Ser feliz, ¿es lo más importante?

Feliz

Últimamente he escuchado muchos comentarios de mamás y papás que, por amor a sus hijos, afirman que lo más importante es que ellos sean felices. Aunque estoy completamente de acuerdo con la frase y creo que todos debemos aspirar a lo mismo, pienso que hay algo en la ejecución que nos está fallando y que estamos cometiendo un error en la manera de utilizar esas palabras. Antes de que usted, querido lector, piense que soy una gran amargada, quiero explicarme mejor.

Queremos que nuestros hijos sean felices, por supuesto. Pero no les estamos enseñando a serlo, y si hay algo que he entendido en mi corta existencia es que la felicidad es justamente eso: un estado aprendido, y no simplemente una emoción transitoria provocada por alguna situación igualmente transitoria. Perseguimos el placer, y cuando lo alcanzamos lo llamamos felicidad. Decimos que somos inmensamente más felices cuando conocemos un lugar nuevo, cuando podemos hacer solamente lo que nos gusta en un día y cuando la vida nos sonríe, pero ignoramos que podemos serlo incluso cuando no nos ocurre ninguna de estas cosas, incluso cuando tenemos un día lleno de situaciones que no nos gustan, porque ninguna de ellas debería de definir nuestro estado de ánimo.

Como a nosotros nadie nos ha enseñado esa destreza, tampoco tenemos idea de como enseñarla a nuestros hijos. Como nosotros la hemos pasado mal en situaciones que nos han resultado incómodas, entonces queremos evitárselo a toda costa a nuestros hijos. Queremos que siempre estén llenos de gozo y en ese afán les repetimos: “lo más importante es que sea feliz”. Pero esa frase así sola, siempre me ha parecido que es como darle las llaves de un carro a una persona sin enseñarle a manejarlo. Los niños crecen, y cuando se dan cuenta de que es imposible pasar en un estado de perpetua sonrisa, pueden llegar a sentir que la vida les debe algo, o que se confabula en su contra o que algo no está saliendo bien. Además, en este mundo hiper-comunicado tienen decenas de oportunidades al día para compararse con otras personas en redes sociales, en donde ya todos sabemos que sólo se comparten los mejores momentos.

Creo que hay ciertas cosas que podemos hacer como papás para que nuestros hijos puedan ser realmente felices en la vida, y ninguna de ellas incluye evitarles los momentos difíciles. He aquí mis ideas:

Inculcar una mentalidad de servicio a los demás

Una mentalidad de servicio a los demás empieza por enseñar y modelar el valor de la humildad. Se nos vienen varias cosas a la cabeza cuando pensamos en una persona humilde, pero yo lo menciono pensando en esta definición que leí una vez: “ser humildes no significa pensar menos de nosotros mismos, significa pensar menos en nosotros mismos”. Es muy fácil sentirse desafortunado si todas nuestras energías están enfocadas en hacer de nuestra vida un cuento de hadas. En lugar de eso sería excelente que le enseñásemos a nuestros hijos a preguntarse todos los días “¿cómo puedo ayudar a alguien a tener un mejor día hoy?”. Nunca es muy temprano para aprender, incluso en mi hija de 2 años busco constantemente situaciones en las que pueda modelar esto para ella y pueda impulsarla a que ella haga lo mismo por alguien. A veces es un familiar, a veces es un desconocido,  a veces es un animalito (los ama), pero todos los días buscamos la oportunidad.

No es necesario dedicarse a obras altruistas para vivir una vida de servicio, pero sí tener una mentalidad de constante búsqueda del bienestar de quienes nos rodean. No me refiero a enseñar a nuestros hijos a ser unos mártires o a ponerse de últimos toda la vida, pero sí a que no siempre y no en todo deben estar enfocados solamente en ellos mismos. Hay una satisfacción y una felicidad que solamente viene de ver el efecto que puede tener una acción desinteresada de nuestra parte para otra persona.

Enseñar a través del ejemplo que no son las situaciones lo que define nuestra vida

De nada nos sirve repetir como loras que la felicidad se puede encontrar en cualquier situación si nosotros nos sentimos constantemente infelices. Es un ejercicio que empieza por el profesor. Las personas más optimistas y contentas que conozco usualmente tuvieron un buen ejemplo en su infancia de como comportarse en distintas situaciones adversas. Que conste que en ningún momento hablo de pedirle a nuestros hijos que nieguen o escondan sus emociones, ni que nosotros hagamos eso. Por supuesto que hay cientos de situaciones en la vida que nos harán sentir tristes, enojados, frustrados y que no son lo que desearíamos estar viviendo. En ese momento necesitamos sentirnos de esa manera y expresarlo, sin embargo nos hacemos un gran daño si seguimos reviviendo esa situación, utilizándola como excusa para nuestros comportamientos futuros o dejando que nos defina. Nosotros escogemos en cada momento quienes queremos ser, como nos queremos comportar y la manera en la que escogemos ver nuestra vida. Conforme maduran emocionalmente nuestros hijos, ellos también pueden aprender esta manera de vivir.

