¡Bebés a la Cocina!

Estoy muy emocionada de compartir esto. Desde hace rato había estado con la idea de crear un canal de Youtube para el blog, porque hay cosas que es mejor compartirlas en video. Pues bueno, agarré impulso ayer y lo hice.

El canal empieza con una “serie” de videos mensuales que se llama Bebés a la Cocina, que tiene como propósito compartir recetas fáciles para preparar con los más pequeños de la casa. Si hay algo de lo que me he dado cuenta es que mi bebé disfruta montones cuando le doy tareas para hacer en la cocina, y quería compartir eso con más personas. La primera receta es un queque de banano libre de lácteos y huevos, basada en la que ya había posteado hace unas semanas.

¡Espero que lo disfruten! Mi bebé y yo gozamos mucho filmando (y comiendo).

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Lo que nadie cuenta acerca de la lactancia después del primer año de vida

  

Cada experiencia de lactancia es absolutamente distinta, al igual que cada bebé es diferente. Algunas personas dan pecho a sus hijos por los primeros días, otras por los primeros meses, algunas no les dan del todo; todas lo hacen con el bienestar de su familia en mente y haciendo lo que consideran mejor para su caso y su bebé. Estando embarazada de mi hija yo quise sugerirme a mi misma una meta: 1 año de lactancia materna. En ese momento sonaba tan lejana y tan difícil de imaginar. Por alguna razón me imaginaba que cuando se cumplieran los 365 días yo iba a querer destetarla, y que para mi cumpleaños en diciembre (un par de meses después del de mi hija) iba a tener mis pechos “de vuelta”. Subestimé demasiado lo que iba a significar todo esto para mí y para mi hija.

Pareciera que fue ayer. Un sábado de octubre a las 10:08 p.m. estaba conociendo a mi hija por primera vez, bastó una mirada para saber que ese amor que sentía por ella me acompañaría toda la vida. Ese día, además de conocernos nos iniciamos en la lactancia, al principio con aparente facilidad, y luego con muchas dificultades: mastitis, conductos bloqueados, pezones lastimados, una huelga de lactancia de varios días a los 3 meses, aversión a un pecho por muchas semanas, alergias… Cada obstáculo que venía me hacía pensar si realmente valía la pena, y terminaba por convencerme más de que quería continuar dándole pecho a mi hija. 

Cuando íbamos por los 9 meses y ya sentía el inminente año acercarse, empecé a ponerme nerviosa. Yo no quería terminar nuestra relación de lactancia, después de todas las dificultades era algo que ambas amábamos y disfrutábamos muchísimo, ella crecía fuerte y sana y las cosas iban súper bien. Sentía un poco de presión con mucha gente preguntando “¿y hasta cuando pensás amamantar?” o “¿ya has empezado a darle chupón?”. Deseaba continuar pero me daba cuenta de que estábamos entrando en “territorio tabú”, al menos en nuestra sociedad. Ya para algunos el hecho de que yo le diera pecho a una chiquita que se podía sentar sola y decir palabras era demasiado. Cuando ella empezó a hacer teta-yoga (entiéndase movimientos acrobáticos mientras que tomaba leche) y me pedía el pecho por nombre y apellido yo sabía que ya habíamos cruzado una línea que nunca pensé que cruzaría. Si usted es una mamá (o no) y en este momento está pensando “ay no, que barbaridad, eso no es normal” créame que la entiendo. Antes de quedar embarazada y de conocer lo que conozco de la lactancia debo aceptar que juzgué silenciosamente a las mamás que daban pecho a niños “muy mayores”, que ya podían caminar y hablar. 

Podría hablar muchos párrafos de los beneficios nutricionales e inmunológicos, o contar que la edad  del destete natural del ser humano está entre los 2,5 y los 7 años según estudios antropológicos. También se podría decir que la Organización Mundial de la Salud recomienda lactancia hasta los dos años o más, pero lo más probable es que eso no haga nada por cambiar el pensamiento de que la lactancia “prolongada” es extraña, y de eso ya se ha escrito mucho. Lo que quiero compartir los detalles de los que poco se habla cuando se trata de plantear un argumento a favor de la lactancia después del año de vida, cosas que me han parecido lindas, curiosas y hasta graciosas con mi hija.

