5 maneras de involucrar a los niños en las labores del hogar 

Hace un tiempo, navegando por una red social, vi un vídeo que compartió un amigo en el que se hablaba de lo poco preparada que ha estado nuestra generación para enfrentar la edad adulta y las responsabilidades cotidianas que trae consigo. Es tal la magnitud del tema que en Estados Unidos ha cobrado popularidad la palabra “adulting”, usada como un verbo para indicar que se está realizando una acción asociada con ser un adulto responsable (como cocinar su propia comida o lavar su propia ropa). Lo curioso es que esta palabra no está siendo usada por niños o adolescentes, sino por mujeres y hombres en sus veintes o treintas… O sea, en su mente ellos no son adultos, simplemente están actuando como tal, y les está costando muchísimo.

No creo que este resultado haya sido a propósito. Queriendo evitarnos “dificultades”, o incluso no pensando que se trataba de herramientas importantes para un niño, muchos de nuestros papás no nos enseñaron a hacer cosas cotidianas por nosotros mismos. Incluso en algunas casas existía una prohibición asociada a la cocina y a las labores de limpieza, en parte por nuestra seguridad (un niño corriendo a la par de una olla de agua hirviendo o metiendo mano en cloro y desinfectantes es una pésima idea) pero también había una idea de que el adulto haría el trabajo mejor y más rápido, que cualquier intervención de un niño era una interrupción, y que era mejor que ellos estuvieran aparte con sus juguetes.

Hace unos meses un día que andaba particularmente observadora decidí ponerle muchísima atención a los “disparadores” de la frustración en mi hija. Ella tenía un par de días de hacer “berrinches” en ciertas situaciones y quería entender que podía estarlos causando. Mi conclusión: yo la estaba subestimando y ella quería participar más activamente en el espacio en el que vive y hacer distintas cosas alrededor de la casa sin ayuda ni intervención de mi parte porque ya se sentía lista para manejarlas.

En los grupos de mamás en los que estoy lo he leído decenas de veces: “¿qué puedo hacer para entretener a mi hijo mientras que yo cocino / limpio / hago cosas de mi vida diaria?”, “tiene mil juguetes y a los dos minutos está distraído y frustrado”. Bueno, sin ser una experta en temas de niños puedo sugerir que la solución quizás sea dejarlo participar, pues lo más probable es que él no quiera estar aislado, sino activo en lo que usted (su ídolo) está haciendo. ¿Un chiquito de 1-2 años en la cocina? ¿Uno de 3 limpiando un vidrio? Pues sí. Y no se trata de explotación infantil, o de robarle de alguna manera su infancia y hacerlo un esclavo del mantenimiento del hogar, se trata de darle al niño y a las labores del hogar la importancia que se merecen. Como decía María Montessori:

Nunca ayude a un niño en la tarea en la que él siente que puede tener éxito.

Estas son 5 formas en las que, en mi corta experiencia de mamá, he descubierto que se puede involucrar a un niño pequeño en labores del hogar.

1. Regando plantas

Con una regadera pequeña y su guía, un niño puede regar algunas de las plantas del hogar. Lo ideal sería explicarle por qué se riegan las plantas y que la planta está creciendo fuerte gracias a ellos. Es todavía más bonito si la planta es comestible porque pueden ver todo el proceso y luego cultivar algo que se incorporará a la comida de la casa.

2. Alimentando a alguna mascota
Esta es la favorita de mi hija, le encanta todo el proceso: llevar un banco, poner el plato de la perrita en el banco, medir la comida y echarla. La mayoría de las veces (todas las veces) se logra robar un par de bolitas de alimento y tratar de comérselas, a veces con éxito… Son gajes del oficio pero ella se siente súper feliz donde ve a la mascota comiendo lo que ella le sirvió.

3. Lavando platos

Esta es una que a veces no le hace mucha gracia a los papás porque muchas veces hay que “repasar” el trabajo y porque se dura muchísimos minutos más de lo que uno duraría haciéndolo uno mismo, pero la cara de concentración y orgullo de los niños que he visto lavando platos hace que todo el extra trabajo valga la pena.

4. Llevando su propia ropa sucia

Este es de los más sencillos, cuando hay algún cambio de ropa, el niño lleva la ropa hasta la canasta de la ropa sucia y la deposita ahí. Suena a nada, pero cualquier persona que haya conocido a alguien que deje la ropa sucia tirada por toda la casa sabe que es una costumbre que vale la pena inculcar desde pequeños.

5. En la cocina

Hay muchísimas cosas que los niños pequeños pueden hacer en la cocina, desde lavar frutas y vegetales, cortarlas con cuchillo plástico o normal de mantequilla, quebrar huevos, participar de la preparación previa de los platillos, repostería, etc. Mi hija puede jugar 10 minutos con un juguete, pero pasar una hora completamente concentrada en las labores de cocina, es algo super interesante para ellos, en especial si hay que mezclar ingredientes.

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Estas son solamente 5 sencillas ideas de cómo involucrar a los niños en las labores del hogar. ¿Qué otras opciones utilizan en su casa para que los más pequeños participen activamente en su ambiente?

Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Go & Play|

Esta es una serie de posts dedicados a conocer y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Hace un par de semanas me propuse una meta: encontrar cafés en donde disfrutar las tardes lluviosas, que tengan opciones ricas de comida, y espacios en los que los niños pequeños puedan moverse libremente y disfrutar el rato también. En mi búsqueda (que ha sido como encontrar una aguja en un pajar), recibí una recomendación de otra mamá de un lugar al oeste de la ciudad que nació justamente con ese concepto en mente. Así es como termino una tarde en Go & Play en Ciudad Colón.

Contrario al primer lugar que compartí en esta serie (un café para adultos con comodidades convenientes para niños),  este es más un lugar pensado para niños, con comodidades convenientes para adultos: un paraíso para chicos de todas las edades, acompañado de comida y la posibilidad de tener un ratito de descanso para los papás.

El lugar es básicamente un área de juegos enorme que tiene algo divertido para cada edad, desde un área para bebés y niños pequeños, hasta un play con línea de canopy, túneles y toboganes súper altos que caen en una piscina de bolas para niños más grandes. Los papás pueden sentarse a observar a sus hijos en un espacio en una de las muchas mesas del local y ordenar de 3 diferentes menús.

El lugar está ubicado en Del Río Plaza, la cual cuenta con tres restaurantes: Orgánica (un deli que tiene repostería y comida saludable con opciones libres de azúcar, gluten y veganas), MAD (hamburguesas, snacks y cervezas artesanales) y D’Vino (pizzas, pastas y paninis). Estando en Go & Play uno puede ordenar de cualquiera de esos restaurantes desde el mismo local y se lo vienen a dejar y cobrar hasta la mesa que está al lado de sus hijos. Cuando fui pedí comida de Orgánica y me pareció bastante rica, probablemente la próxima vez pida de MAD porque sólo de ver el menú se me hace agua la boca.

