¡Mi bebé no quiere mamar!: huelgas de lactancia y tips para manejarlas

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De todos los retos que pasé amamantando a mi hija, el que más me quitó el sueño fue una huelga de lactancia. La mayoría empiezan de la misma manera: todo va muy bien, mamá y bebé ya se sienten expertos en el tema y de repente un día, sin previo aviso, el bebé rechaza el pecho. La primera vez uno supone: “bueno, tal vez me equivoqué en interpretar sus señales y realmente no quería mamar”. Pero la segunda, la tercera, la cuarta… Con cada ocasión y cada rechazo crece la angustia, surgen miles de interrogantes de cómo proceder. El bebé tiene hambre, pero no se pega al pecho, la mamá siente nervios y en un solo día puede llegar a dudar de todo lo que creía saber acerca de la lactancia.

La primera vez que ocurrió mi hija tenía unos 3 meses. Una madrugada yo me desperté a medias como toda una mamá zombie y me la puse en el pecho, ella reaccionó como si nunca en su vida hubiera visto una teta: hacía la cabeza para atrás, se movía en contra del pecho, cerraba la boca en lugar de abrirla… rechazo total. En ese momento entre dormida y despierta pensé que tal vez tenía un cólico o que algo le pasaba que no era hambre, porque si así fuera de seguro habría mamado. Pero continuó así en cada toma, y siguió de la misma forma por casi 4 días. Fueron los 4 días más dificiles que he vivido, pero hubo ciertas cosas que nos ayudaron a superar este bache que hoy quiero compartir. No soy una experta en lactancia pero sí soy una mamá que pasó por esto y quisiera poder ayudar aunque sea a una mamá está pasando por lo mismo y se sienta tan perdida como yo me sentía.

Hay varias cosas que pueden ocasionar que el bebé entre en una huelga de lactancia, desde un susto (mamá gritó muy duro la primera vez que bebé la mordió), un dolor (una infección de oído o garganta), o alguna desafortunada coincidencia que ocasionara el cese temporal de la lactancia por parte del bebé.

Uno de los datos más importantes que aprendí cuando pasé por esto fue que muchas veces las mamás confundimos una huelga de lactancia con un destete iniciado por el bebé, pero son dos cosas distintas. Una huelga de lactancia es usualmente repentina, un destete es gradual, además de que no es para nada común que un bebé de meses decida destetarse: según los antropólogos la mayoría de los niños suelen destetarse voluntariamente y sin ninguna ayuda entre los 2 y los 7 años (aunque suene extrañísimo en nuestra sociedad). Así que si su bebé pequeñito de 3 meses rechaza su pecho, lo más probable no es que esté listo para destetarse sino que esté pasando por una huelga de lactancia. Hay personas que deciden aprovechar ese momento y quitarle el pecho al bebé, esta es una decisión personal y absolutamente respetable, este post es para las mamás que como yo, no sentíamos que estábamos listas para dar por terminada la lactancia.

A continuación les comparto las cosas que me sirvieron para ayudar a recuperar la relación de lactancia con mi hija en ese momento:

Contacto piel con piel

La primera recomendación que recibí y apliqué todo el tiempo que pude fue la de el contacto piel con piel. La lactancia es muchas veces una cosa de instinto y hay que volver a lo más básico si uno desea recuperarla. Por varios días y cada vez que podía yo me quitaba la ropa de la cintura para arriba, dejaba a mi bebé en pañal y la acostaba encima mío pecho con pecho. La idea nunca fue presionarla a que amamantara, sino nada más tener ese rato juntas. El contacto piel con piel ha sido relacionado muchas veces con lactancias exitosas. Para esos momentos no utilizaba ningún perfume ni jabón con olor, pues la idea es que ella pudiera sentir, oler y tocar a mamá. Fueron momentos preciosos que siempre voy a recordar y la verdad ayudaron muchísimo.

Porteo, porteo y más porteo

El rato que no podíamos estar piel con piel, entonces la “porteaba” utilizando un fular de tela elástica. Al igual que el contacto piel con piel, la cercanía constante que da el porteo puede ayudar a que los bebés vuelvan a encontrar el “chip” de lactancia que aparentemente han perdido.

