Honor a quien honor merece

Pareja

Tanto hablamos las mamás acerca de nuestros hijos, tanto ocupan nuestro tiempo y pensamientos que en ocasiones pareciera que se nos “olvida” mencionar a la otra persona importante que forma nuestra familia. Pareciera a ratos como que la otra persona estuviera “tras bambalinas” en un acto que es sólo de mamá y bebé. Es algo inevitable: nace una personita, tan pequeña, tan dependiente, tan perfecta en todas sus particularidades que es imposible no enamorarse completamente y sin medida… es inevitable que ocupe casi todos nuestros pensamientos de día y de noche, y que su bienestar esté súper alto en nuestra lista de prioridades. Entre las carreras, los pañales y las noches sin dormir se nos va el día y a veces no llegamos a decirlo, pero nunca se nos olvida: antes de ser tres éramos dos.

Esta es una oda a mi esposo, al otro protagonista de nuestra familia, al que empezó todo esto conmigo, porque en la vida hay que darle honor a quien honor merece. Porque aunque hemos viajado por el mundo, escalado montañas y remado por el mar no hemos vivido aventura más grande que la de ser papás. Porque aunque hemos tenido momentos lindísimos, cenas románticas y atardeceres inolvidables, nunca me he sentido más enamorada que cuando lo vi alzar a nuestra hija por primera vez. Cada cambiada de pañal, cada baño que le da, cada momento que comparten solo suma a lo que ya sentía por él.

Por acompañarme en mis decisiones y volverse un activista de lo que me apasiona. Por levantarse temprano a jugar con mi hija, cuando él nunca había sido madrugador. Por documentar todo el primer año de nuestra paternidad y editarlo para que siempre tengamos el mejor recuerdo. Por pasar al supermercado 800 veces después del trabajo a traer todas las cosas que se me olvidan por ir de compras con una pequeña. Por buscar aventuras los fines de semana para que nuestra hija disfrute la naturaleza tanto como nosotros. Por ir a las citas del pediatra. Por decirme que me veo bien aún cuando he pasado el día en un pantalón de yoga, sin maquillaje y con el pelo en una cola a medio hacer. Por hacer noches de película en casa por todo un año para que esta mamá gallina disfrutara sin dejar a su bebé muy largo. Por hacer de estos últimos años los mejores de mi vida.

Algún día se acabará esta aventura de ser papás de bebés y niños pequeños. Algún día no hablaremos tanto de tetas, siestas y pañales. Algún día habrá pasado el kínder, la escuela y el colegio y nuestros temas de conversación volverán a cambiar. Algún día despediremos a nuestra hija para que ella viva sus propias aventuras (ojalá todavía más emocionantes y locas que las que hemos vivido nosotros). Y cuando eso pase, volveremos a ser dos. Los dos que todo lo empezaron.

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