Por ser un lugar para niños el ambiente sí es 100% infantil. La música de fondo es música infantil y tienen un televisor con dibujos animados en el local, para tenerlo en cuenta sí lo deciden visitar. Es más un lugar para ir con amigos que tengan también niños y entiendan de esas cosas. Debo confesar que no soy la más fan de la música para niños, pero mi hija AMÓ el lugar, me volvía a ver a cada rato y me decía “mamá, guta play, guta play”, corría de arriba a abajo y escalaba todo lo que se le ponía al frente… Sólo esa sonrisa y esa emoción vale un par de horas de oír la canción del elefante Trompita.

El local tiene muchas opciones de parqueo por estar en un centro comercial, y cumple con el requisito de un baño súper cómodo. Es amplio, tiene cambiador y suficiente espacio para mamá, niño y hasta algún hermanito.

Go & Play está ubicado en Del Río Plaza, 1,3 km luego del peaje carretera a Ciudad Colón. Abre de lunes a viernes de 12 a 7 y sábados de 11:30 a 5. Tiene un costo de 5000 colones por niño (adultos no pagan, ni tampoco hay cargos adicionales por la comida).

Tienen una página en Facebook llena de fotos e información por si desean visitarla y conocer más.

Un día en la vida de una mamá de una niña de 2 años

Desde hace rato quiero escribir esto en el blog. Más que todo para mí, porque quisiera dentro de unos años poder recordar como eran mis días en compañía de mi hija pequeñita, cuando éramos sólo nosotros tres, en especial ahora que un nuevo miembro está a punto de sumarse a nuestra familia (en noviembre nace nuestro segundo hijo). Pero también he querido escribirlo porque este es de los tipos de posts que más me gusta leer en otros blogs, porque me dan buenas ideas de cómo organizar mi día, y me ayudan a ver las distintas formas en las que se puede vivir la maternidad. Este es un vistazo a un día (entre semana) normal en nuestra vida.

Todos los días entre semana son algo distintos, varias veces por semana salimos de la casa a visitar familia, a ir al supermercado o hacer alguna otra vuelta, o a pasear. Los fines de semana son completamente diferentes. Hay días súper ocupados y días súper relajados, días súper “productivos” y otros no tanto. Yo me olvidé hace mucho rato de “rankear” mi día en base a que tan “productiva” fui (algo que parece tener obsesionado a medio mundo), ya que me di cuenta que con un niño pequeño todos los días son impresionantemente productivos. Cada actividad cotidiana es una oportunidad para modelar comportamiento, inculcar valores, enseñar herramientas básicas para la vida, que acompañarán a esa personita por muchísimos años. Siempre me ha parecido muy triste la importancia tan baja que le damos a esas vitales lecciones en nuestra sociedad.

No incluyo labores domésticas porque no es lo que quiero recordar de nuestra vida, pero (a pesar de contar con ayuda todos los días) el día si incluye cosas como tender las camas, ordenar juguetes un millón de veces, lavar platos, etc.

Espero que disfruten de este vistazo a nuestro día.

5:52 a.m. Me despierta una vocecita. “Mamá”, me dice suavecito. Empiezo a despertarme pero mis ojos aún no se quieren abrir, entonces siento donde un dedito empieza a tocarme la cara “mamá boca, mamá nadiz, mamá ojjjjjo”. Ya mi hija empezó con su ritual de recitarme las partes de mi cara cuando yo no me despierto inmediatamente. Abro los ojos y no puedo evitar morirme de risa de los ojos abiertísimos que están viéndome de vuelta. “Poicito porfa”. Amanece pidiendo leche.

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6:00 a.m. Mientras que se toma su chupón leemos un rato (usualmente de su Biblia para niños), o nada más conversamos. Sí, tiene (casi) 2 años, pero es una hablantina. A veces se le entiende súper bien, a veces necesita subtítulos, pero pasa el día entero conversando conmigo. No hay un momento aburrido.

6:30 a.m. Bajamos a hacer el desayuno. Por lo general este era un momento en el que yo la dejaba ver tele mientras que yo preparaba algo de comida, pero desde hace varios meses mi hija quiere estar involucrada en TODO lo que tenga que ver con la cocina. Llora si no la dejamos participar y realmente le fascina todo lo que tiene que ver con alistar las comidas, así que ahora ella hace el desayuno conmigo (en realidad ella se encarga de todo lo que no necesite calor). Hoy alistó el plato de frutas con banano y fresas que ella misma partió, quebró todos los huevos que luego freí, y untó de mantequilla todos los panes que yo luego tosté. “Papáaaaaaaaa!” lo llama cuando ya está lista la comida. Usualmente mi esposo baja con nosotras desde antes y nos ayuda a preparar el desayuno, pero hoy cambió un poco la rutina.

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7:00-7:45 a.m. Nuestra hora familiar. Por lo general en este rato desayunamos juntos, y luego mi hija se entretiene jugando todo lo que se le pueda ocurrir con su papá.  Últimamente su juego favorito es uno en el que lo hace acostarse en el piso y le pone encima cuanta cobija se encuentre en la casa.

8:00 a.m. – 10:00 a.m. Parque. Este es el momento favorito del día de mi hija. Son 2 horas de juego completamente libre. Nos vamos al parque del condominio en el que vivimos con una manta, la merienda y un set de juguetes para la arena y cuando llegamos todo se vale. La mayoría de los días escoge pasar un rato en los areneros, un rato con los patos (hay un lago donde vivimos) y un rato en el play, pero otros días trata de escalar arboles, corre en las mini cuestas que se encuentra, da vueltas en el zacate. La mayoría de las veces se quita los zapatos apenas llegamos y pasa el resto del rato descalza. Usualmente hay varios niños de edades similares, entonces juega con sus amiguitos. En algún momento hacemos una pausa para comernos la merienda (siempre estilo picnic). Todos los días trato de que este sea un momento que se de; en los días muy ocupados trato de llevarla aunque sean 30 minutos antes de empezar el trajín… creo que estar en la naturaleza es terapéutico para ella y para mí.

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10:15 a.m. Baño. Una vez que volvemos del parque, mi hija está más que lista para un baño. Entre darle comida a los patos, jugar con arena y su afición por andar descalza, llegué a la conclusión de que lo mejor es bañarla después del ir al parque y no antes, si no tendría que bañarla 3 veces al día (hay baño en la noche).

11:00 a.m. Siesta. Para efectos del post estoy poniendo algunas actividades en horas exactas, pero obviamente las cosas no suceden de forma puntual… Lo que sí es cierto es que en un día normal en casa, entre las 10:45 y las 11:30 a mi hija le da mucho sueño y es su hora de la siesta. Usualmente duerme unas dos horas, por lo que este es el momento que aprovecho para bañarme, hacer llamadas, escribir en este blog o encargarme de cosas personales.

1:15 p.m. Almuerzo.

