La historia de un nacimiento

ALI NACIO

Esta es la historia de nacimiento de mi hija. Por supuesto que yo considero que su nacimiento es el más bello de toda la historia, al igual que toda mamá con el de sus hijos. Si algún día tengo otro hijo probablemente empezaría a decir que ambos nacimientos están empatados en el puesto número uno. Lo comparto porque fue una experiencia maravillosa en mi vida y porque quiero plasmarlo para luego poder volver a verlo una y otra vez cuando pasen los años y no esté tan fresco en mi memoria; tal vez incluso lo escriba para alguna mamá curiosa que ande buscando historias de parto tal como lo hacía yo semanas antes de tener a mi hija. Definitivamente no lo escribo porque piense que me deba ganar alguna medalla por la manera en la que escogí vivir ese momento. Cualquier forma de traer un niño al mundo, sea vaginal, cesárea, sin una gota de anestesia o contodas las ayudas anestésicas del mundo es un milagro impresionante. Tiene también muchas partes espirituales que rayan en lo fantasioso  que no las puse para “ponerle sazón” al texto, sino porque las viví y disfruté durante mi labor de parto. Espero que disfruten de esta historia de amor.

El parto es la única cita a ciegas en la puedes estar segura que conocerás al amor de tu vida.

Todo empezó el 3 de octubre del 2014 como a las 10 de la noche cuando un sentimiento de completa urgencia me llenó. Me acuerdo que me levanté de la cama como un resorte y no me podía dejar de mover porque sentía que ella ya quería salir. Había estado varios días con contracciones, pero debido a que mi embarazo no estaba aún no estaba a término (tenía 36 semanas y unos días), se estaba tratando de alargar el asunto lo máximo posible. Pero las contracciones no se detenían y esa noche no me dejaban dormir, no por el dolor (en ese momento no sentía nada muy doloroso) pero porque yo me sentía lista, como haciendo nido. Recuerdo que mi esposo me decía que tratara de acostarme, que todavía no era el momento, que ella tendría que esperar más y yo le repetía que no era así, que el momento se acercaba. Él se fue a dormir pensando que yo era una terca y yo seguía dando vueltas por el cuarto convencida de mi idea, sin poder acomodarme de ninguna manera.

Desde que quedé embarazada supe que quería recibir a Alicia de una manera muy especial, y estaré por siempre agradecida con mi esposo, mi hermano, mi hermana y un par de ángeles más en el camino quienes permitieron cumplir ese deseo. Cuando mi doctor (casualmente mi hermano) me preguntó que como quería que fuera mi parto yo le dije “agarrada de un árbol en frente de un río”. Sólo estaba bromeando a medias. Siempre había querido un nacimiento lo más natural posible, en calma, con música y rodeada de la gente que quería más a mi hija. Por un rato incluso consideré un nacimiento en agua. Estaba consciente de que no todo dependía de mi voluntad, sino de como Dios dispusiera que ella viniera el mundo por lo que estaba lista para todo, pero también tenía muy claro de que si no había ningún riesgo quería que eso se cumpliera.

Al amanecer el 4 yo seguía con contracciones en la mañana y llamé a mi hermano. No recuerdo la conversación exacta pero la conclusión fue que ya era el momento de dejar el proceso seguir. Me senté en la sala de mi casa y mi esposo me puso un “playlist” con la música que me acompañaría hasta el nacimiento: una combinación de canciones relajantes, mantras cantados, música clásica y una canción que yo quería que fuera la primera que escuchara mi hija al nacer: Oceans de Hillsong United, que me había acompañado durante todo el proceso de embarazo. En ese momento con los ojos cerrados y sintiendo las contracciones ir y venir me quedé dormida (probablemente agotada de lo poco que descansé la noche anterior) y tuve un sueño precioso: una mujer llena de luz se me acercó y me dijo que yo estaba ya en el camino a conocer a mi hija, que millones de mujeres habían pasado por eso y que si en algún momento yo sentía que ocupaba más fuerza de la que tenía, podía cerrar mis ojos y volver al lugar donde estábamos en ese momento. Sueño, fantasía hippie o alucinación por hormonas, no se, pero esa conversación eliminó del todo mi miedo y me dio pilas para todo lo que venía.

