Lectura recomendada antes de visitar a un recién nacido

Recien nacido

Lo recuerdo como si fuera ayer: mi sobrino menor acababa de nacer hacía una semana y fuimos por primera vez a verlo a su casa. Mi cuñada, recuperándose aún de una cesárea nos recibió a todos con una sonrisa, y estaba intentando ayudar a comer a mi sobrino mayor. En eso el bebé (quién hasta el momento había estado en su cuna tranquilo) empezó a llorar. Primero suavecito y luego poco a poco iba aumentando el volumen hasta transformarse en un llanto desesperado. ¿Qué hicimos nosotros? Nos quedamos sentados ahí, nada más viéndonos las caras, esperando instrucciones, sin dar el primer paso mientras que mi pobre cuñada trataba de partirse en dos. Ahora que soy mamá de dos, me doy cuenta del montón de cosas que estuvieron mal con esa escena. Ninguno ayudó, no porque tuviéramos malas intenciones, sino porque simplemente no teníamos idea de como manejar la situación y de qué se debe hacer o no cuando se visita a un recién nacido y a una mujer que acaba de dar a luz.

Hay decenas de posts online que instruyen lo básico: lávese las manos, no bese al recién nacido, no se quede mucho rato de visita, entre otras. Pero hasta el momento no he leído un post que resuma las cosas que a mí me facilitaron la vida durante las primeras semanas de vida de mis dos hijos, así que decidí hacerlo yo. He aquí mi manual de instrucciones para cualquiera que visite a un recién nacido y a su madre.

Recuerde que no sólo ha nacido un niño, ha nacido una mamá

Los bebés recién nacidos obsesionan a cualquiera. Uno podría quedarse viéndolos todo el día. Con mis dos hijos yo he pasado horas nada más viendo como suben y bajan sus pancitas cuando respiran mientras duermen. Es normal llegar a admirar al pequeño, pero no se olvide de preguntarle a la mamá cómo está. Esa mujer ojerosa y despeinada que está a la par del recién nacido es una guerrera: hace pocos días ha pasado por el mayor reto de su vida dando a luz al bebé y está recuperándose física y mentalmente de un parto o una cesárea. No está durmiendo casi nada y está en alerta constante por su bebé. Pregúntele cómo está, escuche su versión de la historia y hágale saber que lo está haciendo genial.

Trate de evitar las preguntas trilladas

Ningún bebé recién nacido duerme toda la noche (ni debería hacerlo), la mayoría come a cada rato, todos los bebés son buenos (así lloren mucho o no), así que esas preguntas sobran.

No espere nada de la visita, más bien pregunte cómo puede ayudar

Llegar a la casa de una persona que acaba de dar a luz y esperar una atención impecable, que incluya comida, bebidas y atención al 100% es desconsiderado e irreal. Pregunte en qué puede colaborar, lleve más bien usted la comida y las bebidas, ayude a lavar los platos que están en el fregadero, no espere que le reciban en la puerta (puede que haya crisis en ese momento) y más bien pregunte a los papás si hay algo en lo que usted podría ayudarles.

Si hay un hermano mayor, trate de darle buena parte de su atención

Esta yo no la entendí hasta que tuve a mi hijo menor. La verdad es que incluso siendo mamá, yo pequé de visitar a una familia con dos hijos y darle mucho más atención al bebé recién nacido. A los hermanos mayores les cambia el mundo cuando nace su hermanito, y necesitan de la atención tanto de sus papás como de los que visitan, aunque ya no “hagan tanta gracia” como un bebé. Juegue con el chico mayor y trate de no hablarle solamente acerca de su nuevo rol de hermano mayor, sino de darle una pausa en la que él sea el protagonista. Un niño haciendo un berrinche necesita mucho más amor y atención en ese momento que un bebé que duerme plácidamente, aunque nuestra mente adulta quiera ignorarlo. Por nada del mundo haga comentarios como “me voy a robar al bebé” o “ahora le quitaron a papi y a mami”, etc etc.