2:30 p.m. Estamos en época lluviosa, y últimamente no hay tarde en la que no llueva, entonces las usamos para hacer actividades adentro de la casa, que son un poco más estructuradas que las de la mañana, como pintar, ver todo tipo de libros, hacer alguna actividad didáctica con propósito para su edad (como desarrollar motora fina), o (la favorita de mi hija) hacer algo en la cocina. Hoy vino una vecinita amiga y pasaron la tarde entera haciendo repostería y jugando en el cuarto. Para la hora del café ya teníamos un buen poco de “cangrejos” recién horneados.

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5:15 p.m. Ya su amiguita se fue y es hora de la cena. Siempre procuro hacer las comidas con ella, pero a esta hora por falta de hambre lo que hago es comerme un “boquita”. Hoy hay olla de carne, su favorita.

6:00 p.m. Baño #2. Después de la cocinada y la jugada toca el baño antes de dormir. Hablamos, cantamos y juega con sus patos de baño. Mientras le pongo la ropa de dormir usualmente ve un episodio de Peppa Pig en el celular (es la fan #1). Ve los episodios en inglés, entonces todas las noches antes de dormir me dice “Night Night”, con acento británico. Es de las cosas más vacilonas que he escuchado.

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6:30 p.m. Cuentos. Luego del baño leemos un par de cuentos, ella los escoge. Este le encanta porque tiene ovejas, perritos, vacas y todo tipo de animales de la granja en las ilustraciones, entonces además de la historia que cuenta el libro nos inventamos otro montón de historias con los animalitos.

7:10 p.m. Hora de dormir. Yo voy con ella a su cuarto, y me quedo acostada con ella mientras se duerme. Esta es mi hora favorita del día. Me encanta abrazarla y sentir donde se va quedando dormida. Usualmente todo el proceso dura unos 20-30 minutos y apenas terminamos me hace “relevo” nuestra perra viejita Lulú, que se ha tomado muy en serio su rol de guardiana y se queda acostada con ella el resto de la noche.

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8:30 p.m. Cena con mi esposo. Usualmente después nos quedamos viendo algo en Netflix, pero hoy vemos una película que alquilamos. Soy un meme viviente y me quedo dormida en la mitad de la película, pero me despierto para ver el final, así que considero la noche un éxito.

Meme

11:00 p.m. Hora de dormir. Me voy a la cama agradecida por un día más con mi familia y me alisto para hacerlo todo otra vez mañana.

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Espero pronto poder hacer un segundo post de este tipo, esta vez describiendo mi día como mamá de dos y todos los cambios que eso traiga a nuestra pequeña rutina.

No hay obra eterna de mayor importancia que la que se realiza dentro del hogar

Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Chinchillete Café| 

Esta es una serie de posts dedicados a descubrir y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Barrio Escalante en San José se ha llenado de vida en la última decada. Entre el Festival Gastrónomico que repleta sus calles una vez al año, y la gran oferta de restaurantes, pubs y cafés, este barrio se ha convertido en EL lugar para disfrutar de buena comida, con opciones para complacer a todos los gustos.

Cualquiera que lea este blog con relativa frecuencia sabe que prefiero pasar mis días en familia paseando en la naturaleza, pero en temporada lluviosa me gusta buscar refugio en algún café, disfrutar alguna cosa rica de comer y disfrutar de conversar con amigos mientras mi hija se divierte. Como mamá de una niña de 2 años (con uno en camino), encontrar un lugar que reúna todas las condiciones para que toda la familia la pase súper bien a veces es un poco difícil. Hay cafés súper lindos pero con espacios muy pequeños que no permiten que los pequeños exploren y estiren sus piernas, lugares con comida deliciosa, pero baños incómodos para cambiar un pañal, y lugares cuyo ambiente es muy atractivo para adultos, pero poco amigable (o incluso peligroso) para niños.

Por estas razones decidí empezar esta serie de posts de Café con Niños, para poder compartir los lugares que he descubierto para pasar la tarde en familia.

El primero que les voy a compartir está ubicado justamente en una de las callecitas de Barrio Escalante. Con una promesa de café, waffles, wi-fi, libros y cerveza, Chinchillete atrae a sus visitantes a ingresar por sus puertas. Una vez adentro de esta casa vieja, renovada y decorada de forma súper atractiva, uno se siente más en la casa de algún amigo que en un negocio. El local está lleno de salas, libreros y rincones acogedores para hacer de la hora del café un momento cómodo y relajado. El menú de waffles salados y dulces es delicioso para todas las edades (mi hija amó el “Fru-Fru”, con yogurt griego, blueberries y miel de abeja) y las cervezas mantienen a los mayores entretenidos.

Hay espacio de sobra para que los niños no se sientan “atrapados” y muchos juegos de mesa para entretenerse (mi hija y otros niños de su edad pasaron horas con el Connect 4 y el Jenga). Hay libros súper interesantes y súper entretenidos (Darth Vader and Son, por favor no se lo pierdan) y “juguetes” que les resultan súper divertidos a los grandes y pequeños (un Gollum de peluche por ejemplo).

Pero además de todo lo que he contado, lo que terminó de conquistar mi corazón de mamá fue el baño: amplio, con una banca que puede funcionar perfectamente como cambiador o como asiento para un “mini acompañante” (eso de ir al baño sola cuando uno tiene un niño pequeño es practicamente imposible).

Chinchillete Café está ubicado en Barrio Escalante, de Olio (línea del tren) 100 m Norte (cuadra corta) y 50 m Este. Abren de martes a sábado de 2 pm a 10 pm. Este es link de su página de Facebook.

Ser feliz, ¿es lo más importante?

Feliz

Últimamente he escuchado muchos comentarios de mamás y papás que, por amor a sus hijos, afirman que lo más importante es que ellos sean felices. Aunque estoy completamente de acuerdo con la frase y creo que todos debemos aspirar a lo mismo, pienso que hay algo en la ejecución que nos está fallando y que estamos cometiendo un error en la manera de utilizar esas palabras. Antes de que usted, querido lector, piense que soy una gran amargada, quiero explicarme mejor.

Queremos que nuestros hijos sean felices, por supuesto. Pero no les estamos enseñando a serlo, y si hay algo que he entendido en mi corta existencia es que la felicidad es justamente eso: un estado aprendido, y no simplemente una emoción transitoria provocada por alguna situación igualmente transitoria. Perseguimos el placer, y cuando lo alcanzamos lo llamamos felicidad. Decimos que somos inmensamente más felices cuando conocemos un lugar nuevo, cuando podemos hacer solamente lo que nos gusta en un día y cuando la vida nos sonríe, pero ignoramos que podemos serlo incluso cuando no nos ocurre ninguna de estas cosas, incluso cuando tenemos un día lleno de situaciones que no nos gustan, porque ninguna de ellas debería de definir nuestro estado de ánimo.