No hay “un antes y un después”

Muchas personas hacen parecer como que una vez que un niño cumple un año se parpadea un par de veces y ya se va para la universidad. Es muy distinto darle de mamar a un recién nacido chiquitito y frágil a darle a un bebé de un año, pero la transición no ocurre en el cumpleaños. Se va dando de manera muy gradual y tanto la mamá como el bebé se van acostumbrando. La verdad me imaginaba que como mínimo me iba a sentir extraña cuando mi hija interrumpiera su toma para “conversar” conmigo (tengo una bebé muy parlanchina), pero es una de las experiencias más lindas de mi vida.

La tetanalgesia es real

Últimamente en redes sociales han circulado vídeos y artículos que hablan de la tetanalgesia, que es el consuelo que reciben los bebés cuando maman, en especial en situaciones que les provocan dolor, como a la hora de las vacunas, procedimientos médicos o simplemente un golpes fuerte. Ha sido estudiada y se ha descubierto que no es solo un invento de las mamás y sus bebés consentidos, sino que amamantar de hecho alivia el dolor y tranquiliza a los lactantes. Con todo lo que se golpean los niños aprendiendo a gatear y caminar es buenísimo tener esta “herramienta” para ayudarlos a ellos y a nosotras. 

Te permite hacer pausas 

Los bebés grandes se mueven todo el día. Todo. El. Día. Es parte de la vida con chicos, pero una de las ventajas de amamantar a un pequeño de más de un año es que ese rato de lactancia nos permite hacer una alto, estar cerquita de ellos, reconectarnos y disfrutar de una deliciosa pausa. 

Esta pareciera ser una razón muy “egoista”, pero me he dado cuenta que esas pausas hacen maravillas por el humor de mi hija y que ella las disfruta montones.

Sea cual sea la razón por la que una mamá decide continuar con la lactancia más allá del primer cumpleaños, debemos seguir abogando por una sociedad que la apoye en lugar de hacerla sentirse juzgada para que ella pueda sentirse cómoda con su decisión. Desmitifiquemos la lactancia después del primer año de vida y compartamos en comunidad nuestras experiencias.  

Duerme uno, duermen dos, duermen tres: colecho seguro

En mi casa hay tres habitaciones, pero desde hace más de un año todos dormimos en una sola. Si, así como lo lee, la bebé, mi esposo, nuestra perra ancianita y yo. Con excepción de la mascota, quien tiene una deliciosa camita en el suelo, todos dormimos en la misma cama. Bueno, algo así, mi hija duerme más o menos la mitad de la noche en la superficie de su cuna, pero no hay separaciones ni barrotes entre nosotros.

Hay muchas maneras de hacer colecho, las cuales involucran mantener al bebé siempre a “un brazo de distancia”. Esto puede ser con alguna cunita, moisés o encierro en el mismo cuarto de los padres (como comienzan la mayoría de los bebés), en un “co-sleeper” que es como una cunita de tres lados al mismo nivel de la cama de los papás o compartiendo la misma cama. Nosotros pasamos la noche en un híbrido de las dos últimas, ya que nuestra bebé duerme en su “co-sleeper” pero durante la noche en vuelta que va y vuelta que viene termina con la mitad del cuerpo (o el cuerpo entero) de mi lado de la cama.

El colecho no es algo que planeamos. Creo que más de la mitad de la gente que termina colechando no pensaba hacerlo así desde un inicio, no necesariamente porque piensen que es algo malo, sino porque hay una serie de reglas tácitas cuando se tiene un hijo y una de esas es que a partir de unos cuantos meses este duerma en su propia habitación. Pintamos la habitación de la bebé, compramos una cuna, pusimos un silloncito para darle de mamar y asumimos que ahí dormiría a los pocos meses, nunca nos cuestionamos esa manera de hacer las cosas.