Guiarlos para que construyan una vida que les agrade, sabiendo que ninguna vida es perfecta

Cada persona debe encontrar su vocación en la vida y lo ideal sería que sus padres lo apoyaran a hacerlo. Decidir quienes queremos ser es una decisión consciente que muchas personas la hacen de manera inconsciente o automática. Creo que los padres de esta generación están haciendo un fantástico trabajo en esto, últimamente no he escuchado la frase “debe ser abogado pues su papá fue abogado” o, “debe ir a X universidad”, y eso es algo maravilloso. Sin embargo creo que no estamos quedando cortos con sólo ese apoyo y omitimos una enseñanza importante: aunque escojamos algo que nos encanta, aunque hagamos lo que nos gusta todos los días, no todos los días van a estar llenos de placer y sonrisas.

Hace un tiempo conocí a un muchacho que amaba su trabajo, él siempre había deseado ser médico, sin embargo por más que él y su familia trabajaron duro no podían pagar la carrera de medicina y estudió enfermería, otra carrera maravillosa pero más accesible económicamente en ese momento. Una vez que llegó al mundo laboral se dio cuenta que su verdadera vocación era la enfermería y que su inteligencia y talento eran sumamente apreciados. Descubrió que aunque a veces nosotros hacemos planes, la vida puede tener otros aún mejores para nosotros.

¿Debemos de incentivar a qué nuestros hijos busquen la felicidad? Por supuesto. Pero es nuestra responsabilidad también enseñarles que felicidad no equivale a una vida perfecta, y aunque debamos buscar siempre momentos que nos resulten agradables o placenteros, debemos también mostrarles que no solo es en estos momentos en donde pueden encontrarla.

 

La cama de mamá y papá

Mi hermano mayor comparte mi misma pasión por las letras. A ambos siempre se nos ha hecho más fácil escribir lo que pensamos y sentimos, y hoy les vengo a compartir una de sus más lindas prosas, inspirada en su experiencia como papá de dos niños.

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A las 3 am de hoy mi hijo mayor tuvo una pequeña emergencia con su pancita. Concluida la misma, se nos acurrucó en la cama a mi esposa y a mí… ¿Sabe usted, lector de mis ocurrencias, lo que para un niño significa la cama de papá y mamá? Haré un esfuerzo por explicarlo, desde el niño que hay aún en mí… Ahí mi hermana, que ha escrito también sobre esto, sabrá corregir o ampliar mis desordenados recortes:

1. La cama de mamá y papá es el lugar más seguro del universo. No hay refugio militar ni búnker que le gane. Encontrarás ahí el brazo de papá, listo para acariciarte, pero también listo para defenderte. Encontrarás también el cabello de mamá, que te cubrirá con su mágica protección contra la oscuridad y sus temibles moradores, así como de aquellos elementos naturales que te roban la paz: “Her hair reminds me of a warm safe place where as a child I’d hide and pray for the thunder and the rain to quietly pass me by”

2. La cama de papá y mamá es la más moderna cama de cuidados intensivos. Al igual que esta madrugada, es la cama de papá y mamá la que buscamos para recuperarnos de nuestras dolencias. En la infancia no hay enfermedad trivial. El niño percibe igual una gastroenteritis que una leucemia, una apendicectomía que una cirugía de corazón abierto… Para el niño NO HAY ENFERMEDAD TRIVIAL, no gaste el tiempo diciéndole que “eso no es nada”. Mi infancia estuvo llena de vómitos y soluciones endovenosas, triviales diríamos los adultos, pero reales al fin. No hubo nunca cama de hospital mejor que la cama de mis tatas. No hay equipo médico ni fármaco más efectivo para recuperar la salud que el permitirle a tu hijo acurrucarse con vos cuando se siente mal.

3. La cama de papá y mamá es el templo de la sabiduría. Al cuarto de papá y mamá entras con todas tus dudas importantes. Es ahí donde buscas respuesta a las preguntas más trascendentales de la vida… El oráculo del que obtienes la información trascendente. Esto nunca se acaba, siempre seguimos buscando respuestas en nuestros padres. Hace 12 años las busqué en ellos durante mi divorcio. Papá y mamá siempre serán nuestros gigantes ancianos depositarios de la sabiduría eterna de la vida.

4. La cama de papá y mamá es una verdadera alfombra mágica. Mi hijo mayor adora ver tele en nuestra cama, igual que el chiquitillo. Él tiene su tele en su cuarto, pero no es lo mismo. En nuestra cama él disfruta de la fantasía con mayor potencia. Se siente Don Quijote con el yelmo de Mambrino, y su lanza destroza fácilmente cualquier molino de viento… La cama de papá y mamá te transporta a mundos con celajes bellos e interminables, brisas frescas y horizontes con dos lunas de fuego. No hay historia que no sea posible mientras estás sobre esta verdadera Arca de la Alianza, agarrado de dos serafines áureos y brillantes.

5. La cama de papá y mamá es la verdadera “raíz” de la vida misma. Significa, en palabras de Gardel: “Volver con la frente marchita , las nieves del tiempo platearon mi sien”. Al menos en forma simbólica, sino explícita, nuestros hijos fueron concebidos justamente ahí. Entonces, volver a la cama de papá y mamá es todo un acto de introspección que nos transporta al núcleo de lo que somos, celular y ontológicamente hablando. La cama de papá y mamá es ese bosque en el que los tatas plantamos una semillita y la vemos brotar… y cuidadosamente la regamos y cuidamos durante años… Y un buen día, “plateadas” ya nuestras sienes, nos recostamos debajo de la sombra de esos robles que son nuestros hijos, buscando el frescor de la brisa que sopla en nosotros la satisfacción del deber cumplido.