Como a nosotros nadie nos ha enseñado esa destreza, tampoco tenemos idea de como enseñarla a nuestros hijos. Como nosotros la hemos pasado mal en situaciones que nos han resultado incómodas, entonces queremos evitárselo a toda costa a nuestros hijos. Queremos que siempre estén llenos de gozo y en ese afán les repetimos: “lo más importante es que sea feliz”. Pero esa frase así sola, siempre me ha parecido que es como darle las llaves de un carro a una persona sin enseñarle a manejarlo. Los niños crecen, y cuando se dan cuenta de que es imposible pasar en un estado de perpetua sonrisa, pueden llegar a sentir que la vida les debe algo, o que se confabula en su contra o que algo no está saliendo bien. Además, en este mundo hiper-comunicado tienen decenas de oportunidades al día para compararse con otras personas en redes sociales, en donde ya todos sabemos que sólo se comparten los mejores momentos.

Creo que hay ciertas cosas que podemos hacer como papás para que nuestros hijos puedan ser realmente felices en la vida, y ninguna de ellas incluye evitarles los momentos difíciles. He aquí mis ideas:

Inculcar una mentalidad de servicio a los demás

Una mentalidad de servicio a los demás empieza por enseñar y modelar el valor de la humildad. Se nos vienen varias cosas a la cabeza cuando pensamos en una persona humilde, pero yo lo menciono pensando en esta definición que leí una vez: “ser humildes no significa pensar menos de nosotros mismos, significa pensar menos en nosotros mismos”. Es muy fácil sentirse desafortunado si todas nuestras energías están enfocadas en hacer de nuestra vida un cuento de hadas. En lugar de eso sería excelente que le enseñásemos a nuestros hijos a preguntarse todos los días “¿cómo puedo ayudar a alguien a tener un mejor día hoy?”. Nunca es muy temprano para aprender, incluso en mi hija de 2 años busco constantemente situaciones en las que pueda modelar esto para ella y pueda impulsarla a que ella haga lo mismo por alguien. A veces es un familiar, a veces es un desconocido,  a veces es un animalito (los ama), pero todos los días buscamos la oportunidad.

No es necesario dedicarse a obras altruistas para vivir una vida de servicio, pero sí tener una mentalidad de constante búsqueda del bienestar de quienes nos rodean. No me refiero a enseñar a nuestros hijos a ser unos mártires o a ponerse de últimos toda la vida, pero sí a que no siempre y no en todo deben estar enfocados solamente en ellos mismos. Hay una satisfacción y una felicidad que solamente viene de ver el efecto que puede tener una acción desinteresada de nuestra parte para otra persona.

Enseñar a través del ejemplo que no son las situaciones lo que define nuestra vida

De nada nos sirve repetir como loras que la felicidad se puede encontrar en cualquier situación si nosotros nos sentimos constantemente infelices. Es un ejercicio que empieza por el profesor. Las personas más optimistas y contentas que conozco usualmente tuvieron un buen ejemplo en su infancia de como comportarse en distintas situaciones adversas. Que conste que en ningún momento hablo de pedirle a nuestros hijos que nieguen o escondan sus emociones, ni que nosotros hagamos eso. Por supuesto que hay cientos de situaciones en la vida que nos harán sentir tristes, enojados, frustrados y que no son lo que desearíamos estar viviendo. En ese momento necesitamos sentirnos de esa manera y expresarlo, sin embargo nos hacemos un gran daño si seguimos reviviendo esa situación, utilizándola como excusa para nuestros comportamientos futuros o dejando que nos defina. Nosotros escogemos en cada momento quienes queremos ser, como nos queremos comportar y la manera en la que escogemos ver nuestra vida. Conforme maduran emocionalmente nuestros hijos, ellos también pueden aprender esta manera de vivir.

Guiarlos para que construyan una vida que les agrade, sabiendo que ninguna vida es perfecta

Cada persona debe encontrar su vocación en la vida y lo ideal sería que sus padres lo apoyaran a hacerlo. Decidir quienes queremos ser es una decisión consciente que muchas personas la hacen de manera inconsciente o automática. Creo que los padres de esta generación están haciendo un fantástico trabajo en esto, últimamente no he escuchado la frase “debe ser abogado pues su papá fue abogado” o, “debe ir a X universidad”, y eso es algo maravilloso. Sin embargo creo que no estamos quedando cortos con sólo ese apoyo y omitimos una enseñanza importante: aunque escojamos algo que nos encanta, aunque hagamos lo que nos gusta todos los días, no todos los días van a estar llenos de placer y sonrisas.

Hace un tiempo conocí a un muchacho que amaba su trabajo, él siempre había deseado ser médico, sin embargo por más que él y su familia trabajaron duro no podían pagar la carrera de medicina y estudió enfermería, otra carrera maravillosa pero más accesible económicamente en ese momento. Una vez que llegó al mundo laboral se dio cuenta que su verdadera vocación era la enfermería y que su inteligencia y talento eran sumamente apreciados. Descubrió que aunque a veces nosotros hacemos planes, la vida puede tener otros aún mejores para nosotros.

¿Debemos de incentivar a qué nuestros hijos busquen la felicidad? Por supuesto. Pero es nuestra responsabilidad también enseñarles que felicidad no equivale a una vida perfecta, y aunque debamos buscar siempre momentos que nos resulten agradables o placenteros, debemos también mostrarles que no solo es en estos momentos en donde pueden encontrarla.

 

¡Mi bebé no quiere mamar!: huelgas de lactancia y tips para manejarlas

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De todos los retos que pasé amamantando a mi hija, el que más me quitó el sueño fue una huelga de lactancia. La mayoría empiezan de la misma manera: todo va muy bien, mamá y bebé ya se sienten expertos en el tema y de repente un día, sin previo aviso, el bebé rechaza el pecho. La primera vez uno supone: “bueno, tal vez me equivoqué en interpretar sus señales y realmente no quería mamar”. Pero la segunda, la tercera, la cuarta… Con cada ocasión y cada rechazo crece la angustia, surgen miles de interrogantes de cómo proceder. El bebé tiene hambre, pero no se pega al pecho, la mamá siente nervios y en un solo día puede llegar a dudar de todo lo que creía saber acerca de la lactancia.

La primera vez que ocurrió mi hija tenía unos 3 meses. Una madrugada yo me desperté a medias como toda una mamá zombie y me la puse en el pecho, ella reaccionó como si nunca en su vida hubiera visto una teta: hacía la cabeza para atrás, se movía en contra del pecho, cerraba la boca en lugar de abrirla… rechazo total. En ese momento entre dormida y despierta pensé que tal vez tenía un cólico o que algo le pasaba que no era hambre, porque si así fuera de seguro habría mamado. Pero continuó así en cada toma, y siguió de la misma forma por casi 4 días. Fueron los 4 días más dificiles que he vivido, pero hubo ciertas cosas que nos ayudaron a superar este bache que hoy quiero compartir. No soy una experta en lactancia pero sí soy una mamá que pasó por esto y quisiera poder ayudar aunque sea a una mamá está pasando por lo mismo y se sienta tan perdida como yo me sentía.