Hay personas que se ponen muy apasionadas con respecto al tema de dormir a los bebés: que uno les hace un daño si no les da independencia y espacio, que no les pone límites al dejarlos dormir con uno, que la cama de los papás es sagrada… yo la verdad me lo tomo con un poquito más de humor: no pienso que compartir cama sea la única manera correcta de dormir a un bebé, lo que sí pienso es que es la mejor forma de dormir para mi familia en este momento y lo disfruto inmensamente. Tampoco tengo ninguna urgencia de sacar a nadie de mi cuarto, ni ahora ni en los próximos años. En un futuro, cuando esté lista, mi hija probablemente preferirá su propia habitación, pero si ella desea “pasarse” por la razón que sea nunca planeo cerrar esa puerta. Entiendo a las personas que por su situación personal o de pareja no lo vean como una opción y lo respeto muchísimo.

Empezamos a dormir así porque le doy lactancia a demanda a mi hija. Eso significa que durante las noches también toma lechita, a veces una vez, a veces 570 veces (tal vez exagero, pero creo que ese es más o menos el número de tomas cuando le está saliendo un diente). Luego de un par de semanas de tenerla en un “pack and play” a nuestro lado me resultaba muy cansado tener que sentarme, sacarla de ahí, darle de mamar en la cama y luego volverla a acostar. Hacer eso significaba que todas las veces me despertaba del todo y luego tenía que volver a conciliar el sueño… ¡y eso era teniéndola en la misma habitación! Tal vez me gane el premio a la mamá más vaga del mundo, pero me agotaba de solo pensar en tener que hacer eso pero cruzando el pasillo. Así que tomamos la decisión de que hasta que ella durmiera toda la noche de un solo tirón, dormiría con nosotros lo más cerca posible y así podría mantenerme acostada junto con ella y descansar más. Claro que en ese momento vivíamos bajo la errónea idea de que los bebés duermen toda la noche e ignorábamos que la norma biológica es que se despierten frecuentemente, en especial cuando aún maman. Éramos algo así como víctimas de lo que venden todos los libros de “especialistas en bebés”.

Una vez que empezamos a dormir juntas empecé a notar que ella a veces se despertaba y mamaba, a veces abría un ojito, se daba cuenta que yo estaba ahí y se volvía a dormir profundamente, en todo caso no duraba despierta más que un minuto, y rara vez llorando. De verdad casi de inmediato cambió mi nivel de energía durante el día: seguía cansada por supuesto (ser mamá de un bebé cansa sin importar las circunstancias) pero ya no era un “zombie”. Ella empezó también a dormir siestas más largas durante el día y a despertarse de mejor humor. Al no tratar de separarla físicamente de nosotros empezamos a ver un dichoso efecto secundario: sus horarios se empezaron a hacer más predecibles. Rápidamente me quedó muy claro que era la mejor opción para nosotros.


No sabía si era yo la que me estaba inventando todos esos efectos positivos del colecho, entonces empecé a leer e investigar más, y me encontré con el libro “Nuestros Hijos y Nosotros” de la antropóloga Meredith Small, el cual es una lectura recomendada para cualquiera que tenga un bebé. En este ella analiza las distintas maneras en las que los hijos son criados en distintas culturas y afirma que la mayoría de los bebés alrededor del mundo duermen con sus padres, y que estudios del sueño infantil indican que hay una enorme cantidad de ventajas de que un bebé y una mamá duerman juntos: se regula su temperatura corporal, su respiración es mucho más estable, sus patrones de sueño de armonizan con los de su madre, se promueve la lactancia, entre otro montón de ventajas. Resulta que aunque nosotros vemos raro el hecho de que un niño pequeño duerma con sus papás, para otras culturas esa es una parte incuestionable del inicio de la vida y más bien les resulta muy extraño que los papás en estos países contemos los días para sacar al bebé de nuestras habitaciones y le enseñemos a dormir solo. Distintas culturas valoran distintas cualidades y la nuestra le pone mucho valor a la independencia (incluso en los bebés), de ahí la disonancia.