Siempre pregunte si puede o no alzar al bebé

Hay mamás que se sienten más cómodas si ellas son las que están alzando al bebé. Yo soy una de esas mamás. Siempre pregunte antes de alzar a un niño. Puede sonar exagerado para algunos, pero un niño no es un objeto para admirar, es una persona por respetar, y su seguridad en los primeros meses está en los brazos de sus papás. A todos nos fascina “chinear”, pero siempre pregunte antes. Y nunca, nunca pero nunca despierte a un bebé que duerme plácidamente solo por tenerlo en sus brazos o tomarse una foto con él.

Pregunte si ocupan algo del supermercado antes de ir

Esta es una que a mi me salvó la vida en los primeros meses de vida de mi segundo hijo. Con una niña de 2 años y un bebé en brazos, ir al supermercado me parecía una hazaña prácticamente imposible. Cada vez que mi suegra o mi mamá me venían a visitar me preguntaban que si ocupaba algo del supermercado y la respuesta casi siempre era sí, y siempre me ayudaba muchísimo lo que me traían. Así que haga la pregunta antes de ir, puede que le esté haciendo a los ocupados nuevos papás un gran favor.

Advertisements

La muerte del parque. Una historia de infancias perdidas

Parque

“Parka parka”, gritaba mi hija desde la puerta. Después de “papá”, “mamá” y “agua”, “parka” (su versión bebé de “parque”) fue una de sus primeras palabras. Es su lugar favorito, donde puede correr sin medida, ser ella misma, inventar, explorar, y lo ha sido así desde que tenía escasos meses. Es nuestro pedacito de verde, de tierra en este mundo de cemento, humo y pantallas brillantes. Todos sus vecinitos de la misma edad también iban, a veces mucho rato y hasta a ensuciarse, a veces poco y dentro de sus cochecitos (dependía de sus mamás), pero siempre iban. Se fue formando una “barra”, el grupillo de la misma edad que primero gateaba, luego caminaba, luego corría. Por ratos era como verlos vivir en otros tiempos, en tiempos que olían a libertad, en donde los niños eran protagonistas de su infancia, en lugar de andar dentro de un carro con sus papás, cumpliendo con su horario de actividades cuidadosamente planeadas. Me sentía dichosa de que mi hija pudiera crecer en un lugar así, que es privilegio ahora que las ciudades se planean dejando por fuera lo verde.

Y luego empezó a suceder, uno a uno los amiguitos del parque dejaban de llegar. Ya habían cumplido 1 o 2 años, y sus papás empezaban a sentir la presión. Jamás podían jugar todo el día, tenían que estar más estimulados. No por el sol, la tierra, la arena, las piedras, el agua, los sonidos de los pájaros, pero por pupitres de colores, letras y números. El miedo empezaba a apoderarse de las decisiones de sus cuidadores, miedo a que de alguna forma al estar “solo en casa” se estuvieran atrasando. Miedo a que se estuvieran aburriendo. Miedo a que su barrilla del parque no fuera lo suficientemente grande para lograr una apropiada socialización. No había estructura en el parque, al menos no una creada por adultos, los niños creaban sus propias reglas y ya era hora de adoctrinarlos en las del mundo.

Mañanas llenas de gritos y carreras se fueron quedando calladas. Areneros llenos de niños ya no se veían batidos y llenos de huecos hechos por sus manos y sus palas. Esas manos ahora estaban ocupadas, estaban recibiendo instrucciones de que hacer con un pedazo de papel o plastilina. Y poco a poco se fue vaciando hasta que solo quedamos dos. A veces nos visita una ardilla, o el grupo de patitos que vive en el lago, algún pajarito que se antoja de la fruta que estamos comiendo. El parque se sigue llenando en las tardes, pero ya no es la actividad alrededor de la cual gira el día, sino el descanso para los chicos que han pasado el resto del día siguiendo instrucciones y por una hora pueden volver a inventar las suyas. Ya sus mentes no se usan tanto para construir castillos de las hojas caídas de las palmeras… pero saben sumar, restar y recitar las formas y colores.

 

¿Tendré suficiente leche?