Como por ahí de las 11:30 am después de chequear que de hecho estaba dilatando, nos dieron la hoja de internamiento a la clínica y ahí empezó la fiesta.

Desde que entré a la clínica hasta que conocí a mi hija pasaron 10 horas de labor de parto, con la ayuda de un suerito de oxitocina. Todos hemos escuchado las historias de terror, hemos visto las películas y nos han vendido la idea de que ese es un momento de tortura, algo de lo cual debemos huir o soportar.  Pero es que el dolor de parto no es como un dolor de muela, no es desesperante y sin propósito, en mi experiencia personal fueron momentos emocionantes de anticipación: un preludio antes del gran momento, un momento muy “primal” a falta de una mejor palabra.

Al principio traté de no “gastar” las pilas porque se avecinaba lo más intenso y pasamos en familia viendo “Friends” en la tele de la clínica, y practicando tracks de Hipno-parto. Algunas enfermeras bromeaban con que ese no parecía cuarto de “parturienta” porque seguíamos sonriendo y vacilando. Había un doctor anestesiólogo a la espera en caso de que quisiera utiliza analgesia. En la habitación había música súper relajante y mi hermana me puso aceites esenciales para ayudar en el proceso. Entre ella y mi esposo masajeaban mi espalda y manos cuando venía una contracción y Dios me mandó un ángel de enfermera, quien estuvo conmigo hasta el final apoyándome con cariño maternal.

Luego llegó EL momento. Todos los cursos de parto hablan de él, todos los libros “hippies” de parteras que me había leído lo mencionaban: la transición. Los últimos centímetros de dilatación, las contracciones más fuertes y el momento en que uno se transforma. Realmente no se como explicarlo, la mejor manera de describirlo es que es como entrar en un trance por un par de horas. Ahora cuando veo los vídeos que tomó mi esposo del parto me doy cuenta de eso. Cada mujer lo vive muy distinto, en mi caso lo que me pasó fue que me mantuve demasiado enfocada, con los ojos cerrados la mayor parte del tiempo, y cuando trataban de hablarme yo no les contestaba o les respondía en monosílabos. Es como si alguien le diera “off” a la parte racional y entrara uno a funcionar a puro instinto. Para cualquiera que esté afuera es una mujer “con mucho dolor”, pero para uno que lo está viviendo es un momento verdaderamente impresionante, incomparable a otras experiencias. Fue en ese “trance” que pasé a sala de partos y ahí donde nació mi hija.

Ali fue recibida en este mundo con manos de amor y luego puesta sobre mi pancita aún unidas por el cordón que nos había mantenido conectadas por 37 semanas mientras que su tío (quien es un muy talentoso cantante) le cantaba su primera serenata, su papá le tomaba sus primeras fotos y yo le decía un millón de veces lo mucho que la habíamos esperado y lo mucho que la queríamos. Luego su papá cortó su cordón umbilical y ella pudo descansar en mi pecho un rato antes de ir con él a que su pediatra la pesara y la midiera.

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Yo no lo sabía, pero mientras que todo esto ocurría se había empezado a formar un pequeño grupo de personas afuera de la sala: familiares, padrinos, amigos quienes esperaban ansiosos la llegada de la bebé. Cuando Ali hizo su primera toma en mi pecho y que todo lo demás estuvo listo, salimos de la sala de partos hacia la habitación. Todos estaban contentísimos de ver a mi hermano quien había sido una parte tan importante de mi vida, y por supuesto a Ali, la protagonista de la noche.

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Ali pequeña

Una vez que todos vieron y saludaron a la pequeña quedamos nosotros tres en la habitación. Nada como esa primera noche como familia de tres: llena de dudas, llantos inexplicables, momentos de alegría absoluta y también de temor extremo de tener a esta nueva persona para cuidar, proteger y guiar, sin manual ni pistas para hacerlo. Sin saberlo, estábamos dando inicio a lo que ha sido el mejor año de nuestras vidas: un año lleno de aventuras, amor y momentos inolvidables.

