Cómo acabar con la “guerra de mamás” usando los cuatro acuerdos

Ali y mama

La maternidad… Cuando estaba embarazada soñaba con el momento de unirme a esa fraternidad de mujeres con sus hijos, todas compartiendo sus experiencias para que cada nueva miembro pudiera hacer lo mejor en su nuevo rol de mamá. Estaba un poco engañada. Aparentemente nunca me llegó el memo de que a veces la maternidad y todos sus matices (en especial entre extrañas y en redes sociales) se parece más a un campo de batalla que a una hermandad.

Los medios en un afán de que suene todo más atractivo ya le pusieron nombre: “guerra de mamás” (“mommy wars”). Y este es en mi opinión el peor término de todos, porque toma algo sagrado y hermoso como lo es la maternidad y lo vuelve en algo chabacano. Todos lo hemos visto pasar: se publica en alguna red social algún artículo científico o artículo de opinión acerca de un tema “X” de nacimiento o crianza y en 3…2…1… empiezan los comentarios. Las personas que están de acuerdo por supuesto alaban el tema y las que están en desacuerdo sienten una necesidad imperante de defender su punto de vista. Eso está genial, los debates me fascinan. Lo que no está genial es cuando estos comentarios se tornan en juicios de valor y competencias de quien es “más” o “menos” mamá.

No me mal interpreten. Soy una persona que ama la información. Creo que todo nuevo dato que venga de un hallazgo científico debe estar al alcance de nuestras manos para que nuestras decisiones sean informadas. Si no hubiera sido por el libre acceso a la información mi experiencia de parto probablemente habría sido muy distinta, y con toda seguridad no habría podido ni siquiera llegar al punto de escribir posts compartiendo vivencias de lactancia. Habiendo dicho eso, creo que todo el mundo tiene derecho de elegir, y creo que cada mamá hace realmente lo mejor para sus hijos, familia y situación actual.

Así que pensando como podría acabarse esta pseudo guerra, me vino a la mente un libro de Don Miguel Ruiz que me leí hace unos años (y me he releído varias veces desde ese entonces) que habla de cuatro acuerdos, supuestamente extraídos de la sabiduría tolteca, que nos ayudan a entender mejor a las otras personas, a nosotros mismos y primordialmente a ser felices. Quizás la fraternidad utópica que yo me imaginaba no esté tan largo de nuestras manos.

1. “Se impecable con tus palabras”

Nuestras palabras tienen magia. Una palabra positiva y edificante puede cambiarle el día a cualquier persona. Antes de hablar (o escribir) siempre deberíamos tener esto súper presente. Decirle a alguien que es una mala mamá no nos hace mejores mamás a nosotras. Si consideramos el poder de nuestras palabras y la manera en que transmitimos nuestros mensajes todo cambiaría muchísimo. Nunca usemos palabras para juzgar, y no dudemos en ofrecer palabras positivas a las personas que las necesitan en el momento oportuno (que somos todas, en todo momento).

2. “No te tomes nada personalmente”

Este es uno de los acuerdos más importantes si uno quiere ser feliz, no sólo en la maternidad, sino en la vida. El hecho de que una persona vaya con una filosofía con la que yo no voy o tenga una opinión que no sea igual a la mía no quiere decir que me esté atacando personalmente. Esto es súper difícil de interiorizar, lo sé. Antes los comentarios no deseados le llegaban a las mamás sólo de unos cuantos allegados y se acabó; ahora nos inundan en las redes sociales y es complicado escapar de ellos, pero no son ataques hacia nosotras.

Es una maravilla que se realicen estudios acerca del sueño de los niños, de las formas de alimentación, del modo de nacer, de su crianza cuando son pequeños y grandes. Esto nunca debería de dejar de pasar porque nos permite tener acceso a todo tipo de información. Sin embargo eso no quiere decir que si hemos decidido tomar otros caminos, o nuestras circunstancias han sido distintas a las que se alaban en los estudios entonces estos sean dirigidos a nosotros personalmente y la labor que estamos haciendo como mamás. Una cosa es un hallazgo científico y otra cosa es un juicio de valor. Las organizaciones de salud deben emitir criterios utilizando hallazgos científicos, pero nos corresponde a nosotros tomar decisiones basadas en todos los factores que rodean a nuestra vida. Somos las expertas en nuestra propia familia.