Ali TreeofLife

Lo he visto pasar muchas veces entre amigas, familiares, conocidas y no tan conocidas. Una mamá que sueña con ilusión desde su embarazo con amamantar a su bebé, ojalá de forma exclusiva… y luego nace el bebé. Entre los primeros días llenos de hormonas, dudas, consejos mixtos y gente visitando surge la misma duda (y si la mamá no se la ha preguntado, sin duda alguien más se la sugerirá): ¿tendrá suficiente leche para amamantar a su bebé?

De todos los mamíferos, los humanos somos los únicos que nos planteamos esa duda. La mayoría de las otras especies deja que su cría llegue a su pecho y se olvida del asunto, pero nosotros en parte por costumbre y en parte por cultura siempre nos cuestionamos. Por supuesto que existen personas que por razones variadas (quirúrgicas, fisiológicas o de otra índole) que no pueden amamantar a su bebé o no pueden cubrir todas sus necesidades calóricas con sólo leche materna. También hay personas que por decisión propia (basada en una serie de factores) toman la decisión de no amamantar. Este post no tiene como intención minimizar o invalidar a las personas que no han podido o querido amamantar, tampoco juzgarlas, presionarlas o “convencerlas” de cambiar de opinión. Este post está dirigido a la mamá que quiere amamantar con todas las ganas y que por alguna razón se está haciendo esa pregunta.

Cuando una mamá se plantea la pregunta de si tendrá suficiente leche usualmente se basa en ciertos parámetros, primero vamos a hablar de dos de los más comunes, que son falsos y que causan muchas veces que se abandone la lactancia.

El primero es que el bebé no “aguanta” 3 horas entre toma y toma. Muchísimas veces en foros de mamás he leído consultas de personas preocupadas porque su hijo no aguanta 2, 3, 4 horas (o cualquiera que sea el número arbitrario que se ha establecido como ideal). Esta no es una razón para pensar que no se tiene suficiente leche. Los bebés, tanto recién nacidos como más grandecitos no tienen porque aguantar ninguna cantidad establecida de tiempo entre tomas. Ellos nacen con la capacidad de autoregularse y cuando necesitan más leche la toman más frecuentemente, no hay porque asustarse si un día (o incluso muchos días) quieren amamantar mucho más seguido, por eso se dice que la lactancia es a demanda.

El segundo parámetro que hace que las mamás tengan dudas con respecto a su producción de leche es que la cantidad extraída con un sacaleches es baja. Esta tampoco es una razón para pensar que no se tiene suficiente leche. Un sacaleches no es un bebé, no succiona tan eficientemente como un bebé, ni provoca en la mamá la misma reacción fisiológica que provoca un bebé. Hay personas cuyo cuerpo responde de manera súper “buena” a un sacaleches (lease, pueden extraer una cantidad significativa) y otras que no. Por ejemplo con mi primera hija yo no logré sacarme más que 1 oz de cada pecho con un extractor, sin embargo ella recibió lactancia exclusiva por más de un año, aumentando de peso de forma apropiada, o sea obviamente recibiendo mucho más que 1 oz en cada toma. Con mi segundo hijo (y un sacaleches más poderoso) logro extraerme un poquito más, pero para hacerlo debo estar súper relajada y hasta ver una foto de él para lograrlo, mientras que cuando me lo pongo al pecho la leche simplemente baja. No se debe tomar la cantidad de leche que se extraiga como una medida de lo que está comiendo el bebé en cada toma.

Ahora, existen casos en los que el bebé no está aumentando de peso apropiadamente y no se está desarrollando adecuadamente y eso sí ocasiona que se levanten todas las advertencias de poca producción de leche. En esos casos, de la mano del pediatra y una excelente consultora de lactancia se pueden considerar varios pasos a tomar. Voy a mencionar algunos en el post porque usualmente no les son mencionados a las mamás en las consultas de “niño sano” y valen la pena evaluarse con los profesionales adecuados. Estos pasos podrían ayudar a una mamá a lograr sus objetivos de lactancia.