Ali bebé


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5 mitos comunes que podrían afectar tu lactancia

Lactancia en Epcot

Hace un par de meses escribí un post acerca de las 5 cosas que deseaba haber conocido de la lactancia antes de que naciera mi bebé. Lo hice en el afán de compartir un poquito de lo que he aprendido y tal vez ayudar a un par de mamás que como yo buscaban apoyo y respuestas en la aventura de amamantar a su bebé. Desde ese momento me quedé pensando también que existen muchos mitos que rodean el tema de la lactancia, que están súper engranados en nuestra cultura, y que me han hecho dudar en varios momentos en este primer año de mi bebé.

Si hay algo de lo que me he dado cuenta en todos estos meses es que para poder dar de mamar, hay que saber identificar los mitos de las realidades. El problema es que muchos de estos mitos son perpetuados por familiares, amistades e incluso por profesionales de la salud quienes a veces, queriendo hacer un bien, terminan por sembrar dudas que hacen que una relación de lactancia que va perfectamente bien se termine antes de lo que la mamá y el bebé querían.

Les comparto algunos de los más comunes que he escuchado / leído en este último año, que disfrazan algunas situaciones 100% normales en la lactancia como situaciones problemáticas y sobre los cuales no deberíamos de perder mucho sueño.

1. Las tomas deberían de espaciarse con los meses

Muchos de los libros de bebés e incluso profesionales de la salud usualmente nos indican que un recién nacido mama aproximadamente cada 2-3 horas. Luego, cuando van creciendo pareciera ser el consenso que las tomas se “separan” en el tiempo y los niños empiezan a aguantar 4-5 horas. La mayoría afirma que ya para el año unas 3 tomas al día son lo normal, y por supuesto, nada de tomas en la noche, porque eso debe empezarse a acabar por ahí de los 6 meses. Todo esto es basado en la capacidad gástrica de un bebé (cuanta leche/comida le cabe en la pancita) y sus reservas de energía. El problema es que pensar que un bebé solamente mama por hambre es simplificar demasiado la lactancia.

Los bebés maman cuando tienen hambre, cuando tienen sed, cuando tienen frío para calentarse con mamá, cuando el día está muy caliente para hidratarse, para el confort durante la noche… cuando van creciendo maman cuando se golpean, cuando algo los pone nerviosos, cuando necesitan recargar pilas después de un día muy activo. A veces eso significa cada 4 horas, a veces eso significa amamantar muy seguido, así el bebé tenga 1 mes o 1 año. Muchas mamás se angustian muchísimo porque su bebé de 4 meses “no aguanta las 3 horas entre tomas”, o porque su hijo de 11 meses “mama demasiado”. Esas son conductas absolutamente normales de un lactante y si no van acompañadas de otras señales de alarma (pérdida de peso, por ejemplo) no deberían de representar ninguna preocupación.

2. A partir de X momento el bebé no debe mamar en la noche

Pediatras, autores, tías, vecinos… todo el mundo “mete la cuchara” en los hábitos nocturnos de los bebés. Para los papás primerizos no hay nada más añorado que una noche seguida de sueño (tal como en los viejos tiempos), y una de las formas de lograr tan elusiva meta es logrando que los bebés no amamanten más de noche. Existen maneras de alcanzar esto: unas involucran dejar al bebé llorar hasta que deje de hacerlo (la ciencia cada vez apoya menos esta opción por razones neurológicas), otras involucran enseñarle al bebé a no relacionar el acto de mamar con dormir, sin embargo ninguna de las dos es necesaria. Por supuesto que cada quien hace lo que le parezca más apropiado para sus hijos y su situación, sin embargo nadie está en la obligación de quitarle la lactancia a su hijo de noche. Nadie le “hace un daño” a su hijo por darle de mamar en la noche, ni lo está malcriando ni malacostumbrando a nada.

Antiguamente una preocupación de la lactancia nocturna eran las caries, ya que se observaba que los bebés que realizaban tomas de chupón en la noche eran más propensos a desarrollar caries porque los dientes quedaban expuestos a la leche por muchas horas. Esto no pareciera ser así en los bebés amamantados, tanto por la composición de la leche materna, como por la posición en la que queda el pezón en la boca (muy atrás, casi sin ningún contacto con los dientes). La asociación española de pediatría recientemente dijo que no existe evidencia científica para relacionar la lactancia materna con las caries.

