Café con niños: los mejores lugares para pasar una tarde lluviosa con los más pequeños de la familia. |Chinchillete Café| 

Esta es una serie de posts dedicados a descubrir y disfrutar cafés “kid-friendly” en Costa Rica.

Barrio Escalante en San José se ha llenado de vida en la última decada. Entre el Festival Gastrónomico que repleta sus calles una vez al año, y la gran oferta de restaurantes, pubs y cafés, este barrio se ha convertido en EL lugar para disfrutar de buena comida, con opciones para complacer a todos los gustos.

Cualquiera que lea este blog con relativa frecuencia sabe que prefiero pasar mis días en familia paseando en la naturaleza, pero en temporada lluviosa me gusta buscar refugio en algún café, disfrutar alguna cosa rica de comer y disfrutar de conversar con amigos mientras mi hija se divierte. Como mamá de una niña de 2 años (con uno en camino), encontrar un lugar que reúna todas las condiciones para que toda la familia la pase súper bien a veces es un poco difícil. Hay cafés súper lindos pero con espacios muy pequeños que no permiten que los pequeños exploren y estiren sus piernas, lugares con comida deliciosa, pero baños incómodos para cambiar un pañal, y lugares cuyo ambiente es muy atractivo para adultos, pero poco amigable (o incluso peligroso) para niños.

Por estas razones decidí empezar esta serie de posts de Café con Niños, para poder compartir los lugares que he descubierto para pasar la tarde en familia.

El primero que les voy a compartir está ubicado justamente en una de las callecitas de Barrio Escalante. Con una promesa de café, waffles, wi-fi, libros y cerveza, Chinchillete atrae a sus visitantes a ingresar por sus puertas. Una vez adentro de esta casa vieja, renovada y decorada de forma súper atractiva, uno se siente más en la casa de algún amigo que en un negocio. El local está lleno de salas, libreros y rincones acogedores para hacer de la hora del café un momento cómodo y relajado. El menú de waffles salados y dulces es delicioso para todas las edades (mi hija amó el “Fru-Fru”, con yogurt griego, blueberries y miel de abeja) y las cervezas mantienen a los mayores entretenidos.

Hay espacio de sobra para que los niños no se sientan “atrapados” y muchos juegos de mesa para entretenerse (mi hija y otros niños de su edad pasaron horas con el Connect 4 y el Jenga). Hay libros súper interesantes y súper entretenidos (Darth Vader and Son, por favor no se lo pierdan) y “juguetes” que les resultan súper divertidos a los grandes y pequeños (un Gollum de peluche por ejemplo).

Pero además de todo lo que he contado, lo que terminó de conquistar mi corazón de mamá fue el baño: amplio, con una banca que puede funcionar perfectamente como cambiador o como asiento para un “mini acompañante” (eso de ir al baño sola cuando uno tiene un niño pequeño es practicamente imposible).

Chinchillete Café está ubicado en Barrio Escalante, de Olio (línea del tren) 100 m Norte (cuadra corta) y 50 m Este. Abren de martes a sábado de 2 pm a 10 pm. Este es link de su página de Facebook.

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Ser feliz, ¿es lo más importante?

Feliz

Últimamente he escuchado muchos comentarios de mamás y papás que, por amor a sus hijos, afirman que lo más importante es que ellos sean felices. Aunque estoy completamente de acuerdo con la frase y creo que todos debemos aspirar a lo mismo, pienso que hay algo en la ejecución que nos está fallando y que estamos cometiendo un error en la manera de utilizar esas palabras. Antes de que usted, querido lector, piense que soy una gran amargada, quiero explicarme mejor.

Queremos que nuestros hijos sean felices, por supuesto. Pero no les estamos enseñando a serlo, y si hay algo que he entendido en mi corta existencia es que la felicidad es justamente eso: un estado aprendido, y no simplemente una emoción transitoria provocada por alguna situación igualmente transitoria. Perseguimos el placer, y cuando lo alcanzamos lo llamamos felicidad. Decimos que somos inmensamente más felices cuando conocemos un lugar nuevo, cuando podemos hacer solamente lo que nos gusta en un día y cuando la vida nos sonríe, pero ignoramos que podemos serlo incluso cuando no nos ocurre ninguna de estas cosas, incluso cuando tenemos un día lleno de situaciones que no nos gustan, porque ninguna de ellas debería de definir nuestro estado de ánimo.

Como a nosotros nadie nos ha enseñado esa destreza, tampoco tenemos idea de como enseñarla a nuestros hijos. Como nosotros la hemos pasado mal en situaciones que nos han resultado incómodas, entonces queremos evitárselo a toda costa a nuestros hijos. Queremos que siempre estén llenos de gozo y en ese afán les repetimos: “lo más importante es que sea feliz”. Pero esa frase así sola, siempre me ha parecido que es como darle las llaves de un carro a una persona sin enseñarle a manejarlo. Los niños crecen, y cuando se dan cuenta de que es imposible pasar en un estado de perpetua sonrisa, pueden llegar a sentir que la vida les debe algo, o que se confabula en su contra o que algo no está saliendo bien. Además, en este mundo hiper-comunicado tienen decenas de oportunidades al día para compararse con otras personas en redes sociales, en donde ya todos sabemos que sólo se comparten los mejores momentos.