Revise el agarre de su bebé al pecho

La lactancia es un asunto de oferta y demanda. Entre más vacíe el pecho el bebé, más leche se produce, pero para vaciar el pecho de una forma eficiente un bebé tiene que tener un buen agarre y estar bien colocado. A veces la mamá tiene poca producción de leche, pero no porque su cuerpo no sea capaz de producir la cantidad apropiada, sino porque al tener mal agarre, el bebé no está “demandando” de la forma adecuada para que el cuerpo produzca la cantidad necesaria. Este link de La Liga de la Leche tiene información valiosa al respecto.

Chequee que su bebé no tenga frenillo lingual y/o frenillo labial

screen-shot-2017-03-05-at-7-07-59-pm

Mi hijo menor a horas de haber nacido: “rockeando” y enseñando su frenillo lingual.

Yo no sabía nada de los famosos “frenillos” antes de tener a mis hijos. Los frenillos son pliegues verticales de membrana mucosa, ya sean de la cara interna del labio superior a la encía (labial) o de la lengua al suelo de la boca (lingual), que impiden la movilidad normal, impidiendo así un buen agarre del pecho o una adecuada succión. En este link se aclara la influencia y consecuencias en la lactancia materna.  Un frenillo debe ser evaluado por un profesional, quien determina de acuerdo a su criterio los pasos a tomar.

Cuando tuve a mi hija no noté que tenía frenillo labial sino hasta el final de nuestra relación de lactancia. Muchos de los problemas por los que pasamos, como mis constantes mastitis y conductos bloqueados muy probablemente se debían a ese frenillo, que no permitía el mejor agarre. En nuestro caso tuvimos la suerte de que no interfirió con su desarrollo, ya que de alguna manera ella lograba sacar la lechita que ocupaba, pero también es casi seguro que hubiéramos tenido aún más éxito sin ese factor en juego. En el caso de ella el problema se resolvió solo, pues en Navidad del año pasado tropezó y cayó de boca y el frenillo se despegó con el golpe (suena feo, se vio feo, pero para verle el lado positivo a una mala situación, no tuvo que hacerse un procedimiento para removerlo).

Con mi hijo menor tuvimos la suerte de tener una muy observadora pediatra en la sala de partos, quien de inmediato detectó su frenillo lingual y desde antes de salir del hospital una odontopediatra pudo removerlo, mejorando de inmediato su agarre e impidiendo cualquier futuro problema de lactancia.

Aproveche las tomas de la madrugada

A nadie le gusta mucho despertarse de madrugada, de hecho una de las más frecuentes preguntas a los nuevos papás es ¿ya duerme toda la noche?. Sin embargo, nadie nos explica antes de ser mamás de la importancia de las famosas tomas de madrugada y de por que muchos bebés las necesitan. Resulta que en las madrugadas hay un pico en la producción de prolactina en las mamás, la cual es una hormona que contribuye a la producción de leche. Hay bebés que pueden dormir toda la noche sin que eso afecte la producción de leche de sus mamás para el día, pero una gran cantidad de bebés necesitan amamantar al menos un par de veces en la noche o madrugada para lograr mantener una adecuada lactancia.

La lactancia a demanda también implica ofrecer el pecho

Decir “lactancia a demanda” trae muchísimas ideas y nociones preconcebidas a la mente. Le pregunté a varias amigas que significaba para ellas y estas fueron algunas de las respuestas:

“Dar el pecho cuando el bebé lo quiera”

“No ver el reloj cuando se da de mamar”

“Amamantar cuando el bebé lo pida”

Todas las respuestas tienen algo de verdad, pero hay un aspecto que no se habla suficiente acerca de la lactancia a demanda (en especial en los primeros meses) y es que el pecho también se debe ofrecer. Muchas veces se piensa erroneamente que respetar al bebé significa no ofrecerle el pecho si no está demostrando expresamente que tiene hambre, pero hay que recordar que “no ofrecer, no negar” es una técnica de destete.

