, enseñar herramientas básicas para la vida, que acompañarán a esa personita por muchísimos años. Siempre me ha parecido muy triste la importancia tan baja que le damos a esas vitales lecciones en nuestra sociedad.

No incluyo labores domésticas porque no es lo que quiero recordar de nuestra vida, pero (a pesar de contar con ayuda todos los días) el día si incluye cosas como tender las camas, ordenar juguetes un millón de veces, lavar platos, etc.

Espero que disfruten de este vistazo a nuestro día.

5:52 a.m. Me despierta una vocecita. “Mamá”, me dice suavecito. Empiezo a despertarme pero mis ojos aún no se quieren abrir, entonces siento donde un dedito empieza a tocarme la cara “mamá boca, mamá nadiz, mamá ojjjjjo”. Ya mi hija empezó con su ritual de recitarme las partes de mi cara cuando yo no me despierto inmediatamente. Abro los ojos y no puedo evitar morirme de risa de los ojos abiertísimos que están viéndome de vuelta. “Poicito porfa”. Amanece pidiendo leche.

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6:00 a.m. Mientras que se toma su chupón leemos un rato (usualmente de su Biblia para niños), o nada más conversamos. Sí, tiene (casi) 2 años, pero es una hablantina. A veces se le entiende súper bien, a veces necesita subtítulos, pero pasa el día entero conversando conmigo. No hay un momento aburrido.

6:30 a.m. Bajamos a hacer el desayuno. Por lo general este era un momento en el que yo la dejaba ver tele mientras que yo preparaba algo de comida, pero desde hace varios meses mi hija quiere estar involucrada en TODO lo que tenga que ver con la cocina. Llora si no la dejamos participar y realmente le fascina todo lo que tiene que ver con alistar las comidas, así que ahora ella hace el desayuno conmigo (en realidad ella se encarga de todo lo que no necesite calor). Hoy alistó el plato de frutas con banano y fresas que ella misma partió, quebró todos los huevos que luego freí, y untó de mantequilla todos los panes que yo luego tosté. “Papáaaaaaaaa!” lo llama cuando ya está lista la comida. Usualmente mi esposo baja con nosotras desde antes y nos ayuda a preparar el desayuno, pero hoy cambió un poco la rutina.

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7:00-7:45 a.m. Nuestra hora familiar. Por lo general en este rato desayunamos juntos, y luego mi hija se entretiene jugando todo lo que se le pueda ocurrir con su papá.  Últimamente su juego favorito es uno en el que lo hace acostarse en el piso y le pone encima cuanta cobija se encuentre en la casa.

8:00 a.m. – 10:00 a.m. Parque. Este es el momento favorito del día de mi hija. Son 2 horas de juego completamente libre. Nos vamos al parque del condominio en el que vivimos con una manta, la merienda y un set de juguetes para la arena y cuando llegamos todo se vale. La mayoría de los días escoge pasar un rato en los areneros, un rato con los patos (hay un lago donde vivimos) y un rato en el play, pero otros días trata de escalar arboles, corre en las mini cuestas que se encuentra, da vueltas en el zacate. La mayoría de las veces se quita los zapatos apenas llegamos y pasa el resto del rato descalza. Usualmente hay varios niños de edades similares, entonces juega con sus amiguitos. En algún momento hacemos una pausa para comernos la merienda (siempre estilo picnic). Todos los días trato de que este sea un momento que se de; en los días muy ocupados trato de llevarla aunque sean 30 minutos antes de empezar el trajín… creo que estar en la naturaleza es terapéutico para ella y para mí.

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10:15 a.m. Baño. Una vez que volvemos del parque, mi hija está más que lista para un baño. Entre darle comida a los patos, jugar con arena y su afición por andar descalza, llegué a la conclusión de que lo mejor es bañarla después del ir al parque y no antes, si no tendría que bañarla 3 veces al día (hay baño en la noche).

11:00 a.m. Siesta. Para efectos del post estoy poniendo algunas actividades en horas exactas, pero obviamente las cosas no suceden de forma puntual… Lo que sí es cierto es que en un día normal en casa, entre las 10:45 y las 11:30 a mi hija le da mucho sueño y es su hora de la siesta. Usualmente duerme unas dos horas, por lo que este es el momento que aprovecho para bañarme, hacer llamadas, escribir en este blog o encargarme de cosas personales.

1:15 p.m. Almuerzo.

2:30 p.m. Estamos en época lluviosa, y últimamente no hay tarde en la que no llueva, entonces las usamos para hacer actividades adentro de la casa, que son un poco más estructuradas que las de la mañana, como pintar, ver todo tipo de libros, hacer alguna actividad didáctica con propósito para su edad (como desarrollar motora fina), o (la favorita de mi hija) hacer algo en la cocina. Hoy vino una vecinita amiga y pasaron la tarde entera haciendo repostería y jugando en el cuarto. Para la hora del café ya teníamos un buen poco de “cangrejos” recién horneados.

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5:15 p.m. Ya su amiguita se fue y es hora de la cena. Siempre procuro hacer las comidas con ella, pero a esta hora por falta de hambre lo que hago es comerme un “boquita”. Hoy hay olla de carne, su favorita.

6:00 p.m. Baño #2. Después de la cocinada y la jugada toca el baño antes de dormir. Hablamos, cantamos y juega con sus patos de baño. Mientras le pongo la ropa de dormir usualmente ve un episodio de Peppa Pig en el celular (es la fan #1). Ve los episodios en inglés, entonces todas las noches antes de dormir me dice “Night Night”, con acento británico. Es de las cosas más vacilonas que he escuchado.

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6:30 p.m. Cuentos. Luego del baño leemos un par de cuentos, ella los escoge. Este le encanta porque tiene ovejas, perritos, vacas y todo tipo de animales de la granja en las ilustraciones, entonces además de la historia que cuenta el libro nos inventamos otro montón de historias con los animalitos.

7:10 p.m. Hora de dormir. Yo voy con ella a su cuarto, y me quedo acostada con ella mientras se duerme. Esta es mi hora favorita del día. Me encanta abrazarla y sentir donde se va quedando dormida. Usualmente todo el proceso dura unos 20-30 minutos y apenas terminamos me hace “relevo” nuestra perra viejita Lulú, que se ha tomado muy en serio su rol de guardiana y se queda acostada con ella el resto de la noche.

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8:30 p.m. Cena con mi esposo. Usualmente después nos quedamos viendo algo en Netflix, pero hoy vemos una película que alquilamos. Soy un meme viviente y me quedo dormida en la mitad de la película, pero me despierto para ver el final, así que considero la noche un éxito.

Meme

11:00 p.m. Hora de dormir. Me voy a la cama agradecida por un día más con mi familia y me alisto para hacerlo todo otra vez mañana.

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Espero pronto poder hacer un segundo post de este tipo, esta vez describiendo mi día como mamá de dos y todos los cambios que eso traiga a nuestra pequeña rutina.

No hay obra eterna de mayor importancia que la que se realiza dentro del hogar