¡Bienvenido al mundo!

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Hace una semana cumplió un año mi hijo menor Gabriel, y tal como lo hice con su hermana en su momento quise sacar un rato para escribir la historia de su nacimiento, para poderla tener por escrito y que en el futuro él pueda conocer la manera en la que llegó al mundo y a nuestras vidas. Este es un post súper personal, de una experiencia súper personal y está teñido de subjetividad, porque para mí los partos de mis hijos han sido muchísimo más que simples procesos fisiológicos: han sido experiencias profundamente espirituales que me han marcado de por vida. En ambos he tenido visiones y epifanías que pueden decir más de cómo yo percibo el mundo que de otra cosa, sin embargo para mí estas experiencias sobrenaturales han sido ciertas y quiero que mis hijos las conozcan, así que si el post suena demasiado hippie o “chancletudo” es simplemente porque quien lo escribe es así.

“Gabo” nació un 15 de noviembre, a las 1:32 a.m. en el Hospital de Heredia, bajo la luz de la superluna, la luna llena más grande y brillante de los últimos 68 años. Tenía ya un par de semanas de tener contracciones y estar en “falsa labor”, una experiencia de lo más desesperante en la cual uno tiene contracciones dolorosas que parecen seguir un patrón como el de la labor de parto, pero que no causan cambios cervicales y acaban por parar en algún momento del día sin llegar a más. Así que cuando fuimos esa noche a que mi hermano (quien es casualmente mi obstetra) me revisara, íbamos con bajas expectativas de que ese fuera el día en el que iba a nacer, sin embargo 6 horas después lo estábamos conociendo.

Desde la mitad del embarazo de Gabriel habíamos decidido que él nacería en el Hospital de Heredia, lo cual cambiaba un poco las cosas comparado con el nacimiento de Ali pues no tendría una habitación sola para pasar la labor de parto donde yo pudiera hacer mis “chancletudeces” de poner aceites esenciales, música, etc. Sin embargo debo admitir que me sentí mucho mejor pasando la labor en compañía de otras mujeres, había un ambiente de sororidad, todas estábamos en la misma sintonía y me sentí mucho más acompañada. Mi esposo estuvo ahí conmigo todo el tiempo, e igual pude escuchar la música que quise porque llevé audífonos de los que bloquean el sonido y con eso y mis playlists sentía como que estaba en otro mundo.

Al igual que con Ali, hice un playlist de música relajante que pensaba escuchar durante toda la labor de parto, pero por alguna razón acabé escuchando la mayor parte del tiempo una sola canción: I Surrender de Hillsong United. No tengo palabras para describir lo que representó esa canción para mí en ese momento; yo siempre describo mis labores de parto como “trances”, porque estoy como en una realidad alterna en la que mi único enfoque es recibir a mis hijos, conectarme con ellos y con Dios que me los confía en ese momento para ser su guardiana y guía en este mundo. Cada palabra de esta canción iba tomando más y más significado conforme las horas se extendían y las contracciones aumentaban en dolor y frecuencia, me estaba rindiendo de cierta forma ante Dios, su voluntad, ante el proceso, ante la vida. Tanto se da cuando uno es mamá, tantas son las cosas de las que uno no tiene control, y todo empieza en ese momento, en el momento en el que su hijo está en ese limbo entre ser parte de nuestro cuerpo o pasar a ser una personita aparte, fuera de nuestro cuerpo en este mundo. Esta canción me guío, me motivó y me ayudó en cada segundo de la labor de Gabriel y hasta la fecha cuando la escucho se me ponen los pelos de punta.

Tenía conmigo también un “amuleto” que me habían hecho mis amigas más cercanas con la ayuda de otra amiga muy especial hecho especialmente para ese momento, para que me recordara que aunque no estuvieran conmigo y aunque no estuvieran sintiendo lo que yo sentía, detrás mío habían muchas mujeres lindas, poderosas y valientes que me acompañaban y me daban fuerza. Luego llegó EL momento, esa sensación que solo viviéndola se puede describir, esa urgencia, mezclada con emoción, ese momento donde uno sabe que ya va a ocurrir, que en unos minutos estará ese bebé tan esperado, tan amado en nuestros brazos.

Con Gabriel fue aún más rápido que con Alicia, mi esposo tomó un video de todo el proceso y fueron 5 minutos desde que entramos a la sala de parto hasta que mi hermano lo recibió en sus manos, otro bebé recibido por su tío, saliendo de un lugar lleno de amor, llegando a un lugar lleno de amor. Siempre estaré eternamente agradecida con mi hermano por darme esa oportunidad, y por recibir a sus sobrinos con tanto cariño. Esta foto refleja todo lo que se sintió en ese momento: Gabo aún pegado a mí, mi mano sobre mi hermano en agradecimiento y una querida amiga de la familia revisándolo y asegurándose que todo estuviera bien.

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Ya ha pasado un año y pico desde ese momento y puedo recordarlo aún como si fuera ayer: 2860 gramos, 51 centímetros de perfección y guapura. Lo primero que dije cuando me lo pusieron en el pecho fue “que machito que es”, porque con costos se le veían las cejas. Aún no puedo creerlo cuando lo veo tratando de dar sus primeros pasitos, que hace tan poquito estaba adentro mío y la jornada tan bonita que pasó para llegar a aumentar nuestra familia.

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Te amamos Gabriel

❤ 

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