La mejor técnica durante los primeros meses es ofrecer el pecho al bebé con mucha frecuencia, además de darlo en los momentos en los que es obvio que el bebé tiene hambre. Los recién nacidos son muy dormilones, y si no se les ofrece el pecho con frecuencia, pueden pasar muchas horas entre toma y toma y esto puede afectar la producción de leche materna por un asunto de “oferta y demanda”. Además, el pecho no se da sólo para cumplir un requisito calórico, muchas veces a los bebés también les gusta tomar teta por confort, por frío (para calentarse con mamá), por calor (para saciar la sed y mantenerse hidratado), para quedarse dormidos, entre otros.

No piense en la lactancia como un todo o nada

Puede ser que luego de consultar a un profesional en lactancia y chequear todas las posibilidades sea igual necesario suplemental de alguna forma a su bebé ya sea por un tiempo limitado o por un tiempo indefinido. En ese caso, lo mejor que puede hacer es no pensar en la lactancia como un todo o nada. En otras palabras, toda gota de leche materna cuenta.

Si está leyendo esto en Costa Rica y tiene dudas con respecto a su producción de leche materna, aquí voy a dejar 3 links de excelentes profesionales en el tema de la lactancia:

Liga de la Leche

Lactanza

Impronta

Cosechando con niños: Una huerta para los más pequeños de la familia

huerta-urbana

Nuestra huerta urbana

Siempre estoy buscando formas de involucrar a mi hija de dos años en labores del hogar, de hecho hace un tiempo escribí un post acerca de cosas que los niños pueden hacer en casa. Además, siempre estoy buscando maneras de que nuestro hogar sea más autosuficiente, y una huerta (por más pequeña que sea) es la manera perfecta de empezar. Desde hace un par de años teníamos una serie de plantas comestibles organizadas en macetas sobre bloques de cemento (fotos aquí), pero a finales del año pasado decidimos hacer una huerta más en forma, con “eras” para cada cultivo, y como teníamos un espacio desocupado en el patio, decidimos sacarle el máximo provecho haciéndola ahí.

Desde el inicio la huerta fue un éxito con mi hija porque ha podido participar de todo el proceso, desde la siembra de las semillas, hasta el riego y la cosecha. Al día pasa por lo menos una hora del día en “labores de huerta” (¡mejor que cualquier juguete!) y poco a poco ha ido aprendiendo los nombres de las plantas, hasta el punto que le encanta cuando la mandamos a buscarnos albahaca, romero o alguna otra hierba para cocinar.

 

regando-huerta

Los inicios de la huerta

La huerta mide 240 cm por 90 cm. Para hacerla primero removimos todo el zacate que tenía esa área del patio y mezclamos la tierra que existía con tierra abonada con lombricompost. Luego colocamos bloques de 20 x 20 x 40 cm para hacer un rectángulo y rellenamos todo el área y los huecos de los bloques de tierra abonada. Dividimos el rectángulo en “eras” y sembramos una planta de chile dulce y varias lechugas en plántula, pero el resto fue sembrado con semillas directo a la huerta. Pusimos también al lado un camino de piedritas y baldosas de cemento para que fuera más fácil darle mantenimiento, y a unos cuantos pasos de la huerta sembramos una planta de papaya que va creciendo poco a poco; el próximo paso es sembrar un par de árboles frutales más.

suzy-sheep

En el proceso de siembra también participan algunos amigos como “Suzy Sheep”

Después de unas semanas de regarla diligentemente empezaron a brotar las plantas: rúcula, romero, albahaca, lavanda, orégano, lechugas, zanahorias, chiles panameños, ají dulce, chiles jalapeños (le explicamos cuales eran picantes y a la fecha no los toca), apio, chiles dulces, tomates, culantro coyote y alfalfa.

La parte más emocionante para mi hija ha sido cuando ha podido cosechar algún vegetal, tan emocionante que en un par de ocasiones ha arrancado cosas antes de tiempo, como un chile dulce verde o la mini zanahoria de la foto de abajo, a la cual le hacían falta unas cuantas semanas para estar lista… pero esas han sido también oportunidades de aprendizaje que no tendría si no fuera por la huerta.

zanahoria

Así se ve una zanahoria, semanas antes de estar lista.