Hay varias cosas que pueden ocasionar que el bebé entre en una huelga de lactancia, desde un susto (mamá gritó muy duro la primera vez que bebé la mordió), un dolor (una infección de oído o garganta), o alguna desafortunada coincidencia que ocasionara el cese temporal de la lactancia por parte del bebé.

Uno de los datos más importantes que aprendí cuando pasé por esto fue que muchas veces las mamás confundimos una huelga de lactancia con un destete iniciado por el bebé, pero son dos cosas distintas. Una huelga de lactancia es usualmente repentina, un destete es gradual, además de que no es para nada común que un bebé de meses decida destetarse: según los antropólogos la mayoría de los niños suelen destetarse voluntariamente y sin ninguna ayuda entre los 2 y los 7 años (aunque suene extrañísimo en nuestra sociedad). Así que si su bebé pequeñito de 3 meses rechaza su pecho, lo más probable no es que esté listo para destetarse sino que esté pasando por una huelga de lactancia. Hay personas que deciden aprovechar ese momento y quitarle el pecho al bebé, esta es una decisión personal y absolutamente respetable, este post es para las mamás que como yo, no sentíamos que estábamos listas para dar por terminada la lactancia.

A continuación les comparto las cosas que me sirvieron para ayudar a recuperar la relación de lactancia con mi hija en ese momento:

Contacto piel con piel

La primera recomendación que recibí y apliqué todo el tiempo que pude fue la de el contacto piel con piel. La lactancia es muchas veces una cosa de instinto y hay que volver a lo más básico si uno desea recuperarla. Por varios días y cada vez que podía yo me quitaba la ropa de la cintura para arriba, dejaba a mi bebé en pañal y la acostaba encima mío pecho con pecho. La idea nunca fue presionarla a que amamantara, sino nada más tener ese rato juntas. El contacto piel con piel ha sido relacionado muchas veces con lactancias exitosas. Para esos momentos no utilizaba ningún perfume ni jabón con olor, pues la idea es que ella pudiera sentir, oler y tocar a mamá. Fueron momentos preciosos que siempre voy a recordar y la verdad ayudaron muchísimo.

Porteo, porteo y más porteo

El rato que no podíamos estar piel con piel, entonces la “porteaba” utilizando un fular de tela elástica. Al igual que el contacto piel con piel, la cercanía constante que da el porteo puede ayudar a que los bebés vuelvan a encontrar el “chip” de lactancia que aparentemente han perdido.

Aprovechar momentos clave

Uno de los tips más importantes es no forzar al bebé a amamantar. No queremos incrementar el rechazo al pecho sino más bien relacionarlo con momentos lindos y tranquilos, de confort. En esos días descubrí que la aversión de mi hija paraba cuando tenía mucho sueño o estaba dormida. En esos momentos mamaba bien entonces yo aprovechaba cada siesta y cada rato nocturno para amamantara.

Mantener la producción de leche mientras el bebé no amamanta

Si el bebé no está amamantando entonces el pecho no está siendo estimulado. La lactancia es algo de oferta y demanda, por lo que se necesita estímulo para mantener la producción de leche. Medio día no hace ningún estrago, pero mi caso fue de 4 días, por lo que era vital estar usando el sacaleches con la misma frecuencia que mi bebé usualmente amamantaba. La idea nunca es dejar pasar hambre al bebé. Un bebé muy hambriento se puede sentir aún más frustrado en el pecho y luego de un tiempo puede estar letárgico por la falta de comida. Ninguno de los dos casos es positivo para resolver la huelga de lactancia. La lechita que se extrae se le puede dar al bebé, preferiblemente con cuchara, vasito, jeringa o algun otro método que no vaya a contribuir a enredar más la cosa como un chupón podría hacerlo. Yo siempre produje más que suficiente leche para mi bebé, sin embargo mi cuerpo no reaccionaba de la misma forma con el sacaleches, por lo que también tuve que recurrir a lechita congelada que me había extraído antes. Esto me llevó a un círculo de dudas del cual me costó mucho salir: ¿y si no tenía suficiente leche? ¿y si ella quedaba con hambre y por eso me rechazaba? ¿y si se me había secado la leche? Ahí aprendí otra cosa muy importante: el sacaleches no es un buen indicador de la producción de leche de una mamá. Habemos mamás que nunca pudimos sacarnos más de 1 oz. por pecho, y sin embargo pudimos dar teta exclusiva por meses o años, sin que los bebés perdieran peso, pasaran hambres etc. Así que una cosa no necesariamente es un indicador de la otra.

No caer en el hoyo negro de las dudas

Las huelgas de lactancia no sólo son dificiles para los bebés, son duras para las mamás. Creo que pueden hacer que hasta la mamá más segura y “lactivista” se sienta muy dudosa de lo que está haciendo, sin embargo con la información apropiada, la guía de un asesor en lactancia y una buena dosis de paciencia se pueden superar la mayoría de las veces.

Luego de ese b

La cama de mamá y papá

Mi hermano mayor comparte mi misma pasión por las letras. A ambos siempre se nos ha hecho más fácil escribir lo que pensamos y sentimos, y hoy les vengo a compartir una de sus más lindas prosas, inspirada en su experiencia como papá de dos niños.

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A las 3 am de hoy mi hijo mayor tuvo una pequeña emergencia con su pancita. Concluida la misma, se nos acurrucó en la cama a mi esposa y a mí… ¿Sabe usted, lector de mis ocurrencias, lo que para un niño significa la cama de papá y mamá? Haré un esfuerzo por explicarlo, desde el niño que hay aún en mí… Ahí mi hermana, que ha escrito también sobre esto, sabrá corregir o ampliar mis desordenados recortes:

1. La cama de mamá y papá es el lugar más seguro del universo. No hay refugio militar ni búnker que le gane. Encontrarás ahí el brazo de papá, listo para acariciarte, pero también listo para defenderte. Encontrarás también el cabello de mamá, que te cubrirá con su mágica protección contra la oscuridad y sus temibles moradores, así como de aquellos elementos naturales que te roban la paz: “Her hair reminds me of a warm safe place where as a child I’d hide and pray for the thunder and the rain to quietly pass me by”

2. La cama de papá y mamá es la más moderna cama de cuidados intensivos. Al igual que esta madrugada, es la cama de papá y mamá la que buscamos para recuperarnos de nuestras dolencias. En la infancia no hay enfermedad trivial. El niño percibe igual una gastroenteritis que una leucemia, una apendicectomía que una cirugía de corazón abierto… Para el niño NO HAY ENFERMEDAD TRIVIAL, no gaste el tiempo diciéndole que “eso no es nada”. Mi infancia estuvo llena de vómitos y soluciones endovenosas, triviales diríamos los adultos, pero reales al fin. No hubo nunca cama de hospital mejor que la cama de mis tatas. No hay equipo médico ni fármaco más efectivo para recuperar la salud que el permitirle a tu hijo acurrucarse con vos cuando se siente mal.