En mis primeros días de colecho me di cuenta que hay ciertas reglas que se deben seguir para que este sea seguro (al igual que hay ciertas cosas que se deben hacer para que la cuna sea segura si esa es la opción que escogemos para nuestros bebés).  Estos son los consejos de UNICEF para que el colecho sea seguro: (también vale la pena ver este post de Crianza Natural)

  • El colchón debe ser firme y limpio, sin huecos entre el respaldar (o la pared) en los que el bebé pudiera quedar atascado. Nunca se debe dormir con el bebé en un sillón o colchón de agua.
  • Acostar al bebé siempre de espaldas, no boca abajo ni de lado (esto aplica también para cunas).
  • Ninguno de los que comparte cama con el bebé debe de haber consumido alcohol, drogas, tabaco o medicamentos que puedan afectar su capacidad de reacción.
  • Es preferible usar sabanas y fundas a colchas y edredones gruesos, tampoco se debe vestir en exceso al bebé. Muchas veces las personas recomiendan vestir a los bebés muy calientitos para domir, y eso tiene mucho sentido si los bebés dormirán solos en una cuna, pero junto a mamá se regula mejor su temperatura corporal.
  • Es preferible que el bebé duerma del lado de mamá. Aunque muchas parejas prefieren que sea entre mamá y papá (y nosotros hemos dormido varias veces así) se ha observado que las mamás lactantes siempre tienen conciencia de donde se encuentra el bebé y hasta se colocan (estando dormidas) en posiciones de “protección” con el bebé.

Cuando nuestros amigos, familiares, conocidos (o desconocidos) se enteran de la manera en la que dormimos siempre tienen las mismas dos dudas. La primera es si no tenemos miedo de aplastar a la bebé. Esa es una pregunta común, e incluso hay países que hay hecho esfuerzos por hacer campañas de miedo en contra del colecho, pero una vez que se analizan los estudios existentes restándole los factores que mencioné en la lista (padres fumadores, dormir en sillones, etc) el riesgo de esto es prácticamente nulo. Por experiencia puedo contar que nunca se ha despertado mi hija sin que yo me de cuenta, tampoco he estado ni cerca de aplastarla, botarla o siquiera de ponerle una mano encima sin darme cuenta (ni aún en los primeros días de cansancio absoluto post parto). Es importante aclarar que las cunas no son 100% libres de riesgos, en especial si los papás las llenan de “bumpers”, y cobijas o si tienen un colchón poco firme.

La segunda es acerca de nuestra vida de pareja, pues a veces un bebé se ve como una invasión al cuarto. Desde pequeñita hicimos una rutina de sueño para nuestra hija (masaje, pijamas, mamar) con luces bajas, voz suavecita y logramos (no se si por suerte o insistencia) que se acostumbrara a dormirse entre 7 y 8 p.m. En ese momento ella hace un “tirón largo” de sueño en el cual nosotros cenamos, conversamos, vemos una película, y nos ponemos como prioridad pasar tiempo de calidad. Pero creo que lo principal es que no la vemos como lo que sobra en nuestro cuarto, sino que cambiamos el chip para disfrutar de las noches con ella sabiendo que es por un tiempo limitado (sea corto o largo) en beneficio del sueño de todos y que tendremos muchos años para tener el cuarto “libre”.

Muy recientemente considerando las nuevas habilidades de escalar de mi hija, hicimos de su cuarto (que por un año no fue más que un cuarto de juegos) un espacio para dormir al estilo Montessori de manera que ella pueda dormir las siestas y el inicio de la noche (momento en el que no estamos con ella) ahí sin riesgos de caídas, pero en las noches continúa durmiendo con nosotros ya que cuando estamos todos juntos ella nunca se trata de parar, sentar, gatear o salir de la cuna o cama (supongo que cuando lo hace sola es para ir a buscarnos), y si se medio despierta a buscar mi pecho yo siempre estoy a la par y me doy cuenta de inmediato. Muy pronto estaré publicando un post escrito por una blogger invitada de todo lo que hay que saber para hacer un cuarto Montessori.