Una excusa para jugar con tierra y agua todos los días, una oportunidad de enseñar de dónde viene la comida, una forma de darle autosuficiencia al hogar… una huerta es una escuela constante para los chicos. La ventaja es que para hacer una no se necesitan de hectáreas de terreno en una finca, solamente un pequeño espacio y un poco de imaginación.

¡Feliz Año Nuevo!

carranzabrenes

gabriel

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en el blog, y con buena razón. El 15 de noviembre del año pasado a la 1:32 am le dimos la bienvenida al nuevo miembro de la familia: nuestro segundo hijo Gabriel. Los últimos días han estado llenos de sonrisas, pañales, desveladas y cambios mientras que nos adaptamos a ser una familia de 4. Pero ya pasaron las semanas más locas y con este nuevo año estoy muy emocionada de retomar este espacio.

En este 2017 se vienen cosas lindísimas para el blog: más episodios de Niños a la Cocina, más posts de lugares para salir con niños y bebés que tengo varados desde hace mucho tiempo, un cambio de look para el blog y algunas sorpresas más. Espero que me acompañen en este nuevo año, que se suscriban al blog si no lo han hecho ya y que hagan de este también su espacio, nuestra pequeña comunidad de cosas de niños, comida y aventuras.

Por mientras los dejo con este video, un resumen de nuestras primeras semanas siendo 4, y el primero de una serie de 12 videos en los que documentaremos el primer año de nuestro hijo, al igual que lo hicimos durante los primeros 365 días de nuestra primera hija Ali. ¡Feliz Año Nuevo!

Gabo Aventuras 1: Bienvenido al mundo from Gloriana Brenes on Vimeo.

Sintonizando “radio teta” 

Hay temas de la maternidad que son tan tabú que casi nadie los toca. Se me ocurre por ejemplo, el miedo que da ir al baño la primera vez después de dar a luz, o la primera llorada del post parto, en donde uno está demasiado feliz pero por alguna posesión hormonal extraña de repente nada más estalla en llanto… Otro tema del que casi nadie conversa es como a veces (muchas veces) a los bebés les encanta tocar los senos de su mamá (aunque hay bebés que no discriminan y también les gusta hacer lo mismo con los senos de sus otras cuidadoras). 

“¡Nunca había visto a un bebé hacer eso!”- me dijo sorprendida una conocida la primera vez que vio a mi hija con la mano entre mi blusa mientras que amamantaba. Por supuesto la “nerd” que hay en mi sintió la necesidad de explicarle cómo es un proceso absolutamente normal y que los bebés lo hacen usualmente para estimular la bajada de la leche, pero que va, lo único que me ganó mi explicación fue otra mirada rara y un “mis hijos jamás lo hicieron”… Ok, yo lo intenté. Están tan sexualizados los senos que apenas y nos hemos ido haciendo a la idea como sociedad de que está “bien” usarlos para amamantar, pero el toque de los senos sigue siendo una cosa reservada exclusivamente para la intimidad de pareja, o para el auto examen de mamas… Un bebé tocándole el seno a su mamá puede ser visto como fuera de lugar, e incluso como una conducta a corregir.

No siempre fui tan “liberal” (a falta de una mejor palabra) con mis pechos; de hecho quizás si hubiera visto a un niño “sintonizando radio teta” (un término que me parece de lo más apropiado y jocoso) antes de ser mamá también lo habría visto como algo raro. Pero todo empezó en la labor de parto de mi primera hija. La enfermera que estaba asistiendo el parto en un momento sugirió estimular los pezones para ayudar al proceso y así empezó una tocadera que duró un par de horas hasta que di a luz. Ahí perdí todo prejuicio y cuando inicié la lactancia sabía que en algún momento en el futuro quizás mi hija utilizaría sus manos como parte del proceso de lactancia y cuando ocurrió lo asumí como normal.

Luego de su destete (esa historia la relato aquí) yo noté que aunque mi hija no estaba interesada en amamantar, si seguía “sintonizando”, en especial cuando tenía sueño. Pude haber “cortado” de inmediato la conducta, pero la verdad nunca me molestó ni lo vi con malicia y más bien sentía que si bien ella ya no quería leche, continuaba de alguna manera apegada al pecho y decidí dejar que eso fuera mermando de forma natural. 