3. “No hagas suposiciones”

Mamás que dan teta: no supongan que todas las que dan el biberón lo hacen porque no quisieron dar de mamar. Mamás que dieron a luz por cesárea: no supongan que todas las que dieron a luz de forma vaginal piensan que esa es la única manera correcta de hacerlo. Mamás que practican el colecho: No supongan que esa es la única manera de darle amor en la noche a un hijo y que la que no lo hace así lo hace mal. Mamás cuyos hijos duermen en sus cunas desde el inicio: No supongan que las mamás que practican colecho son desinteresadas en su matrimonio y están condenadas a tener hijos dependientes hasta la adolescencia. Mamás que se quedan en casa: No supongan que las mamás que trabajan fuera del hogar no les pueden dar el mismo amor a sus hijos sólo porque pueden estar presencialmente con ellos por menos horas.

En fin, suponer sólo nos mete en problemas. Con costos conocemos a profundidad a nuestros mejores amigos, no asumamos nunca que conocemos a alguien sólo porque sabemos algo tan minúsculo como la manera de dormir con su hijo. Cada familia es un mini mundo, cada persona es un mini mundo. No hagas suposiciones.

4. “Haz siempre tu máximo esfuerzo”

Ese creo que no necesita mayor comentario, porque es lo que las mamás siempre hacemos. No importa que tan cansada haya sido la noche anterior, nos levantamos con la idea y la intención de hacer nuestro máximo esfuerzo, que a final de cuentas es lo que más importa y lo que nuestros hijos podrán ver cuando crezcan y ya no sean nuestros bebés.

Mucha luz, paz y amor para todas

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Guía de supervivencia cuando se tiene un bebé con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) | Parte 2 |

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La alergia a la proteína de la leche de vaca (por sus siglas APLV) era un verdadero misterio para mí hasta hace unos meses. La conocía en teoría por mi formación en nutrición, pero la práctica es muy distinta a los libros. A varias mamás nos han dado ese diagnóstico después de días o semanas de tratar de encontrar una causa para las dolencias de nuestros bebés y nos han sugerido una dieta de eliminación para poder continuar con la lactancia. Esto trae consigo muchas preguntas. Las dos principales para mi fueron: ¿qué debo evitar? y ¿qué puedo comer?

En mi post anterior empecé a escribir un poco de lo que he ido descubriendo acerca de esta alergia en peques y traté de responder a la primera duda con respecto a los alimentos a evitar. Muchos de los alimentos procesados que consumimos con frecuencia contienen lácteos (obvios u ocultos) y es importante volverse un curioso del tema para poder tener éxito en evadirlos.

En este post quisiera contar acerca de mi experiencia con todas las opciones que sí se pueden comer con libertad, dónde he encontrado antojos y como me la he “jugado” en restaurantes durante este tiempo.

Qué se puede comer

Primero: hay que pensar en positivo. Todas las frutas, vegetales, carnes (no procesadas), granos y leguminosas son absolutamente libres. Muchas veces nos abrumamos porque pensamos sólo en los alimentos procesados, pero si pensamos de esta forma se abre un mundo de posibilidades. Por supuesto que también hay un montón de alimentos procesados que “si se valen” y que están en mi menú usual. Esta es un lista MUY reducida de algunas de las comidas que me gustan para desayuno, almuerzo, cena y meriendas. Ninguna contiene huevo porque mi bebé también tenía reacción cuando los consumía.