Querido hijo:

Cuando te duela la pancita, cuando te saques una mala nota, cuando te jales una torta, cuando se te pierda algo, cuando sientas tristeza o dolor, cuando la vida te ataque con incertidumbres y ambigüedades, cuando se te muera tu mascota, cuando tengas hambre o frío, cuando no te alcance la plata, cuando te traicione un amigo, cuando tu mujer te falle o te abandone, cuando no tengas con quien dejar tus hijos, cuando ocupes reír o llorar, cuando tengas preguntas importantes, cuando QUIERAS Y NECESITES… tengas la edad que tengas: Aquí van a estar papá y mamá, listos para ayudarte y gustosos de recibirte en nuestras cobijas, prestos a dar la vida por defenderte y ayudarte a ser feliz… Aquí siempre estará para ustedes: LA CAMA DE PAPÁ Y MAMÁ.

La bendición de tener un bebé de “alta” demanda

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Como casi todas las mamás de mi edad en esta era tecnológica, formo parte de varios grupos en redes sociales donde se intercambian consejos de maternidad. Las madres preguntan de todo: desde donde comprar el último producto de moda, hasta cómo bañar al bebé. Al menos una vez por semana en estos grupos lo leo: alguna mamá con un bebé pequeñito que está desesperada pues no sabe que hizo mal, ya que su bebé “mama a cada rato”, llora si no está en brazos, no se entretiene ni 5 minutos en ninguna de las sillitas que con tanta ilusión le compró, y para colmo de males sólo quiere dormir a su lado. Cuando leo algo así no puedo evitar sentir empatía, pues hace nada esa era yo, haciéndome las mismas preguntas, engañada por una montaña de expectativas sociales de como ” deben” ser los bebés.
Cuando uno se pone a buscar un poquito más acerca del tema sale a relucir una descripción (no muy agradable en mi opinión): bebé de “alta” demanda. Pienso que es una etiqueta fea porque no entiendo quien definió el estándar que nos hace pensar que un bebé “demanda” más o menos de la cuenta, pero en fin, es la que se usa y por eso la usaré a regañadientes, con el énfasis en las comillas de la palabra “alta”. La verdad es que biologicamente los bebés están programados para querer mamar de manera frecuente y buscar la seguridad del contacto físico de sus cuidadores tanto de día como de noche, hemos sido nosotros en los últimos cientos de años quienes hemos cambiado las reglas del juego y hemos decidido que lo que impera en la naturaleza no es lo aceptable socialmente. Algunos bebés, aceptan esos cambios sin problemas: pueden dormirse solos desde pequeños sin llorar, no tienen problema con ajustarse al horario que sus padres deseen que tenga, no se quejan de estar en una sillita mecedora y comen en intervalos más o menos predecibles. Otros bebés (muchos más de los que pensamos) necesitan brazos, pecho y calorcito con mucha más frecuencia.
Los consejos que las mamás reciben de algunas personas agregan a su preocupación: hay que dejarlos llorar para que se acostumbren, ponerles horario de teta para que se acostumbren, dejarlos dormir solos para que se acostumbren. Pero este post no se trata de ninguno de esos consejos, porque estos se basan en una premisa falsa: que los bebés de “alta” demanda deben de “arreglarse”, que hay que tomar ciertas medidas y pasos para que dejen de ser así, como si sus necesidades fuesen algún defecto de fábrica. No, este post no la va a invitar a nadar contra corriente, sino a aceptar y admirar al bebé que usted tiene, y no al que desearía tener. Porque yo descubrí que al cambiar el cristal con el que se ven las cosas y ajustar las expectativas uno puede ver a un bebé de “alta” demanda como lo que es: una verdadera bendición. A continuación les comparto porque pienso así.

Te desaceleran
Vivimos en una sociedad que valora el “corre-corre”. Nos sentimos muy importantes si en un día podemos chequear un montón de itemes de una lista de cosas por hacer, nos sentimos muy productivos si nuestro día es muy ocupado. Un bebé de “alta” demanda no ha sido afectado por estas ideas locas, él sabe lo que necesita y cuando lo necesita, y por ende nos invita a dejar nuestra propia agenda de lado y hacer una pausa. Una pausa para disfrutar de la deliciosa sensación de un bebé dormido en nuestro pecho, una pausa para sentir el peso de nuestro hijo en nuestros brazos. Puede que por un rato de nuestra vida no hagamos “un montón de cosas”, pero la recompensa nos acompañará toda la vida.