Con el tiempo la frecuencia ha disminuido y ahora sí estoy activamente tratando de redirigir su atención cuando ella quiere hacerlo porque en esta etapa de mi segundo embarazo a veces me provoca contracciones. Aún así ha sido un proceso súper respetuoso y lento, considerando sus necesidades y las mías. 

Escribí este post porque a veces escriben mamás angustiadas porque su bebé usa sus manos cuando amamanta y quiero poner mi granito de arena en desmitificar la “sintonizada”. Por supuesto que si la mamá se siente incómoda o le molesta el toque, puede buscar maneras de cambiar la conducta (con un collar de lactancia, dándole besitos en la mano al bebé, etc) pero si la mamá está simplemente estresada porque asume (o le han dicho) que es una “maña” incorrecta, entonces le digo: no está sola, es normal y es parte del proceso natural de lactancia. 

Cómo viajar (sin bebé) en media lactancia de forma exitosa

Los viajes que no incluyen a bebé (ya sean por ocio o trabajo) generan en las mamás lactantes muchísimas preguntas: ¿Es posible continuar con la lactancia? ¿Cómo se mantiene una producción apropiada de leche sin el bebé mamando todo el día? ¿Cómo se transporta toda la leche extraída durante el viaje?… Para responder a esas preguntas hoy una mamá súper campeona me ayudó escribiendo un post al respecto. Indiana es una exitosa comunicadora, quien por motivos de trabajo ha tenido que viajar 5 veces durante los primeros 8 meses de su bebé y lo ha logrado sin problemas. Espero que su experiencia pueda inspirar a otras mamás y darles las respuestas que necesitan con respecto a este tema. ¡Trabajar, viajar y amamantar sí se puede lograr!

pump-and-work

La primera vez que me dijeron que tenía que salir del país en período de lactancia por motivos de trabajo, sentí que el mundo se me venía abajo. Mi hijo –quien no había cumplido aún sus 4 meses- y yo estaríamos separados por 11 largos días; mi destino era ni más ni menos que Taiwán y Japón.  Así que ahí estaríamos cada uno en un extremo diferente del mundo; él extrañando su teta y yo extrañando esos instantes. En total he tenido que salir 5 veces de viaje y la verdad es que la extracción a distancia no siempre resulta sencillo, pero si uno se lo propone definitivamente se puede mantener la producción sin problema! Quise compartir mi experiencia para todas aquellas mamás que al igual que yo no sabían como hacer para manejar su lactancia y viaje de forma paralela.

Aquí les comparto un listado de tips que sin duda creo que les puede ayudar:

  1. Intentar seguir a reloj los horarios de comida: Claro que resulta difícil porque muchas veces cuando se viaja por trabajo hay reuniones, almuerzos o distintas actividades que limitan un poco mantener los mismos horarios. Yo intentaba en la medida de lo posible pensar que mi hijo estaba conmigo para así mantener los horarios de lactancia. Mi primera extracción la hacía siempre en la mañana y luego mantenía la constancia en el día y hasta la noche. Claramente no me despertaba de madrugada, pero a la mañana siguiente amanecía llena de leche lista para realizar una extracción.
  2. Cargar un sacaleches manual y uno eléctrico: Antes de viajar una amiga me dio su sacaleches manual y hasta la fecha hemos sido inseparables. Siempre me gustó más el sacaleches eléctrico pero lo cierto es que los enchufes a veces son limitados. En este caso y si se quiere mantener la constancia, también debemos tener la flexibilidad de sacarnos leche donde sea y cuando sea. Yo me he sacado leche en aeropuertos, baños, salas de lactancia, aviones, etc. Se pueden imaginar que en un viaje de cómo 20 horas uno debe sacarse leche no una sino varias veces! En este caso, recomiendo complementar lo rápido del sacaleches eléctrico con la flexibilidad que te da el sacaleches manual.
  3. Esterilizar y limpiar: En mi viaje a Asia terminé botando –con el dolor de mi alma- toda la leche. Ahí no tenía la posibilidad de almacenarla y dado el tiempo de viaje fuera y el largo viaje de regreso no tenía posibilidad de traerla de vuelta. Luego de cada extracción, botaba mi leche.  En los últimos viajes sin embargo el escenario fue otro, ya que mi destino era Guatemala y claramente eso me servía para que el tiempo de viaje no fuera tan extenso y por lo tanto podía traerme la leche de vuelta.  En este caso, fui muy estricta con el tema de esterilización. Conseguí bolsas para esterilizar y solicité en el hotel un microondas para esterilizar los chupones luego de cada sacada. El hotel se comportó excelente y me ayudaron con mi solicitud, así que mantuve la constancia tanto de la extracción como la exigencia en la esterilización.
  4. Equipo para mantener el frío: Ya sabiendo que me podía traer la leche de vuelta para mi gordito, tenía que prepararme para guardar mi leche de la mejor forma.  En el hotel guardaba las bolsitas en el mini-bar o refri que tuviera el hotel y así se iban a mantener frías por varios días.  Ya luego para el regreso a Costa Rica compré unos ice-packs y una hielera de estereofón (que es buenísima para conservar el frío), y dado que mi estadía en Guatemala era corta y no tuve que congelar mis leches, decidí traérmela dentro de la hielera de estereofón llena de ice-packs. Cerré la hielera con bastante tape grueso y al llegar al aeropuerto la forré de plástico y la registré como equipaje. Eso sí, al entregarla indiqué que lo que llevaba era leche materna, le escribí por todo lado que era algo frágil y coloqué flechas hacia arriba para que no me la movieran tanto.  Por sorpresa llegó INTACTA! Claro eso fue la segunda vez que lo intenté, ya que mi primer intento no fue tan exitoso; pero bueno como dicen por ahí “la práctica hace al maestro” ☺
  5. Dar al bebé en chupón leche materna (al menos la última antes que vos llegués): En mi caso tuve siempre mucha leche y tuve la oportunidad de dejar un stock bastante grande de leche. Antes de salir de viaje me extraje aún más cantidad para asegurar que iba a tener suficiente mientras me ausentaba. Sin embargo los escenarios pueden ser distintos. Si vas a dar fórmula para complementar, te recomiendo que dejés algunas de tus leches para dar hacia el final de tu viaje y siempre mantengas la entrega de leches de forma mixta; es decir no dar un día completo solo fórmula sino mezclarlo para que bebé sienta ambos sabores sin que se llegue a acostumbrar solo a la fórmula.  En unos de mis viajes no me iba a alcanzar el stock así que le solicité a quienes cuidaron de mi hijo que el último chupón que le tocaba antes que yo llegara fuera de leche materna, así podía ayudarlo a que se recordara de mi lechita.
  6. Llegar a dar teta:  Cuando viajé la primera vez tenía dos grandes miedos: 1) que no pudiera sacarme la leche y se me llegara a hacer una mastitis y 2) que mi hijo se olvidara de mi teta.  El primero obviamente lo podía controlar yo con las constancias de las extracciones pero el segundo me asustaba un poquito porque no dependía realmente de mí.  De eso no hay que preocuparse! Vas a ver que en cuanto te vea bebé va a querer nuevamente tomar pecho como si nada hubiera pasado. Yo lo que procuré hacer es al regreso venir llena de leche y lista para dar de mamar! Mi hijo –hasta la fecha en los viajes que he hecho más recientes- se me pega como si nada hubiera pasado y creo que tanto él como yo, disfrutamos de ese reencuentro como nada más en este mundo!

Sé que es muy difícil y uno piensa que el mundo se acaba cuando aparecen esos viajes sin bebé en media lactancia, pero créanme es posible. No aflojen y verán que el esfuerzo vale enteramente la pena!  Finalmente, ya que están de viaje sin bebé aprovechen también el tiempo para ustedes que es muy válido, disfruten y duerman rico! Al final de cuentas, regresarás a abrazar a bebé más pronto de lo que te imaginás. ☺