Otra preocupación común es que los niños nunca aprenderán a dormir toda la noche seguida y que siempre tendrán una “asociación negativa” del acto de mamar con el de dormir. Primero, no hay manera de que amamantar sea una asociación negativa, negativo sería que el bebé relacione golpes o gritos con el sueño, pero jamás algo tan dulce como mamar. Tampoco es cierto que haya que hacer algo para que algún día los hijos duerman de un sólo tirón. La evidencia científica dice que tarde o temprano los patrones de sueño de un niño maduran y se parecen más a los de un adulto. El problema usualmente es que ese tiempo no coincide con el tiempo en que los padres desearían que esto suceda. Con raras excepciones, lo normal es que los bebés mamen en la noche, y siempre que la mamá y el bebé estén cómodos y felices no hay que angustiarse por cambiar la situación.

3. A partir de cierto momento, la leche materna no tiene ningún valor nutricional

Este es uno de los mitos más populares y más poco ciertos. Cada uno le tiene una “fecha de expiración” distinta a la teta: a partir de los 6 meses ya no los alimenta, después del año es diluida, y ni que se diga después de los dos años, ahí es como tomarse un vaso de agua. Esto no tiene ningún fundamente científico. La leche materna funciona perfectamente como la única comida y bebida que los bebés necesitan hasta por ahí de los 6 meses o más, luego de eso pueden empezar a complementar su alimentación con comidas sólidas, pero no porque la leche materna ya no alimente, sino porque es el proceso normal y natural de destete de todos los mamíferos. A partir de más o menos 1 año de edad un niño puede empezar a consumir lácteos (si no tiene alergias o intolerancias a estos), sin embargo eso no quiere decir que ya la leche materna no le sirva de nada. El consumir lácteos de otra especie es una particularidad de los seres humanos, un gusto por así decirlo, no una necesidad. Somos el único mamífero que consume con regularidad la leche de otro animal y disfruta de algunos de sus beneficios, sin embargo la mejor leche para un humano sigue siendo la leche humana, tanto al nacer como después del primer año de vida, de eso podemos estar seguras.

4. El bebé te agarra de chupeta

¿Quién no ha recibido esta advertencia? Aquí el problema es uno de definiciones: el bebe no agarra la teta de chupeta, sino que usa la chupeta como teta. Si su bebé no solo usa su pecho para comer sino que además chupetea por confort, no está haciendo nada incorrecto. Está comportándose de una manera absolutamente normal y sana. Conste que con esto no estoy  criticando las chupetas… Mi hija ha usado una desde que tiene un mes y ha sido mi salvación en el carro, cuando la duerme papá o cuando yo ya no doy, pero saber que no tenía nada de malo cuando ella usaba mi pecho por confort cambió por completo mi relación de lactancia.

5. La calidad de la leche depende de la alimentación de la mamá

Hace poco tiempo salió una campaña que lanzó una sociedad de pediatría de Brasil, que tenía como objetivo promover la alimentación saludable en el embarazo y la lactancia, pero que ha ayudar a perpetuar un mito e incluso quizás desincentivado la lactancia materna. En la campaña se dice que los hijos son lo que uno come y se ve un bebé pegado a un pecho que tiene dibujada una dona o alguna otra comida “chatarra”. Rápidamente uno puede pensar que si la mamá come eso la leche materna tendrá el mismo valor nutricional de una comida rápida. Eso es falso.

Si la lactancia materna fuera una cosa así tan frágil, que requiere de una dieta absolutamente perfecta para funcionar, la humanidad nunca habría evolucionado. Muchas mujeres alrededor del mundo han dado leche materna a sus bebés con dietas de distintísimas composiciones, dándole prioridad a los alimentos que culturalmente son la norma en su país. La leche materna se ve mínimamente afectada por los alimentos que consume la mamá (no estamos hablando de alergias o intolerancias de los niños, esa es otra historia) y es el mejor alimento para un bebé sin duda.