Te enseñan de paciencia y aceptación
Por más que su tía y su vecina estén convencidas, un bebé no sabe manipular. Esta no es una idea romántica mía, es una afirmación basada en lo que ha descubierto la neurociencia: los bebés simplemente no tienen la capacidad de tramar “maldades” para manipular a sus padres. Los bebés tienen necesidades y una sola manera de  comunicarlas: el llanto.
La transición a la maternidad nos afecta en un montón de formas y donde antes éramos sólo nosotras, ahora hay una persona más, 100% dependiente de nosotros y nuestros cuidados. Eso puede a veces hacernos sentir colmadas, y si esperábamos algo distinto de nuestro bebé, muy frustradas.
Pero hay una gran diferencia entre el bebé que uno se imaginaba y el bebé que tiene en sus brazos: el último es la persona que Dios le confió a uno como mamá para guiar y cuidar, el otro es una simple fantasía. Al entender eso nos llenamos de paciencia y aceptación para regalarle a esa personita y empezamos a disfrutar mucho más nuestro rol y todo lo que implica.

Te enseñan que nada es para siempre y que todo pasa
Un día, cuando uno menos se lo espera, ese bebé que antes no soportaba estar un segundo sólo, empieza a moverse más, a atreverse a buscar lo nuevo. Ese bebé que no se despegaba de la teta empieza a independizarse y no hay vuelta atrás. Aunque al inicio esos momentos agobien, luego se extrañan con todo el corazón. Mi hija que no quería dormirse en ningún lugar que no fuera mi pecho me suelta la mano cuando trato de dársela en el parque porque ella quiere caminar sola, jugar sola, explorar sola.
La impermanencia es una parte inescapable de la vida. Nada dura para siempre y un buen día esos pequeños maestros nos enseñarán que todo valió la pena.

Viajando con bebés: consejos y experiencias para un viaje exitoso | Parte 2

Hace un tiempo publiqué un post con tips para que viajar con bebés pudiera ser una experiencia agradable tanto para los papás como para los pequeños. En esa primera parte hablé un poquito de las cosas que (según mi aprendizaje) ayudaban a hacer más llevadera la preparación del viaje y el rato en el aeropuerto. En esta segunda parte quisiera compartir mi experiencia para que el tiempo en el avión y los días en el destino se disfruten al máximo.

Cabina Piloto

El avión 

Este es quizás el momento que más temíamos como papás antes de hacer el primer viaje con nuestra hija. En el aeropuerto uno puede pasear de un lado a otro al bebé, cambiarlo sin problemas e incluso irse a un lugar más privado para atender cualquier necesidad que tenga el niño. En un avión los espacios y las opciones son más limitadas y nosotros habíamos oído las historias de terror de los pasajeros incómodos por un bebé que llora sin parar. La verdad nos preocupamos mucho por nada… con solo unas cuantas previsiones uno puede disfrutar mucho de un viaje en avión con un bebé.

Este es un resumen de los mejores consejos que he recibido, que me han funcionado de maravilla en todas las ocasiones.

Succión al despegar y al aterrizar: El movimiento de succión no solo calma a los bebés sino que los ayuda a que no les duelan los oídos con todos los cambios de presión que ocurren durante el vuelo. Apenas el avión empieza a acelerar para el despegue ayude a su bebé dándole el pecho, una chupeta o un chupón. Como un tip adicional (algo así como un 2 en 1), lo que yo usualmente hago es intentar mantener a nuestra hija despierta en el aeropuerto dando vueltas por todo lado y haciendo actividades divertidas, y de esa forma cuando estamos en el avión la combinación entre el ruido de los motores, la lechita y el cansancio acaban por dormirla. Así la primera parte del vuelo los papás y el bebé se pueden relajar. No digo que le funcione a todo el mundo, pero vale la pena intentarlo.

Algo nuevo, algo viejo, algo de comer, algo de tomar, algo para abrigar: Este es otro tip súper valioso que me dieron que me ha funcionado súper bien. A la hora de empacar el bolso que uno lleva dentro del avión, vale la pena que vaya adentro algo nuevo, algo viejo, algo de comer, algo de tomar y algo para abrigar.

Algo viejo significa un juguete pequeño (preferiblemente silencioso) que uno sepa que le encanta al bebé, en el caso de mi hija actualmente es una muñeca. Un juguete nuevo y entretenido es la segunda cosa que no puede faltar; ojo que nuevo no significa caro ni extravagante, ni siquiera tiene que ser un juguete (a veces un recipiente plástico con tapa les hace más gracia), pero si que sea algo que el bebé no haya visto antes o que no acostumbre ver con frecuencia para mantener su interés. Además de eso usualmente empaco algo de comer y un beberito con algo de tomar (por si le da hambre o sed antes o después de que hayan pasado con el servicio de comidas y bebidas del avión).

Es importante también llevar una cobija o sweater porque los aviones por lo general se ponen muy fríos luego de un rato, en especial para un bebé.

No empezar una actividad antes de terminar la otra: Este lo leí en un blog antes de hacer el primer viaje con nuestra hija y aunque al principio me provocó mucha risa, después le vi el valor. Nunca le de a su hijo una actividad nueva si todavía está entretenido con la otra. A veces uno trae varios objetos para que ellos jueguen y se emociona y se los da todos de un solo. En un viaje largo eso es un error, es como quemar todos los cartuchos de una vez. Lo mejor es que si su bebé está tranquilo nada más estando sentado viendo por la ventana, déjelo estar sentado viendo por la ventana. Si en algún momento se aburre y necesita un cambio, le puede dar el primer juguete, y que juegue todo lo que quiera con el, hasta que ya usted vea que ya se acabó la diversión, entonces puede continuar con la otra actividad (llámese comer, otro juguete, etc.)