3. La cama de papá y mamá es el templo de la sabiduría. Al cuarto de papá y mamá entras con todas tus dudas importantes. Es ahí donde buscas respuesta a las preguntas más trascendentales de la vida… El oráculo del que obtienes la información trascendente. Esto nunca se acaba, siempre seguimos buscando respuestas en nuestros padres. Hace 12 años las busqué en ellos durante mi divorcio. Papá y mamá siempre serán nuestros gigantes ancianos depositarios de la sabiduría eterna de la vida.

4. La cama de papá y mamá es una verdadera alfombra mágica. Mi hijo mayor adora ver tele en nuestra cama, igual que el chiquitillo. Él tiene su tele en su cuarto, pero no es lo mismo. En nuestra cama él disfruta de la fantasía con mayor potencia. Se siente Don Quijote con el yelmo de Mambrino, y su lanza destroza fácilmente cualquier molino de viento… La cama de papá y mamá te transporta a mundos con celajes bellos e interminables, brisas frescas y horizontes con dos lunas de fuego. No hay historia que no sea posible mientras estás sobre esta verdadera Arca de la Alianza, agarrado de dos serafines áureos y brillantes.

5. La cama de papá y mamá es la verdadera “raíz” de la vida misma. Significa, en palabras de Gardel: “Volver con la frente marchita , las nieves del tiempo platearon mi sien”. Al menos en forma simbólica, sino explícita, nuestros hijos fueron concebidos justamente ahí. Entonces, volver a la cama de papá y mamá es todo un acto de introspección que nos transporta al núcleo de lo que somos, celular y ontológicamente hablando. La cama de papá y mamá es ese bosque en el que los tatas plantamos una semillita y la vemos brotar… y cuidadosamente la regamos y cuidamos durante años… Y un buen día, “plateadas” ya nuestras sienes, nos recostamos debajo de la sombra de esos robles que son nuestros hijos, buscando el frescor de la brisa que sopla en nosotros la satisfacción del deber cumplido.

Querido hijo:

Cuando te duela la pancita, cuando te saques una mala nota, cuando te jales una torta, cuando se te pierda algo, cuando sientas tristeza o dolor, cuando la vida te ataque con incertidumbres y ambigüedades, cuando se te muera tu mascota, cuando tengas hambre o frío, cuando no te alcance la plata, cuando te traicione un amigo, cuando tu mujer te falle o te abandone, cuando no tengas con quien dejar tus hijos, cuando ocupes reír o llorar, cuando tengas preguntas importantes, cuando QUIERAS Y NECESITES… tengas la edad que tengas: Aquí van a estar papá y mamá, listos para ayudarte y gustosos de recibirte en nuestras cobijas, prestos a dar la vida por defenderte y ayudarte a ser feliz… Aquí siempre estará para ustedes: LA CAMA DE PAPÁ Y MAMÁ.

La bendición de tener un bebé de “alta” demanda

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Como casi todas las mamás de mi edad en esta era tecnológica, formo parte de varios grupos en redes sociales donde se intercambian consejos de maternidad. Las madres preguntan de todo: desde donde comprar el último producto de moda, hasta cómo bañar al bebé. Al menos una vez por semana en estos grupos lo leo: alguna mamá con un bebé pequeñito que está desesperada pues no sabe que hizo mal, ya que su bebé “mama a cada rato”, llora si no está en brazos, no se entretiene ni 5 minutos en ninguna de las sillitas que con tanta ilusión le compró, y para colmo de males sólo quiere dormir a su lado. Cuando leo algo así no puedo evitar sentir empatía, pues hace nada esa era yo, haciéndome las mismas preguntas, engañada por una montaña de expectativas sociales de como ” deben” ser los bebés.
Cuando uno se pone a buscar un poquito más acerca del tema sale a relucir una descripción (no muy agradable en mi opinión): bebé de “alta” demanda. Pienso que es una etiqueta fea porque no entiendo quien definió el estándar que nos hace pensar que un bebé “demanda” más o menos de la cuenta, pero en fin, es la que se usa y por eso la usaré a regañadientes, con el énfasis en las comillas de la palabra “alta”. La verdad es que biologicamente los bebés están programados para querer mamar de manera frecuente y buscar la seguridad del contacto físico de sus cuidadores tanto de día como de noche, hemos sido nosotros en los últimos cientos de años quienes hemos cambiado las reglas del juego y hemos decidido que lo que impera en la naturaleza no es lo aceptable socialmente. Algunos bebés, aceptan esos cambios sin problemas: pueden dormirse solos desde pequeños sin llorar, no tienen problema con ajustarse al horario que sus padres deseen que tenga, no se quejan de estar en una sillita mecedora y comen en intervalos más o menos predecibles. Otros bebés (muchos más de los que pensamos) necesitan brazos, pecho y calorcito con mucha más frecuencia.
Los consejos que las mamás reciben de algunas personas agregan a su preocupación: hay que dejarlos llorar para que se acostumbren, ponerles horario de teta para que se acostumbren, dejarlos dormir solos para que se acostumbren. Pero este post no se trata de ninguno de esos consejos, porque estos se basan en una premisa falsa: que los bebés de “alta” demanda deben de “arreglarse”, que hay que tomar ciertas medidas y pasos para que dejen de ser así, como si sus necesidades fuesen algún defecto de fábrica. No, este post no la va a invitar a nadar contra corriente, sino a aceptar y admirar al bebé que usted tiene, y no al que desearía tener. Porque yo descubrí que al cambiar el cristal con el que se ven las cosas y ajustar las expectativas uno puede ver a un bebé de “alta” demanda como lo que es: una verdadera bendición. A continuación les comparto porque pienso así.

Te desaceleran
Vivimos en una sociedad que valora el “corre-corre”. Nos sentimos muy importantes si en un día podemos chequear un montón de itemes de una lista de cosas por hacer, nos sentimos muy productivos si nuestro día es muy ocupado. Un bebé de “alta” demanda no ha sido afectado por estas ideas locas, él sabe lo que necesita y cuando lo necesita, y por ende nos invita a dejar nuestra propia agenda de lado y hacer una pausa. Una pausa para disfrutar de la deliciosa sensación de un bebé dormido en nuestro pecho, una pausa para sentir el peso de nuestro hijo en nuestros brazos. Puede que por un rato de nuestra vida no hagamos “un montón de cosas”, pero la recompensa nos acompañará toda la vida.

Te enseñan de paciencia y aceptación
Por más que su tía y su vecina estén convencidas, un bebé no sabe manipular. Esta no es una idea romántica mía, es una afirmación basada en lo que ha descubierto la neurociencia: los bebés simplemente no tienen la capacidad de tramar “maldades” para manipular a sus padres. Los bebés tienen necesidades y una sola manera de  comunicarlas: el llanto.
La transición a la maternidad nos afecta en un montón de formas y donde antes éramos sólo nosotras, ahora hay una persona más, 100% dependiente de nosotros y nuestros cuidados. Eso puede a veces hacernos sentir colmadas, y si esperábamos algo distinto de nuestro bebé, muy frustradas.
Pero hay una gran diferencia entre el bebé que uno se imaginaba y el bebé que tiene en sus brazos: el último es la persona que Dios le confió a uno como mamá para guiar y cuidar, el otro es una simple fantasía. Al entender eso nos llenamos de paciencia y aceptación para regalarle a esa personita y empezamos a disfrutar mucho más nuestro rol y todo lo que implica.