Si usted tiene una alimentación a base de alimentos azucarados, grasosos y muy procesados pues lo ideal es que haga algunos cambios e incorpore más frutas, vegetales y  alimentos enteros, pero no porque vaya a tener una leche distinta o de mejor calidad, sino porque una alimentación balanceada y saludable es una manera de disminuir las probabilidades de padecer enfermedades como diabetes, hipertensión y cáncer, y para una mamá vivir más años sana significa que tiene más tiempo para disfrutar a sus hijos.

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¿Con cuáles otros mitos te has topado durante tu lactancia?

Tips para viajar con un bebé a Disney (y no morir en el intento)

Ali y papá en castillo

¿Cómo se les ocurre llevar a la bebé a Disney? ¡No tiene ni un año, no se va a acordar de nada! Ese y otros comentarios similares son muy probablemente con los que se toparán los papás de niños menores de 4 años que quieran hacer un viaje a este destino. Todos bien intencionados y tratando de prevenir a los papás de cometer el “error” de vivir con sus hijos una experiencia que no les quedará en su memoria por su escasa edad.

Desde que nuestra hija tenía unas pocas semanas la hemos llevado numerosas veces a la playa, al bosque, a museos, zoológicos y otros lugares de recreo. Incluso inspirada en estos momentos que hemos compartido escribí hace un tiempo un post acerca de 7 de los mejores lugares para pasear con bebés en mi país. ¿Se recordará ella de eso cuando tenga 15 años? Probablemente no, pero sin duda alguna ha disfrutado cada momento, y nosotros como papás también hemos gozado de verla tan feliz y de el descanso mental y físico que brinda salirse de la rutina, en especial con una bebé tan pequeña.

Cuando estaba embarazada de mi bebé hice un corto viaje con mi esposo (nuestro último estando “solos”) a Orlando y una de nuestras paradas fue Disneyworld. Tenía en ese momento casi 20 años de no poner un pie en “territorio Disney”, y lo disfruté como nunca, a pesar de nuestra edad. Desde ese momento supe que quería regresar con mi hija estando ella bien pequeñita y verla descubrir ese mundo de colores y personajes. Así que organizamos el viaje para cuando nuestra hija tenía 11 meses.   

  
De los viajes en avión y los momentos en el aeropuerto se pueden hablar mil cosas, pero eso lo dejaré para un post aparte. En este lo que deseo compartir es un poquito de lo que aprendimos para hacer el paseo a los parques más fácil con bebés y de como maximizar el tiempo y la diversión. Lo primero que hay que saber es que los niños menores de 3 años no necesitan pagar entrada a ninguno de los parques, por lo que solo se debe pensar en la entrada de los adultos y niños mayores de esa edad (quienes pagan una tarifas especial).

Baby Care Centers

Todos los parques de Disneyworld tienen un baby care center. Este es un lugar amplio y con aire acondicionado con salas distintas para cambiar los pañales y ropa de los bebés (los cambiadores de los baños son por lo general muy incomodos y duros), microondas para calentar comida, sillitas altas de comer, baños y una comodísima sala de lactancia con mecedoras. Esto era genial para mi hija que se distrae muy fácilmente cuando está amamantando y nos permitía un delicioso “break” de los molotes del parque. También muchas mamás usaban la salita para sacarse leche pues sus bebés recién nacidos se habían quedado en el hotel con papá/abuelos mientras ellas paseaban con el hermanito mayor. 

Estos centros están visibles en todos los mapas y además tienen a la venta agua, comida para bebés, pañales, toallitas húmedas, chupetas y fórmula. Son una verdadera salvada y un éxito. 

Reservaciones, reservaciones, reservaciones 

Tan importante es reservar en Disney que lo escribí 3 veces jajaja. Existen un par de tipos de restaurantes a los que se puede ir en los parques: quick service y table service. En los quick service uno hace una fila de pie, pide su orden, y luego encuentra un campo en las mesas de alrededor y disfruta su comida. Es algo así como un restaurante de comida rápida y son súper populares en papás con chicos más grandes que necesitan comer algo rápido para seguir disfrutando de los juegos. Los table service son restaurantes con menú a la carta y mesero, que en nuestro caso nos permitían sentarnos tranquilos a comer con la bebé. Este tipo de restaurante pasa lleno, entonces si es vital reservarlo con anticipación, desde que se planea el viaje. Hay opciones para todos los gustos e incluso en internet se pueden encontrar calificaciones para cada uno de los restaurantes, pero el que más disfrutó la bebé fue el Coral Reef Restaurant en Epcot que está adentro de un acuario enorme… estaba como hipnotizada con los peces, tiburones, tortugas y manta rayas. 