Una nota con respecto a este consejo: yo no pienso que los papás sean los responsables de entretener a sus hijos en la vida, creo que los niños se deben aburrir de vez en cuando para que eso también cultive su creatividad, sin embargo un avión no es la vida real, es un mundo alterno en donde uno está encerrado varias horas con un montón de personas de distintas mentalidades y edades y en este caso en particular pienso que sí vale la pena tratar de mantener al bebé lo más cómodo posible. Fin de la nota.

Si su bebé llora, no es el fin del mundo: Los bebés lloran. Esa es su forma de comunicarse con el mundo, si pudieran hablar claramente probablemente le dirían de inmediato lo que necesitan sin tanto alboroto, pero no pueden aún. La gente a veces se incomoda cuando un bebé llora. Creo que es como un chip que nos pone la naturaleza para que el llanto de un bebé sea imposible de ignorar y todos queramos atenderlo y solucionarlo. Por supuesto que hay gente (les llamaremos amargados) que no soporta a un bebé llorando. Si usted está en el avión y su bebé empieza a llorar es su responsabilidad atenderlo y ver que es lo que necesita. Pero si luego de intentarlo todo (brazos, teta, cobijarlo, descobijarlo, pasearlo, cantarle, cambiarle el pañal…) aún llora, entonces no es su responsabilidad que algunos se molesten. El enojo o incomodidad de los otros es problema de ellos que son adultos y tienen las herramientas para controlar sus emociones. Así que si llega ese temido momento y su bebé no deja de llorar (nos pasó una vez durante toda una hora), usted nada más métase en una burbujita imaginaria y dele a su bebé todo el amor que pueda y olvidese de los demás.

El destino

Ali en Atitlán

Cuando viajábamos en nuestros tiempos antes de bebé (a.B.) a veces llenábamos todo un día de actividades sin parar, queríamos conocer todos los puntos que nos parecían bonitos e interesantes de un destino y teníamos toda la energía y disposición para hacerlo. En nuestro primer viaje después de bebé (d.B.) nos dimos cuenta de que ahora las cosas cambiaban un poco. Hoy puedo asegurar que han cambiado para bien. Muchas veces en los viajes uno pasa rápidamente por los lugares, con tal de “conocer un montón” pero tener un bebé lo obliga a uno a hacer pausas y disfrutar del destino de una forma más similar a la forma en la que lo disfrutan las familias locales. Este tipo de viaje le permite a uno realmente conocer el destino en el que está y ver cosas que no veía antes. Estas son dos cosas que nos han ayudado a nosotros.

Respetar los tiempos de su bebé: Eso no quiere decir que todo el viaje se deba programar exclusivamente en función de su bebé pero es respetar cosas básicas como por ejemplo si a su bebé usualmente le da hambre al medio día, procurar que no sean la 1:30 y ustedes aún no hayan hecho una parada a almorzar. Los bebés mientras que estén con sus papás están felices, pero también algunos pueden sentirse sobre estimulados después de un día de mucha actividad nueva así que esté constantemente observando sus señales para flexibilizar sus planes. Un bebé feliz hace un viaje feliz.

No hacer solo actividades “turísticas”: Todo destino tiene dos caras, la cara turística y la local. A veces la turística es la que a uno le venden, pero la que más disfrutaría como familia es la otra. A veces el parque de la ciudad que estamos conociendo es más interesante que el restaurante más popular, en especial cuando viajamos con niños.

En nuestro último viaje por ejemplo fuimos a conocer un famoso lago que está rodeado de actividades turísticas para hacer, sin embargo lo que más disfrutó nuestra bebé fue un ratote en el que estuvimos sentados en una pequeña playa pública llena de niños locales. Ella feliz chapoteando en el lago, recogiendo piedritas y disfrutando de ver a los otros niños correr y nosotros sentados al lado disfrutando del viento, el sol y el sonido del agua pegando en la orilla. En ese mismo viaje mientras que todo el mundo estaba viendo sólo las estructuras de unas ruinas mayas, ella nos enseñó lo lindo del bosque que teníamos alrededor. En un viaje anterior a ese, yo buscaba lugares tranquilos para poderle dar de mamar y en esos rincones conocí cosas que nunca hubiese conocido sin estar con ella. Esas nuevas perspectivas son las mejores enseñanzas de viajar con niños.

Espero que este post y el anterior puedan ser de ayuda para los papás que se están aventurando a viajar con sus hijos. Espero que los que ya sean veteranos en esto de viajar con niños puedan comentar y agregar sus consejos para el post se enriquezca aún más.