Aprovechar momentos clave

Uno de los tips más importantes es no forzar al bebé a amamantar. No queremos incrementar el rechazo al pecho sino más bien relacionarlo con momentos lindos y tranquilos, de confort. En esos días descubrí que la aversión de mi hija paraba cuando tenía mucho sueño o estaba dormida. En esos momentos mamaba bien entonces yo aprovechaba cada siesta y cada rato nocturno para amamantara.

Mantener la producción de leche mientras el bebé no amamanta

Si el bebé no está amamantando entonces el pecho no está siendo estimulado. La lactancia es algo de oferta y demanda, por lo que se necesita estímulo para mantener la producción de leche. Medio día no hace ningún estrago, pero mi caso fue de 4 días, por lo que era vital estar usando el sacaleches con la misma frecuencia que mi bebé usualmente amamantaba. La idea nunca es dejar pasar hambre al bebé. Un bebé muy hambriento se puede sentir aún más frustrado en el pecho y luego de un tiempo puede estar letárgico por la falta de comida. Ninguno de los dos casos es positivo para resolver la huelga de lactancia. La lechita que se extrae se le puede dar al bebé, preferiblemente con cuchara, vasito, jeringa o algun otro método que no vaya a contribuir a enredar más la cosa como un chupón podría hacerlo. Yo siempre produje más que suficiente leche para mi bebé, sin embargo mi cuerpo no reaccionaba de la misma forma con el sacaleches, por lo que también tuve que recurrir a lechita congelada que me había extraído antes. Esto me llevó a un círculo de dudas del cual me costó mucho salir: ¿y si no tenía suficiente leche? ¿y si ella quedaba con hambre y por eso me rechazaba? ¿y si se me había secado la leche? Ahí aprendí otra cosa muy importante: el sacaleches no es un buen indicador de la producción de leche de una mamá. Habemos mamás que nunca pudimos sacarnos más de 1 oz. por pecho, y sin embargo pudimos dar teta exclusiva por meses o años, sin que los bebés perdieran peso, pasaran hambres etc. Así que una cosa no necesariamente es un indicador de la otra.

No caer en el hoyo negro de las dudas

Las huelgas de lactancia no sólo son dificiles para los bebés, son duras para las mamás. Creo que pueden hacer que hasta la mamá más segura y “lactivista” se sienta muy dudosa de lo que está haciendo, sin embargo con la información apropiada, la guía de un asesor en lactancia y una buena dosis de paciencia se pueden superar la mayoría de las veces.

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La cama de mamá y papá

Mi hermano mayor comparte mi misma pasión por las letras. A ambos siempre se nos ha hecho más fácil escribir lo que pensamos y sentimos, y hoy les vengo a compartir una de sus más lindas prosas, inspirada en su experiencia como papá de dos niños.

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A las 3 am de hoy mi hijo mayor tuvo una pequeña emergencia con su pancita. Concluida la misma, se nos acurrucó en la cama a mi esposa y a mí… ¿Sabe usted, lector de mis ocurrencias, lo que para un niño significa la cama de papá y mamá? Haré un esfuerzo por explicarlo, desde el niño que hay aún en mí… Ahí mi hermana, que ha escrito también sobre esto, sabrá corregir o ampliar mis desordenados recortes:

1. La cama de mamá y papá es el lugar más seguro del universo. No hay refugio militar ni búnker que le gane. Encontrarás ahí el brazo de papá, listo para acariciarte, pero también listo para defenderte. Encontrarás también el cabello de mamá, que te cubrirá con su mágica protección contra la oscuridad y sus temibles moradores, así como de aquellos elementos naturales que te roban la paz: “Her hair reminds me of a warm safe place where as a child I’d hide and pray for the thunder and the rain to quietly pass me by”

2. La cama de papá y mamá es la más moderna cama de cuidados intensivos. Al igual que esta madrugada, es la cama de papá y mamá la que buscamos para recuperarnos de nuestras dolencias. En la infancia no hay enfermedad trivial. El niño percibe igual una gastroenteritis que una leucemia, una apendicectomía que una cirugía de corazón abierto… Para el niño NO HAY ENFERMEDAD TRIVIAL, no gaste el tiempo diciéndole que “eso no es nada”. Mi infancia estuvo llena de vómitos y soluciones endovenosas, triviales diríamos los adultos, pero reales al fin. No hubo nunca cama de hospital mejor que la cama de mis tatas. No hay equipo médico ni fármaco más efectivo para recuperar la salud que el permitirle a tu hijo acurrucarse con vos cuando se siente mal.