  

Es importante saber que si usted o su bebé (como la mía) tienen alguna alergia alimentaria, en Disney son sumamente cuidadosos con el tema y ofrecen opciones libres de alergenos tanto para adultos como para niños. En los puestos de snacks donde venden los helados también le pueden brindar una lista de ingredientes de lo que ofrecen a la venta para descartar alergenos.

Otra cosa que es bueno reservar (por salud mental y tiempo) cuando se va con bebé a los parques son las atracciones utilizando el servicio de Fast Pass. Esto permite escoger el momento del día en que se visitan 3 atracciones (en una ventana de 1 hora) y no hacer filas eternas para ingresar (el tiempo es oro cuando uno anda con bebés). Luego de haber redimido los 3 Fast Pass uno puede ir a quiosco a elegir de una en una otras atracciones para ir. Esto también sirve para que los papás gocen los juegos “de grandes” (como montañas rusas y casas embrujadas) , porque en esa ventana de una hora puede perfectamente entrar mamá mientras papá cuida a bebé y luego hacer un cambio.

Sí, ellos disfrutan las atracciones también 

Una de las mayores dudas de llevar a un bebé a Disney es si lo va a disfrutar, o si le parecerá demasiado abrumador y más bien le asuste. Todas esas preocupaciones fueron en vano. La bebé bailó, se rió a carcajadas y la pasó súper bien. Creo que fue una combinación entre ver tantos niños (los chicos pequeños se atraen entre si), la música y los colores.

En Magic Kingdom la pasó de lo lindo en “It’s a small world” y en “The Many Adventures of Winnie the Pooh”, y viendo los desfiles. En Epcot en “The seas with Nemo and Friends” y “Turtle Talk with Crush”.  

 

También la llevamos a ver a algunos personajes como Tinkerbell, Minnie y Pluto. Ahí un “truco” de mi esposo nos sirvió de maravilla, pero para entenderlo debo contar que mi hija ocasionalmente ve los cortos de “Minnie’s Bowtique” cuando ocupo cambiarle un pañal y ella quiere huir, o para comprarme minutos de tiempo en una situación incómoda para ella (sí, conozco del controversial tema de los bebés y las pantallas pero bueno, no soy una mamá perfecta) y ella ama la canción del inicio. Cuando llegó el momento de conocer a Minnie él le puso la música y Minnie empezó a bailarle… Casi se desmaya de la contentera, puso una cara de impresión lindísima y pasó el resto del rato aplaudiendo de la emoción. 

    
    

Por último (no necesariamente acerca de Disney), creo que la vida es para vivirla en el presente. A uno siempre le gustaría pensar que en el futuro puede hacer un montón de planes con sus hijos, pero nadie nos puede garantizar que en el futuro tendremos la misma salud o las mismas oportunidades o el mismo tiempo. Por eso, si usted desea hacer un viaje o vivir una aventura y tiene los recursos y las ganas de hacerlo, no se limite por la edad de su bebé (mientras esté cómodo y bien cuidado). A fin de cuentas si dentro de unos años no lo recuerda, usted siempre podrá mostrarle las fotos de lo bien que lo pasaba con sus papás cuando estaba chiquitito.

El amor trasciende todo

El amor de una mamá y un hijo tiene miles de formas de manifestarse. Indiferentemente de como el bebé nazca o se alimente, es un vínculo que trasciende todo. En mi limitada experiencia como mamá he conocido sólo lo que he vivido con mi hija, y esto me ha llevado a escribir varios posts de lactancia materna (y muy pronto, uno de su nacimiento) que son temas que me apasionan muchísimo y me llenan de felicidad… sin embargo mi corazón entiende que el amor de una madre va mucho más allá de eso y deseo que mi blog refleje también otras formas de vivir la maternidad. En mis ratos en línea conocí a otra mamá que comparte muchas de mis perspectivas, pero tuvo experiencias muy distintas a las mías con su bebé. De inmediato sabía que ella debía ser quien contara su punto de vista y experiencia, para otras mamás que han vivido lo mismo. Sue Mey escribe acerca de su vida de mamá en thecrazywolfpack y es mi primera blogger invitada y autora del post que a continuación leerán: una historia de amor entre un bebé y su mamá.