 

Viajando con bebés: consejos y experiencias para un viaje exitoso | Parte 1

Viajar con un bebé la primera vez puede ser un poco intimidante. De repente hay muchas más cosas que empacar, muchas más cosas en las que pensar y muchas más cosas que prever. Desde los pañales extra en la maleta, hasta los momentos impredecibles en el avión (¿llorará durante el vuelo?) todo nos pasa por la mente antes de partir. Sin embargo creo que viajar es una de las mejores experiencias que le podemos regalar a nuestros hijos. Dicen por ahí que viajar es la única cosa que uno compra que lo vuelve más rico… Yo no podría estar más de acuerdo: conocer nuevas culturas, ver como se vive en otras partes del mundo, compartir en familia  y aprender a ser feliz en un lugar completamente fuera de la rutina (y muchas veces fuera de nuestro control) son tan sólo algunas de las lecciones y nunca se es muy pequeño para empezar a aprenderlas.

Luego de unos cuantos viajes con nuestra bebé de 1 año y 3 meses hemos aprendido un par de cosas que habrían hecho todo más sencillo de haberlas conocido antes de aventurarnos por primera vez. Todo el mundo tiene un estilo diferente para viajar, hay cosas que le funcionan muy bien a muchas familias que quizás nosotros no hemos considerado o que no nos funcionan a nosotros, así que están todos súper invitados a dejar comentarios en el post con sus experiencias para que pueda volverse en algo aún más provechoso para aquellos que viajan por primera vez. Para organizar un poquito mejor mis ideas decidí hacerlo en 4 “puntos”: la preparación, los aeropuertos, el viaje en avión y el destino, sin embargo el post se me hizo larguísimo, por lo que decidí dividirlo en dos partes, así que en esta compartiré mi experiencia en la preparación y los aeropuertos y en la siguiente todo lo demás.

La preparación

Antes de pensar en montarse en un avión hay que conocer (y preparar) un par de cosas. Desde los 0 meses hasta los 2 años de edad un niño puede viajar en los regazos de sus papás, o se puede optar por comprarle un asiento. Mi hija ha viajado en nuestros regazos en todas las ocasiones y nos ha ido muy bien, aunque entiendo la necesidad de comprar un asiento si el viaje es muy extenso o si al niño no le gusta mucho la idea de estar alzado todo el rato. Regazos lamentablemente no equivale a que viajan de gratis, siempre se tiene que pagar (de acuerdo a las políticas de la aerolínea) un monto que es menor al de los adultos, que incluye los impuestos, y en algunos casos, un porcentaje del tiquete.

En Costa Rica los bebés necesitan para viajar un pasaporte al día, un permiso de salida para personas menores de edad, y cualquier otra visa que se requiera para su ingreso al país de destino. Nuestra experiencia sacando el pasaporte y el permiso de salida en una oficina de Correos fue bastante buena, el proceso fue sumamente fácil y rápido. Todas las instrucciones para obtener un pasaporte para menor de edad por primera vez están resumidas en este documento. El permiso de salida se puede hacer permanente o temporal y se deben especificar los acompañantes con los que el niño puede salir del país. Este documento siempre se debe tener junto con el pasaporte del niño. Muchas personas de Costa Rica deciden viajar con sus hijos a Estados Unidos; si ambos papás tienen la visa americana vigente, sacar la visa del menor es un proceso sumamente sencillo, y está todo detallado en este documento.

Una vez que se tiene el tiquete y todos los documentos listos viene una de las partes más intimidantes: ¡empacar! Si el bolso de una mamá usualmente está rebosando entre pañales, ropa, objetos útiles y no tan útiles, ahora hay que imaginarse una pieza de equipaje para un viaje internacional. Pero que no cunda el pánico. No es necesario llevarse toda la casa, estas son cuatro de las cosas que no pueden faltar:

Botiquín para bebé: La mejor persona para decidir que debe llevar este botiquín es el pediatra de su bebé. Hay pediatras que incluso tienen una lista que le entregan a las mamás que preguntan. Nunca es una buena idea auto medicar, y es especialmente mala idea si se trata de un bebé por lo que recuerde preguntarle muy específicamente en cuales casos debería de administrar un medicamento. En mi caso, adicional a los medicamentos recomendados (que son muy pocos) llevo aceites esenciales que se que le funcionan bien a mi bebé.

Pañales y toallitas húmedas: En toda parte del mundo venden pañales y toallitas húmedas, sin embargo es bueno llevar suficientes para al menos los primeros días. Además hay bebés cuya piel es muy sensible y no pueden tolerar un cambio de marca de pañal, o unas toallitas con un perfume distinto, por lo que es mejor prevenir. La gran ventaja de esto es que para el final del viaje la maleta tiene mucho más campo pues se han ido gastando.

Al menos 2 cambios de ropa por día: Mi hija puede pasar todo el día en la casa con el mismo pantalón y blusa, pero apenas estamos viajando, es casi seguro de que se regará un vaso de fresco encima, o se ensuciará tratando de escalar algo, o se le aflojará el pañal y ensuciará la pijama (ley de Murphy dicen algunos). Así que de nuevo, la prevención es lo mejor. En mi caso me gusta no llevar todo lo de mi bebé en una sola maleta, sino más bien distribuirlo si llevamos varias, de esa forma si alguna se extravía por lo menos tenemos algo que ponerle.