Creo que hay ciertas cosas que podemos hacer como papás para que nuestros hijos puedan ser realmente felices en la vida, y ninguna de ellas incluye evitarles los momentos difíciles. He aquí mis ideas:

Inculcar una mentalidad de servicio a los demás

Una mentalidad de servicio a los demás empieza por enseñar y modelar el valor de la humildad. Se nos vienen varias cosas a la cabeza cuando pensamos en una persona humilde, pero yo lo menciono pensando en esta definición que leí una vez: “ser humildes no significa pensar menos de nosotros mismos, significa pensar menos en nosotros mismos”. Es muy fácil sentirse desafortunado si todas nuestras energías están enfocadas en hacer de nuestra vida un cuento de hadas. En lugar de eso sería excelente que le enseñásemos a nuestros hijos a preguntarse todos los días “¿cómo puedo ayudar a alguien a tener un mejor día hoy?”. Nunca es muy temprano para aprender, incluso en mi hija de 2 años busco constantemente situaciones en las que pueda modelar esto para ella y pueda impulsarla a que ella haga lo mismo por alguien. A veces es un familiar, a veces es un desconocido,  a veces es un animalito (los ama), pero todos los días buscamos la oportunidad.

No es necesario dedicarse a obras altruistas para vivir una vida de servicio, pero sí tener una mentalidad de constante búsqueda del bienestar de quienes nos rodean. No me refiero a enseñar a nuestros hijos a ser unos mártires o a ponerse de últimos toda la vida, pero sí a que no siempre y no en todo deben estar enfocados solamente en ellos mismos. Hay una satisfacción y una felicidad que solamente viene de ver el efecto que puede tener una acción desinteresada de nuestra parte para otra persona.

Enseñar a través del ejemplo que no son las situaciones lo que define nuestra vida

De nada nos sirve repetir como loras que la felicidad se puede encontrar en cualquier situación si nosotros nos sentimos constantemente infelices. Es un ejercicio que empieza por el profesor. Las personas más optimistas y contentas que conozco usualmente tuvieron un buen ejemplo en su infancia de como comportarse en distintas situaciones adversas. Que conste que en ningún momento hablo de pedirle a nuestros hijos que nieguen o escondan sus emociones, ni que nosotros hagamos eso. Por supuesto que hay cientos de situaciones en la vida que nos harán sentir tristes, enojados, frustrados y que no son lo que desearíamos estar viviendo. En ese momento necesitamos sentirnos de esa manera y expresarlo, sin embargo nos hacemos un gran daño si seguimos reviviendo esa situación, utilizándola como excusa para nuestros comportamientos futuros o dejando que nos defina. Nosotros escogemos en cada momento quienes queremos ser, como nos queremos comportar y la manera en la que escogemos ver nuestra vida. Conforme maduran emocionalmente nuestros hijos, ellos también pueden aprender esta manera de vivir.

Guiarlos para que construyan una vida que les agrade, sabiendo que ninguna vida es perfecta

Cada persona debe encontrar su vocación en la vida y lo ideal sería que sus padres lo apoyaran a hacerlo. Decidir quienes queremos ser es una decisión consciente que muchas personas la hacen de manera inconsciente o automática. Creo que los padres de esta generación están haciendo un fantástico trabajo en esto, últimamente no he escuchado la frase “debe ser abogado pues su papá fue abogado” o, “debe ir a X universidad”, y eso es algo maravilloso. Sin embargo creo que no estamos quedando cortos con sólo ese apoyo y omitimos una enseñanza importante: aunque escojamos algo que nos encanta, aunque hagamos lo que nos gusta todos los días, no todos los días van a estar llenos de placer y sonrisas.

Hace un tiempo conocí a un muchacho que amaba su trabajo, él siempre había deseado ser médico, sin embargo por más que él y su familia trabajaron duro no podían pagar la carrera de medicina y estudió enfermería, otra carrera maravillosa pero más accesible económicamente en ese momento. Una vez que llegó al mundo laboral se dio cuenta que su verdadera vocación era la enfermería y que su inteligencia y talento eran sumamente apreciados. Descubrió que aunque a veces nosotros hacemos planes, la vida puede tener otros aún mejores para nosotros.

¿Debemos de incentivar a qué nuestros hijos busquen la felicidad? Por supuesto. Pero es nuestra responsabilidad también enseñarles que felicidad no equivale a una vida perfecta, y aunque debamos buscar siempre momentos que nos resulten agradables o placenteros, debemos también mostrarles que no solo es en estos momentos en donde pueden encontrarla.