Te enseñan que nada es para siempre y que todo pasa
Un día, cuando uno menos se lo espera, ese bebé que antes no soportaba estar un segundo sólo, empieza a moverse más, a atreverse a buscar lo nuevo. Ese bebé que no se despegaba de la teta empieza a independizarse y no hay vuelta atrás. Aunque al inicio esos momentos agobien, luego se extrañan con todo el corazón. Mi hija que no quería dormirse en ningún lugar que no fuera mi pecho me suelta la mano cuando trato de dársela en el parque porque ella quiere caminar sola, jugar sola, explorar sola.
La impermanencia es una parte inescapable de la vida. Nada dura para siempre y un buen día esos pequeños maestros nos enseñarán que todo valió la pena.

La constancia da frutos

La constancia es la virtud por la que todas las cosas dan su fruto

Las últimas semanas he estado compartiendo en el blog historias acerca de mamás que han hecho “la dieta del amor”, una dieta en la cual se eliminan una gran cantidad de alimentos para poder continuar dando lactancia materna a los bebés alérgicos. Cuando pienso en todas ellas y en sus casos me vienen distintas palabras a la mente para describirlas: determinación, persistencia, paciencia… El caso que comparto hoy es el de Adriana, apenas lo leí la primera palabra en la que pensé fue “constancia”. Leyendo luego la definición en el diccionario me quedó aún más claro que esta es la palabra perfecta para describir su historia: la constancia es la voluntad inquebrantable y continuada en la determinación de hacer una cosa. Adriana fue constante en su deseo de amamantar a su hijo, y con el apoyo de su esposo y una excelente profesional de la salud logró vencer todos los obstáculos en su camino. Ella estará compartiendo su inspirador testimonio este 16 de abril a las 11 a.m. en Expo Kids.

Adriana y bebe

30 de enero del 2015. 40 semanas exactas. 10 horas de labor de parto y nació a las 2:04 am ¡el bebé más lindo del mundo! (Por lo menos así lo vi yo jeje). Durante el embarazo llevé un curso de preparación de parto en el cual Ingrid Broitman (consultora de lactancia) fue invitada a dar una charla de lactancia, muchas cosas de esa charla me marcaron pero recuerdo cuando dijo “no dejen que en el hospital le den fórmula a sus bebés a menos de que sea estrictamente necesario”. Ya mi esposo Ignacio estaba re entrenado y sabía que al nacer Mauricio no se le podía despegar y se tenía que asegurar que no recibiera nada mas que mi leche. ¡Excelente papá desde el principio y logro cumplir su misión! La primera vez que le di de mamar a pocos minutos de su nacimiento fue maravilloso, no tuve dolor, se pego y succionó perfecto y pensé “¡gracias a Dios, qué fácil!”.

A los dos días ya en casa todo iba muy bien, estábamos como todos padres primerizos un poco nerviosos pero formando un buen equipo.

Todo comenzó a sus 4 días de nacido, cuando Mauricio comenzó a vomitar. Al principio pensamos que era normal; ya me había bajado la leche tal vez había comido mucho, tal vez lo movimos mucho, tal vez esto o lo otro. Pero siguió, más cantidad, más frecuente y en proyectil. Era realmente aterrorizante su forma de vomitar.

Mi pediatra que fue un gran apoyo en el proceso nos dijo que fuéramos a verlo, eran las 10 de la noche y nos topó en el hospital. Examen físico bien, la pancita hinchada, un poquito distendida por lo que nos mando a hacer varios exámenes en esa semana.

Cada día era peor que el otro, mas vómitos, más llanto, más retorcijones. Logramos conseguir una cita de emergencia con un gastroenterólogo muy conocido, ya le llevaba resultados de exámenes y al verlos me dijo: “mijita usted no va a poder darle de mamar a este niño nunca, tiene un caso severo de Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (APLV), le regalo este tarrito de Elecare (una fórmula especial) y aquí está la receta para el HNN… para secarse su leche compre estas pastillas etc. etc. etc.” ¿QUE?!!! No entendí nada ¿APLV? ¿Qué es eso? ¿No poder dar de mamar? ¿Cómo no voy a dar de mamar? ¡Jamás!! ¿Fórmula? ¡Pero si no tengo ni un chupón! Dar fórmula no estaba en mis radares. No, alguna solución tenía que existir. Salí de esa consulta sumamente alterada, preocupada, confundida. Llamé a mi pediatra de cabecera y me dijo que fuera adonde otro gastroenterólogo pediatra y me ayudo a conseguir la cita. Mientras tanto seguí dando de mamar y mi gordito seguía igual. Emocionalmente me estaba afectando mucho y fueron unos días muy difíciles.

A los 3 días tuve cita con la Dra. Jimenez, quien fue súper empática y comprensiva con mi deseo de dar lactancia a mi hijo. Me explicó que para hacerlo mi vida iba a cambiar y que tenía que hacer una dieta radical. Me suspendió todo lácteo y sus derivados, soya, semillas, pescado, cerdo. Tal vez no suene tanto, pero realmente el 99% de las cosas que uno normalmente come contiene alguno de estos ingredientes prohibidos.

Conversé con una mama que había pasado una situación parecida y que la había logrado superar con éxito, me dio muchos consejos e iniciamos contactando mamas que estaban pasando por lo mismo y construimos una red de apoyo que terminó en gran amistad.

Cada día el malestar de mi hijo mejoraba, sin embargo la dieta se hacía más y más difícil. Decidí dejar de comer fuera, y si teníamos algún plan familiar yo llevaba mi lonchera y pedía en los restaurants que me calentaran mi comida en el microondas. Mucha gente no lo entendía, me criticaban, me decían exagerada e incluso se burlaban, pero yo no dejé que nada de eso me afectara ya que sabía que estaba haciendo lo mejor por mi bebé. Con la dieta empecé a ver mejoría de inmediato, y aun más motivada continuaba con ella viendo a mi bebe sonreír y dejar de llorar todo el día.