Alguna manera de esterilizar los objetos de bebé: Las primeras dos veces que viajamos con mi hija ella no usaba biberones, pero últimamente sí tenemos que viajar con todo la parafernalia. Aunque no es técnicamente necesario esterilizar las cosas de un bebé grande (ni los bebés grandes toman chupones… en teoría), siempre considero mejor llevar un esterilizador de microondas, en especial si el agua del lugar donde se viaja no es potable o es de dudosa procedencia. En cualquier hotel, hostal o casa se puede conseguir un microondas y 5 minutos después ya está todo como nuevo y nadie sufre intoxicaciones por agua contaminada. Es mucho más barato que estarlos lavando con agua embotellada en lugares donde la de tubo no se puede consumir.

Los aeropuertos

Aeropueros

La mayoría de los vuelos internacionales piden que uno esté unas 3 horas antes del despegue en el aeropuerto. Cuando uno viaja sin bebés eso significa que, luego de chequear en la aerolínea y pasar las filas iniciales, uno puede sentarse a leer una revista, tomarse un café o hasta hacer un par de compras. Cuando uno viaja con bebés eso significa algo un poco distinto. He aquí las cosas que hemos descubierto que ayudan a hacer la espera más divertida y fácil.

Tener las manos libres: Si bebé aún no camina ¡aproveche! Un cargador es el mejor amigo para el aeropuerto. Uno ocupa las manos para rellenar formularios, llevar las maletas, etc. Incluso si viaja con el coche del bebé un cargador funciona de maravilla porque así el coche sirve para poner el bolso y otros artículos pesados en lugar de estarlos cargando.

Buscar la comodidad: Todos los aeropuertos tienen salas aparte de las de abordaje (lounge) a los cuales se puede accesar por distintos métodos, ya sea presentando una tarjeta especial, una tarjeta de crédito determinada o adquiriendo un pase especial para el día. He encontrado que (para bebés pequeños) estas salas son sumamente cómodas. Usualmente son más silenciosas, tienen sillones cómodos (ideales para amamantar) y baños limpios y menos llenos donde se pueden cambiar. Es una buena idea chequearlas.

Viajar con lo que es conocido: Muchas personas recomiendan viajar con coches sombrilla en lugar del coche usual del bebé, o simplificar llevando algún artículo distinto en lugar del que acostumbran usar en casa. En mi experiencia ha sido mejor viajar con lo que es conocido. Ya la bebé está acostumbrada a su coche, si se duerme se puede reclinar, y de todas formas se puede llevar hasta la puerta del avión sin ningún problema. Lo mismo pienso de la silla del carro.

Conocer sus derechos: Las normas para viajar (especialmente a estados unidos) con respecto a líquidos y comidas son estrictas, sin embargo cambian cuando uno está con un bebé. La leche materna, los sacaleches, los chupones, jugos, el agua embotellada, la fórmula y una pequeña cantidad de comida para bebé pueden pasarse al aeropuerto y al avión cuando uno viaja con un infante. Nunca está de más conocer las reglas de TSA y aprovecharlas.

En la segunda parte del post estaré compartiendo algunas cosas que han hecho fáciles los vuelos y disfrutar del destino de viaje. Espero que esta primera haya sido útil y que junto con sus comentarios se pueda convertir en un post de utilidad para aquellos que se quieren aventurar con sus bebés.

 

 

 

 

Tips para viajar con un bebé a Disney (y no morir en el intento)

Ali y papá en castillo

¿Cómo se les ocurre llevar a la bebé a Disney? ¡No tiene ni un año, no se va a acordar de nada! Ese y otros comentarios similares son muy probablemente con los que se toparán los papás de niños menores de 4 años que quieran hacer un viaje a este destino. Todos bien intencionados y tratando de prevenir a los papás de cometer el “error” de vivir con sus hijos una experiencia que no les quedará en su memoria por su escasa edad.

Desde que nuestra hija tenía unas pocas semanas la hemos llevado numerosas veces a la playa, al bosque, a museos, zoológicos y otros lugares de recreo. Incluso inspirada en estos momentos que hemos compartido escribí hace un tiempo un post acerca de 7 de los mejores lugares para pasear con bebés en mi país. ¿Se recordará ella de eso cuando tenga 15 años? Probablemente no, pero sin duda alguna ha disfrutado cada momento, y nosotros como papás también hemos gozado de verla tan feliz y de el descanso mental y físico que brinda salirse de la rutina, en especial con una bebé tan pequeña.

Cuando estaba embarazada de mi bebé hice un corto viaje con mi esposo (nuestro último estando “solos”) a Orlando y una de nuestras paradas fue Disneyworld. Tenía en ese momento casi 20 años de no poner un pie en “territorio Disney”, y lo disfruté como nunca, a pesar de nuestra edad. Desde ese momento supe que quería regresar con mi hija estando ella bien pequeñita y verla descubrir ese mundo de colores y personajes. Así que organizamos el viaje para cuando nuestra hija tenía 11 meses.


De los viajes en avión y los momentos en el aeropuerto se pueden hablar mil cosas, pero eso lo dejaré para un post aparte. En este lo que deseo compartir es un poquito de lo que aprendimos para hacer el paseo a los parques más fácil con bebés y de como maximizar el tiempo y la diversión. Lo primero que hay que saber es que los niños menores de 3 años no necesitan pagar entrada a ninguno de los parques, por lo que solo se debe pensar en la entrada de los adultos y niños mayores de esa edad (quienes pagan una tarifas especial).