Sue Ultrasonido 

Cuando decidimos tener un hijo, yo tenía el panorama clarísimo. Iba a dar lactancia exclusiva sin fecha de finalización, el parto iba a ser en agua, natural, sin medicamentos y demás distracciones. Mi posición sobre la lactancia y la nutrición de los hijos era bastante severa. No había espacio para la fórmula (la cual era usada por quienes no querían arruinar sus pechos, según yo) ni para la comida de paquete, cuando llegara el momento.

Fueron pasando los meses y la anticipación se sentía a flor de piel. Esperábamos al chico por ahí del 5 de octubre pero decidió venir al mundo el 19 de setiembre, en mi cumpleaños. Pero la experiencia fue completamente opuesta a todo lo que yo tenía idealizado en mi ignorancia informada.

Sue y bebé

El 18 rompí fuente y esta es la fecha en que si me preguntan qué se siente una contracción no puedo responder, no sentí nada. Hasta solicité la satanizada pitocina y nada. Muchas horas después de empezar la labor de parto y de no sentir nada, pedí que procediéramos con la cesárea. EL CONSENTIMIENTO fue la clave de mi experiencia. En mi cuarto de hospital pude moverme como quise, comer lo que había, ver a mi familia, en fin, todo eso que uno desea en esta experiencia.

Cuando fue el momento de la operación, solicité que no me quitaran los lentes y que no me durmieran, quería escuchar cada sonido de instrumentos, de líquidos y demás. A mi lado se encontraba mi esposo, quien le recordó al equipo médico que no cortaran el cordón umbilical de modo inmediato y cuando terminaron de sacar a mi hijo, todo culminó en el llanto de un niño perfecto.

Cuando salí de recuperación fue una experiencia cinematográfica, viendo a todos desde abajo mientras me llevaban al cuarto. “La tribu” estaba ahí. Hay quienes aman la individualidad y el ser aislado pero hay momentos en que se necesita ese calor humano que se ha perdido, pero por fortuna yo lo tuve. “La tribu” es necesaria, de ese modo sobrevivimos. Todo iba a pedir de boca, hasta que me trajeron a mi bebé y la lactancia se convirtió en la pesadilla que me siguió por un mes.

El bebé no quería succionar, yo sabía que lo primero que sale es el calostro y que era súper importante, por lo que hasta con cuchara se lo daba. En casa tenía mi super Pump Medela, preparado y esterilizado para comenzar el viaje. Pero lo que sacó fue un martirio, sentimientos de culpa y depresión. Pero no me iba a dar por vencida por lo que fui hasta a la Liga de la Leche y contraté una consultora de lactancia, hice power pumping por 48 horas hasta que dijimos que la salud del bebé y mi paz mental son primordiales y no dimos vuelta atrás.

La fórmula permitió que mi bebé creciera sano, grande y fuerte. No tiene rollos de piel saliéndose de su ropa, no se ha atrasado y no le ha pasado ninguna de las situaciones de las que me advirtieron, si le daba de comer tan villanizada bebida.

Este sábado mi bebé cumple un año, “la tribu” sigue ahí, apoyándonos a la distancia, con palabras, cuidando al bebé cuando no podemos hacer nada más que trabajar. Ya he superado la culpa de no poder haber alimentado a mi hijo como suponía debía ser la norma, pero no me arrepiento, no es tan grave haber usado este sustituto y saber que si padeces de hipogalactia, existen alternativas, es reconfortante.

Debemos como personas interiorizar que toda ayuda es bienvenida y que hay gente que no la necesita y todo se da de modo natural y sin problema, pero que hay otras como yo, que necesitan algo externo para poder mantener sano al cachorro y que eso está bien.

Dejemos de juzgarnos y seamos parte de LA TRIBU de otro ser humano.