A sus 3 meses, la Dra. me dijo que era hora de iniciar con las pruebas, por lo que me permitió comer algún alimento y decidimos empezar con la yema del huevo. Comí un lunes y a partir del miércoles Mauricio empezó a sangrar en sus heces y así continuó por 15 días: pañal que cambiaba tenía sangre. Prueba #1 fallida. A los dos meses hicimos de nuevo otra prueba, pescado. Prueba #2 fallida. Decidí entonces no hacer más pruebas hasta que tuviera 9 meses. Se me estaban acabando las opciones de menú, realmente me estaba agotando de comer lo mismo, ya mi hijo comía sólidos y gracias a Dios todo lo que habíamos probado hasta el momento le había caído bien. Inconscientemente cuando Mau tenia 8 meses, comí un producto sin saber que contenía soya, me di cuenta a las semanas. Es decir, comí algo sin querer, que NO podía, ¡y no había pasado nada!!! ¿Será que vuelvo a tratar? Luego lo consumí con conocimiento de que contenía un alergeno y pasaban los días y Mauricio estaba bien. De ahí en adelante fui hacienda pruebita por pruebita y como milagro de Dios no volvió a presentar ninguna reacción. Más adelante fui introduciendo alergenos en alimentos de él y ninguno parecía afectarle. A sus 10 meses y medio yo ya tenia una dieta completamente libre, ¡podía consumir cualquier cosa! Realmente siento que fue increíblemente rápido como él empezó a superar sus alergias, y también creo que la leche materna ayudaba increíblemente a superar este proceso. ¡Ahora mi bebé tiene 1 año y 2 meses y come ABSOLUTAMENTE DE TODO! Mis oraciones y paciencia fueron recompensados. Yo realmente soñaba con que mi gordo pudiera comerse un queque con helados el día de su cumpleaños, y así fue. Irónicamente no le gustan los helados ni el queque, pero bueno, ¡lo puede comer! Me siento muy contenta de haberle podido dar leche materna por mas de un año y mas aun agradecida con tanta gente como mi esposo y mi familia que me apoyaban cada día. Fue difícil, ¡pero lo volvería a hacer mil veces!

 

Adriana Mauricio

El 16 de abril a las 11:00 a.m. en el Centro de Eventos Pedregal estaremos compartiendo todas nuestras experiencias en Expo Kids, ojalá todas las mamás que estén leyendo este post pueda acompañarnos en este evento tan especial. Para conseguir una entrada hacé click en este link.

Un ejemplo de perseverancia y amor

Cada historia de lactancia es una aventura distinta, con sus propios matices, alegrías y dificultades.  Durante el próximo par de semanas el blog estará lleno de relatos de mujeres cuya perseverancia y compromiso permitió que  pudieran amamantar a sus hijos a pesar de sus alergias siguiendo una dieta especial, a la cual algunos llaman la dieta del amor. Esta es la segunda historia de esta serie, en la que sus protagonistas Gabriela y Mateo vencieron muchos obstáculos y lograron disfrutar por casi dos años de una hermosa relación de lactancia.

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Antes de que Mateo naciera yo me leí veinte libros. Todos me decían lo importante de la lactancia materna, como consecuencia en mi mente estaba decidida: le daría lactancia exclusiva.

“El Gordi” nació por parto natural a las 38 semanas en la madrugada y mientras estuvo en la incubadora le dieron un chupón de fórmula (el cual siento yo que ayudó a que la alergia se despertara). Nota de la blogger: el llamado “biberón pirata” (la administración de fórmula durante la estancia hospitalaria) es actualmente considerado como una de las posibles causas del desarrollo de alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) en individuos predispuestos  a la misma, de ahí el énfasis de la mamá en el tema.

Luego de eso a él se le subió la bilirrubina y la recomendación médica fue combinar fórmula con leche materna. Cualquier mamá sabe que una como primeriza se asusta mucho, y si era mi leche lo que le estaba subiendo la bilirrubina, entonces estaba bien, yo iba a ceder.

Después de eso tuvimos un par de semanas complicadas con síntomas de colitis en nuestro bebé pequeñito hasta que luego de varios exámenes la pediatra nos contó que era APLV. Yo he sido siempre intolerante a la lactosa así que mi consumo de lácteos no era muy abundante, pero no tenía idea de en qué consistía la dieta del amor.

Esta dieta para mi inició eliminando muchos alimentos que le daban reacción a través de leche materna, como huevo, semillas, carnes, ciruela, legumbres,soya y otros que ahorita ya no recuerdo. Poco a poco fui introduciendo todos los alimentos, hasta quedar sólo con la restricción de lácteos. Suena fácil, pero ¡una no se imagina a todas las  comidas a las que les ponen lácteos!

Fue así que empezamos con una lactancia mixta. Mi bajada de leche fue muy lenta y tenía una producción baja, pero yo siempre estuve determinada a quitarle la fórmula y que tuviera una lactancia exclusiva. El saca leches y yo nos volvimos mejores amigos y por fin a los cuatro meses Mateo se tomó su último chupon de fórmula. Él continuó amamantando cuando yo regresé al trabajo, usualmente cobrándome las horas de ausencia en la noche.

Llegaron los 6 meses y con ellos la hora de la ablactacion. Introdujimos todos los alimentos sin mayor complicación y mantuvimos la restricción de lácteos para ambos. Mi esposo también nos acompañaba en este camino de la dieta del amor, consumía muy pocos lácteos y buscaba siempre recetas nuevas en especial para la mamá dulcera que extrañaba los postres.

En septiembre del año pasado cuando cumplió un año y medio hizo un cambio muy grande y decidió solo pedir “tete” para dormir y en alguna que otra situación donde se sintiera incomodo o asustado como confort. Para finales de noviembre  ya solo hacía 3 tomas al día y con la salida de los colmillos comenzó a morderme un poco por lo que hablamos con él y le explicamos que a mama le dolía y que íbamos a descansar dos días para que mamita se sintiera mejor y poder seguir tomando “tete”. Resultó que así y sin más Mateo ya no volvió a pedir “tete”,  solamente me veía, se acurrucaba y nos dormíamos abrazados. Hasta ese momento me mantuve haciendo dieta por él y si bien era un sacrificio valió totalmente la pena pues sé que su salud mejoró montones y pudimos tener casi dos años de lactancia.

Hoy día él continúa haciendo dieta pues después de pruebas de alergias el Gordi necesito más restricciones, añadimos el gluten, la miel de abeja, el garbanzo, el pollo y otros; pero uno de los resultados más importantes fue que la APLV de Mateo había disminuido muchísimo y que podemos empezar a hacer pruebas en un mes.

Debido al interés que me nació en defender la lactancia materna, empecé a finales del año pasado a colaborar con la Fundación Banco de Leche Humana Catalina Vega la cual promueve la donación hospitalaria de leche humana a niños prematuros en el país a traves del Banco de Leche del Hospital de San Ramón.

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El 16 de abril a las 11:00 a.m. en el Centro de Eventos Pedregal estaremos compartiendo todas nuestras experiencias en Expo Kids, ojalá todas las mamás que estén leyendo este post pueda acompañarnos en este evento tan especial. Para conseguir una entrada hacé click en este link.

La Fundación Banco de Leche Humana Catalina Vega también estará presente en Expo Kids con un stand. Para conocer más acerca de su misión y como ayudar podés hacer click en donandoleche.org

Para leer la primera historia de lactancia y la dieta del amor de esta serie hacé click aquí.