El engaño de la súper mamá

 
Este es un post políticamente incorrecto. Quizás hasta impopular, pero hoy ando con ganas de decir lo que pienso y de liberarnos a las mujeres de ese engaño auto inflingido. Querida mamá: no puede usted tenerlo todo. Es más, enójese con el que le dijo que para ser una mujer “completa” debía usted mantener un balance perfecto entre su vida de esposa, mamá, hija y profesional. Ese balance no existe y tratar desesperadamente de buscarlo solo la va a dejar agotada y sintiendo que no lo está haciendo suficientemente bien. Ya nos han convencido de que para ser exitosas hay que estar delgadas, bien arregladas y perennemente sonrientes, no dejemos que nos pongan un peso más sobre nuestras espaldas, seamos desobedientes y no hagamos caso. Usted no necesita que todo esté en perfecto balance para ser feliz. Las vidas caóticas pueden ser más hermosas, más interesantes. Usted no necesita ser la más exitosa en su trabajo, la más guapa de la fiesta, la más interesante de las mamás de la escuela. Lo más probable es que si usted tuviera solo un mes para vivir, esas cosas le resultarían absolutamente insignificantes.

Es más, sinceremos todas: si usted tuviera los días contados poco le importaría si su hijo duerme toda la noche, si se pasa a su cama todos los días, si come mucho o poco, si saluda a todo el mundo, si llora “mucho” o poco, si hace las cosas como la mayoría de los niños, si la deja tener sus espacios, o es “muy demandante”. Lo que trataríamos de hacer más bien es aprovechar cada beso, recordar cada segundo, andarlos en brazos, complacerles en lo que no sea peligroso para ellos. Trataríamos de gastar menos tiempo y energía en los lugares en donde somos reemplazables como los lugares de trabajo y los compromisos sociales poco importantes y nos dedicaríamos casi por completo a donde somos irremplazables: al lado de nuestros hijos y seres queridos, en lugar de andar por la vida quebrándonos la cabeza para encontrar un balance. 

“No es bueno perderse en la maternidad” repiten algunos, pero ¿perder qué? ¿la identidad? Mi definición de “quien soy yo” ha cambiado muchas veces. Cambió de niña a adolescente, de adolescente a adulta joven, de mujer soltera a casada, ¡por supuesto que eso no se llama perderse, se llama redefinirse! En la naturaleza llevan las de ganar los que mejor se adaptan al cambio, no los que se quedan estáticos. Y si realmente se tratase de una pérdida, con gusto dejo perdida a la que yo era antes de ser mamá, a esa que se preocupaba por cosas banales y sin sentido. Con gusto me consumo por completo en el calorcito de mi hija cuando se me duerme encima, y cambio los días de andar con el bolso lleno de maquillaje por días de andar el corazón lleno de amor. 

“Los hijos se van y luego no agradecen lo que hiciste por ellos” dicen otros con tono fatalista. Oh sociedad esta en la que vivimos, en la que todo se hace por recibir algo a cambio. La maternidad es un trabajo que exige la vocación de servicio, la mejor manera de encontrarnos a nosotros mismos es perdiéndonos en el servicio a los demás. La única recompensa que necesito es la sonrisa de mi hija hoy, lo que me diga cuando tenga 20 años me es indiferente. Y si en ese momento me siento perdida y sin identidad, haré lo que mejor hago e inventaré una nueva mujer y seré quien desee ser en ese momento, con la gran diferencia de que nunca me quedará la duda de que le di cada onza de amor que tenía en el corazón a mi familia.