3. La cama de papá y mamá es el templo de la sabiduría. Al cuarto de papá y mamá entras con todas tus dudas importantes. Es ahí donde buscas respuesta a las preguntas más trascendentales de la vida… El oráculo del que obtienes la información trascendente. Esto nunca se acaba, siempre seguimos buscando respuestas en nuestros padres. Hace 12 años las busqué en ellos durante mi divorcio. Papá y mamá siempre serán nuestros gigantes ancianos depositarios de la sabiduría eterna de la vida.

4. La cama de papá y mamá es una verdadera alfombra mágica. Mi hijo mayor adora ver tele en nuestra cama, igual que el chiquitillo. Él tiene su tele en su cuarto, pero no es lo mismo. En nuestra cama él disfruta de la fantasía con mayor potencia. Se siente Don Quijote con el yelmo de Mambrino, y su lanza destroza fácilmente cualquier molino de viento… La cama de papá y mamá te transporta a mundos con celajes bellos e interminables, brisas frescas y horizontes con dos lunas de fuego. No hay historia que no sea posible mientras estás sobre esta verdadera Arca de la Alianza, agarrado de dos serafines áureos y brillantes.

5. La cama de papá y mamá es la verdadera “raíz” de la vida misma. Significa, en palabras de Gardel: “Volver con la frente marchita , las nieves del tiempo platearon mi sien”. Al menos en forma simbólica, sino explícita, nuestros hijos fueron concebidos justamente ahí. Entonces, volver a la cama de papá y mamá es todo un acto de introspección que nos transporta al núcleo de lo que somos, celular y ontológicamente hablando. La cama de papá y mamá es ese bosque en el que los tatas plantamos una semillita y la vemos brotar… y cuidadosamente la regamos y cuidamos durante años… Y un buen día, “plateadas” ya nuestras sienes, nos recostamos debajo de la sombra de esos robles que son nuestros hijos, buscando el frescor de la brisa que sopla en nosotros la satisfacción del deber cumplido.

Querido hijo:

Cuando te duela la pancita, cuando te saques una mala nota, cuando te jales una torta, cuando se te pierda algo, cuando sientas tristeza o dolor, cuando la vida te ataque con incertidumbres y ambigüedades, cuando se te muera tu mascota, cuando tengas hambre o frío, cuando no te alcance la plata, cuando te traicione un amigo, cuando tu mujer te falle o te abandone, cuando no tengas con quien dejar tus hijos, cuando ocupes reír o llorar, cuando tengas preguntas importantes, cuando QUIERAS Y NECESITES… tengas la edad que tengas: Aquí van a estar papá y mamá, listos para ayudarte y gustosos de recibirte en nuestras cobijas, prestos a dar la vida por defenderte y ayudarte a ser feliz… Aquí siempre estará para ustedes: LA CAMA DE PAPÁ Y MAMÁ.