Baby Care Centers

Todos los parques de Disneyworld tienen un baby care center. Este es un lugar amplio y con aire acondicionado con salas distintas para cambiar los pañales y ropa de los bebés (los cambiadores de los baños son por lo general muy incomodos y duros), microondas para calentar comida, sillitas altas de comer, baños y una comodísima sala de lactancia con mecedoras. Esto era genial para mi hija que se distrae muy fácilmente cuando está amamantando y nos permitía un delicioso “break” de los molotes del parque. También muchas mamás usaban la salita para sacarse leche pues sus bebés recién nacidos se habían quedado en el hotel con papá/abuelos mientras ellas paseaban con el hermanito mayor.

Estos centros están visibles en todos los mapas y además tienen a la venta agua, comida para bebés, pañales, toallitas húmedas, chupetas y fórmula. Son una verdadera salvada y un éxito.

Reservaciones, reservaciones, reservaciones 

Tan importante es reservar en Disney que lo escribí 3 veces jajaja. Existen un par de tipos de restaurantes a los que se puede ir en los parques: quick service y table service. En los quick service uno hace una fila de pie, pide su orden, y luego encuentra un campo en las mesas de alrededor y disfruta su comida. Es algo así como un restaurante de comida rápida y son súper populares en papás con chicos más grandes que necesitan comer algo rápido para seguir disfrutando de los juegos. Los table service son restaurantes con menú a la carta y mesero, que en nuestro caso nos permitían sentarnos tranquilos a comer con la bebé. Este tipo de restaurante pasa lleno, entonces si es vital reservarlo con anticipación, desde que se planea el viaje. Hay opciones para todos los gustos e incluso en internet se pueden encontrar calificaciones para cada uno de los restaurantes, pero el que más disfrutó la bebé fue el Coral Reef Restaurant en Epcot que está adentro de un acuario enorme… estaba como hipnotizada con los peces, tiburones, tortugas y manta rayas.

Es importante saber que si usted o su bebé (como la mía) tienen alguna alergia alimentaria, en Disney son sumamente cuidadosos con el tema y ofrecen opciones libres de alergenos tanto para adultos como para niños. En los puestos de snacks donde venden los helados también le pueden brindar una lista de ingredientes de lo que ofrecen a la venta para descartar alergenos.

Otra cosa que es bueno reservar (por salud mental y tiempo) cuando se va con bebé a los parques son las atracciones utilizando el servicio de Fast Pass. Esto permite escoger el momento del día en que se visitan 3 atracciones (en una ventana de 1 hora) y no hacer filas eternas para ingresar (el tiempo es oro cuando uno anda con bebés). Luego de haber redimido los 3 Fast Pass uno puede ir a quiosco a elegir de una en una otras atracciones para ir. Esto también sirve para que los papás gocen los juegos “de grandes” (como montañas rusas y casas embrujadas) , porque en esa ventana de una hora puede perfectamente entrar mamá mientras papá cuida a bebé y luego hacer un cambio.

Sí, ellos disfrutan las atracciones también 

Una de las mayores dudas de llevar a un bebé a Disney es si lo va a disfrutar, o si le parecerá demasiado abrumador y más bien le asuste. Todas esas preocupaciones fueron en vano. La bebé bailó, se rió a carcajadas y la pasó súper bien. Creo que fue una combinación entre ver tantos niños (los chicos pequeños se atraen entre si), la música y los colores.

En Magic Kingdom la pasó de lo lindo en “It’s a small world” y en “The Many Adventures of Winnie the Pooh”, y viendo los desfiles. En Epcot en “The seas with Nemo and Friends” y “Turtle Talk with Crush”.

 

También la llevamos a ver a algunos personajes como Tinkerbell, Minnie y Pluto. Ahí un “truco” de mi esposo nos sirvió de maravilla, pero para entenderlo debo contar que mi hija ocasionalmente ve los cortos de “Minnie’s Bowtique” cuando ocupo cambiarle un pañal y ella quiere huir, o para comprarme minutos de tiempo en una situación incómoda para ella (sí, conozco del controversial tema de los bebés y las pantallas pero bueno, no soy una mamá perfecta) y ella ama la canción del inicio. Cuando llegó el momento de conocer a Minnie él le puso la música y Minnie empezó a bailarle… Casi se desmaya de la contentera, puso una cara de impresión lindísima y pasó el resto del rato aplaudiendo de la emoción.


Por último (no necesariamente acerca de Disney), creo que la vida es para vivirla en el presente. A uno siempre le gustaría pensar que en el futuro puede hacer un montón de planes con sus hijos, pero nadie nos puede garantizar que en el futuro tendremos la misma salud o las mismas oportunidades o el mismo tiempo. Por eso, si usted desea hacer un viaje o vivir una aventura y tiene los recursos y las ganas de hacerlo, no se limite por la edad de su bebé (mientras esté cómodo y bien cuidado). A fin de cuentas si dentro de unos años no lo recuerda, usted siempre podrá mostrarle las fotos de lo bien que lo pasaba con sus papás cuando estaba chiquitito.