Sacudamonos hoy mamás de las exigencias sin sentido que ponemos en nuestras listas de pendientes y vivamos como si nos fuéramos a morir mañana, porque la verdad es que no hay garantía de que veamos el siguiente amanecer. Encerremos hoy todas juntas el absurdo fantasma de la “súper mamá” que nos persigue a todas y nos quita el sueño, y perdamos la llave. Reconozcamos que ser mamá no es solo una cosa más en nuestra lista de metas, sino la más grande misión en la vida que nos va a encomendar Dios, y olvidémonos de todo lo demás. ¡Qué viva el caos!

Queque de cumpleaños para bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV)

  
Cuando nuestra bebé tenía menos de 1 mes de nacida fue diagnosticada con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV). Ese diagnóstico nos ayudó a explicarnos varios síntomas que la habían estado molestando y marcó para mí el inicio de la aventura de seguir una alimentación libre de alergenos para poder darle lactancia materna (compartí un poco de eso en este post). Luego de eso llegó a los 6 meses la introducción de alimentos sólidos para ella y las pruebas con comidas para ver que le causaba reacciones y lo logramos resumir a lácteos y huevos para sus 11 meses. En realidad no era un tema muy complicado evitarlos mientras que se comieran alimentos enteros y naturales y le anduviéramos de largo a los más procesados, pero se acercaba su primer cumpleaños y yo quería que ella pudiera disfrutar su primer pedacito del infaltable queque de cumpleaños. 

La mayoría de los queques tienen algún derivado de leche (mantequilla o margarina que también tiene sólidos lácteos) y/o huevos ya sea en los ingredientes o en el lustre, entonces había que buscar una receta que fuera rica y no tuviera ninguno de estos dos alergenos. Aquí no me voy a “echar flores”, en realidad fue mi hermana la que hizo todo el research y la que cocinó el susodicho queque a la cumpleañera, pero quedó tan rico que me pareció que valía la pena compartir la idea para otras mamás con bebés alérgicos. 

La receta es una versión de una que está en el blog Milk Allergy Mom y puede ser modificada de muchas maneras. Este es un queque básico de vainilla, pero se le puede agregar cacao puro en polvo para hacerlo de chocolate, banano y nueces o zanahoria y hacerlo a gusto de cada persona. Libre de alergenos no significa light por aquello de las dudas, el queque lleva una cantidad considerable de azúcar y grasa (en especial si se hace con lustre) pero como se trata de una ocasión especial, vale la pena porque queda delicioso. 

  

Aquí les dejo la receta (rinde 12 porciones)

Ingredientes del queque:

1 1/2 tazas de harina 

1 taza de azúcar cruda 

1 cdita de bicarbonato de sodio

1/2 cdita de sal

1 cda de vinagre 

2 cdas de extracto de vainilla 

1/3 taza de aceite de canola

1 taza de agua fría 

Instrucciones :

Precalentar el horno a 350 •F

Mezcle todos los ingredientes utilizando una batidora de mano hasta que no queden grumos.

Engrase un molde para queque con aceite y vierta la mezcla.

Hornee hasta que esté bien cocinado (para probarlo puede meterle un palillo de dientes o cuchillo al queque y este debe salir limpio). El tiempo de cocción varía dependiendo del molde utilizado pero puede tardar de 15 a 30 minutos.

Mi hermana decidió hacer el queque sin lustre (igual le encantó a la bebé) y lo decoró con azúcar en polvo, pero si desea que su queque tenga lustre aquí comparto las indicaciones.

Ingredientes para el lustre:

1/4 de taza de margarina sin lácteos ni soya fría (Earth Balance, se consigue en Súper Kosher)

1/4 de taza de aceite de coco virgen frío 

1-3/4 de taza de azúcar en polvo 

1 cdita de extracto de vainilla

Mezclar el aceite y margarina fríos en un bowl frío con una batidora de mano. Agregar lentamente el azúcar  y la vainilla. Poner la mezcla en la refrigeradora a enfriar antes de aplicarle el lustre al queque para que tenga la consistencia deseada.

¡Espero que las receta les sea tan útil como a nosotros y que disfruten al máximo el cumpleaños de sus bebés!