La bendición de tener un bebé de “alta” demanda

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Como casi todas las mamás de mi edad en esta era tecnológica, formo parte de varios grupos en redes sociales donde se intercambian consejos de maternidad. Las madres preguntan de todo: desde donde comprar el último producto de moda, hasta cómo bañar al bebé. Al menos una vez por semana en estos grupos lo leo: alguna mamá con un bebé pequeñito que está desesperada pues no sabe que hizo mal, ya que su bebé “mama a cada rato”, llora si no está en brazos, no se entretiene ni 5 minutos en ninguna de las sillitas que con tanta ilusión le compró, y para colmo de males sólo quiere dormir a su lado. Cuando leo algo así no puedo evitar sentir empatía, pues hace nada esa era yo, haciéndome las mismas preguntas, engañada por una montaña de expectativas sociales de como ” deben” ser los bebés.
Cuando uno se pone a buscar un poquito más acerca del tema sale a relucir una descripción (no muy agradable en mi opinión): bebé de “alta” demanda. Pienso que es una etiqueta fea porque no entiendo quien definió el estándar que nos hace pensar que un bebé “demanda” más o menos de la cuenta, pero en fin, es la que se usa y por eso la usaré a regañadientes, con el énfasis en las comillas de la palabra “alta”. La verdad es que biologicamente los bebés están programados para querer mamar de manera frecuente y buscar la seguridad del contacto físico de sus cuidadores tanto de día como de noche, hemos sido nosotros en los últimos cientos de años quienes hemos cambiado las reglas del juego y hemos decidido que lo que impera en la naturaleza no es lo aceptable socialmente. Algunos bebés, aceptan esos cambios sin problemas: pueden dormirse solos desde pequeños sin llorar, no tienen problema con ajustarse al horario que sus padres deseen que tenga, no se quejan de estar en una sillita mecedora y comen en intervalos más o menos predecibles. Otros bebés (muchos más de los que pensamos) necesitan brazos, pecho y calorcito con mucha más frecuencia.
Los consejos que las mamás reciben de algunas personas agregan a su preocupación: hay que dejarlos llorar para que se acostumbren, ponerles horario de teta para que se acostumbren, dejarlos dormir solos para que se acostumbren. Pero este post no se trata de ninguno de esos consejos, porque estos se basan en una premisa falsa: que los bebés de “alta” demanda deben de “arreglarse”, que hay que tomar ciertas medidas y pasos para que dejen de ser así, como si sus necesidades fuesen algún defecto de fábrica. No, este post no la va a invitar a nadar contra corriente, sino a aceptar y admirar al bebé que usted tiene, y no al que desearía tener. Porque yo descubrí que al cambiar el cristal con el que se ven las cosas y ajustar las expectativas uno puede ver a un bebé de “alta” demanda como lo que es: una verdadera bendición. A continuación les comparto porque pienso así.

Te desaceleran
Vivimos en una sociedad que valora el “corre-corre”. Nos sentimos muy importantes si en un día podemos chequear un montón de itemes de una lista de cosas por hacer, nos sentimos muy productivos si nuestro día es muy ocupado. Un bebé de “alta” demanda no ha sido afectado por estas ideas locas, él sabe lo que necesita y cuando lo necesita, y por ende nos invita a dejar nuestra propia agenda de lado y hacer una pausa. Una pausa para disfrutar de la deliciosa sensación de un bebé dormido en nuestro pecho, una pausa para sentir el peso de nuestro hijo en nuestros brazos. Puede que por un rato de nuestra vida no hagamos “un montón de cosas”, pero la recompensa nos acompañará toda la vida.

Te enseñan de paciencia y aceptación
Por más que su tía y su vecina estén convencidas, un bebé no sabe manipular. Esta no es una idea romántica mía, es una afirmación basada en lo que ha descubierto la neurociencia: los bebés simplemente no tienen la capacidad de tramar “maldades” para manipular a sus padres. Los bebés tienen necesidades y una sola manera de  comunicarlas: el llanto.
La transición a la maternidad nos afecta en un montón de formas y donde antes éramos sólo nosotras, ahora hay una persona más, 100% dependiente de nosotros y nuestros cuidados. Eso puede a veces hacernos sentir colmadas, y si esperábamos algo distinto de nuestro bebé, muy frustradas.
Pero hay una gran diferencia entre el bebé que uno se imaginaba y el bebé que tiene en sus brazos: el último es la persona que Dios le confió a uno como mamá para guiar y cuidar, el otro es una simple fantasía. Al entender eso nos llenamos de paciencia y aceptación para regalarle a esa personita y empezamos a disfrutar mucho más nuestro rol y todo lo que implica.

Te enseñan que nada es para siempre y que todo pasa
Un día, cuando uno menos se lo espera, ese bebé que antes no soportaba estar un segundo sólo, empieza a moverse más, a atreverse a buscar lo nuevo. Ese bebé que no se despegaba de la teta empieza a independizarse y no hay vuelta atrás. Aunque al inicio esos momentos agobien, luego se extrañan con todo el corazón. Mi hija que no quería dormirse en ningún lugar que no fuera mi pecho me suelta la mano cuando trato de dársela en el parque porque ella quiere caminar sola, jugar sola, explorar sola.
La impermanencia es una parte inescapable de la vida. Nada dura para siempre y un buen día esos pequeños maestros nos enseñarán que todo valió la pena.