Desayunos:

  • Gallo pinto con aguacate y tortilla – Jugo de frutas
  • Tostadas con mantequilla de almendras y jalea – Frutas picadas
  • Avena integral con leche de arroz y manzanas
  • Batidos de frutas con leche de arroz
  • Batidos “verdes” hechos con frutas como manzana y piña con vegetales de hojas verdes
  • Rollitos de banano con mantequilla de almendras hecho en tortilla de trigo
  • Frutas picadas con “yogurt” de coco y granola
  • Pan de banano casero
  • Tostadas francesas veganas (esta receta)
  • Waffles o pancakes caseros con frutas
  • Pan pita relleno de salmón con queso crema Daiya

Almuerzos y cenas

  • Chalupas de pollo con pico de gallo y ensalada
  • “Casados” con cualquier tipo de carne o vegetarianos con picadillos
  • Pastas con salsa de tomate y vegetales salteados o con pesto hecho en casa (la mayoría de los pesto comerciales tienen queso)
  • “Bowls” hechos con una base de arroz o de quinoa, vegetales al horno (como zanahoria, berenjena, zapallo, etc) y vegetales de hoja verde (como espinaca o kale) salteados.
  • Fajitas de carne
  • “Pizza” sin queso (o con queso Daiya) hecha con pan pita, salsa de tomate y un montón de vegetales.
  • Arroz con pollo o carne
  • Parrilladas de carne y/o vegetales como zuchinni, hongos, elotes, etc.
  • Garbanzos con vegetales y curry en leche de coco
  • Hongos portobello rellenos de quinoa y vegetales
  • Lentejas o arvejas con pollo o vegetales
  • Cualquier tipo de picadillo con y sin carne y con tortillas de maíz
  • Pollo asado o al horno
  • Tacos de carne o pollo
  • Pan pita relleno de pollo mostaza miel o atún con vegetales
  • Cualquier pescado al horno con vegetales y tomillo
  • Rice and beans caribeño
  • Pollo o pescado empanizado con empanizador de hojuelas de maíz o panko
  • Paella

Meriendas

  • Fruta de temporada picada
  • Smoothie de frutas con leche de arroz o de coco
  • Galletas de arroz con mantequilla de almendras
  • Pita chips con hummus
  • Palitos de vegetales con dip de berenjena (baba ghanoush)
  • Galletas de maíz con jalea
  • Guacamole con tortillas tostadas
  • Bolitas de coco con cacao
  • Nieves de frutas o helados hecho con leche de coco

Tips de compras y recetas

Leer la lista de ingredientes: Aunque un producto diga “no lácteo” o “sin lactosa” no quiere decir que no contenga leche (¡tramposos!). Muchos de ellos contienen algo derivado de la leche que igualmente debe ser evitado.

Buscar productos Kosher: Lo que hay que hacer es buscar alimentos que digan “Pareve” o “Parve”, ya que estos son libres de leche. Después de eso lo que queda es ver que también sean libres de soya, pero eso hace todo mucho más sencillo. El Súper Kosher es un verdadero éxito, y ahí he econtrado chocolates deliciosos, empanizadores, panes, embutidos, un sustituto de mantequilla que se llama Earth Balance (sin soya ni lácteos que se puede usar para hornear o untar al pan) y queso Daiya.

Buscar productos veganos: Un producto vegano es automáticamente libre de leche. Solo queda descartar la soya y ya está.

Busque proveedores nacionales que hagan recetas sin alergenos: Para mi la panadería Sin Trazas es lo mejor. Me hicieron un queque de cumpleaños delicioso y muchas galletas y antojos las he comprado con ellos.

No dejar de buscar recetas online: Una de mis mayores salvadas ha sido un blog que se llama MSPI Mama, está en inglés, pero es escrito por una mamá que ha tenido que comer libre de lácteos y soya para poder darle lactancia materna a sus tres hijos. Tiene montones de recetas deliciosas. Les recomiendo darse la vuelta.

Tips para restaurantes

Mencione siempre la alergia: Al inicio intenté pedir las comidas simplemente diciendo que me las trajeran sin lácteos (incluyendo mantequilla) ni soya. Varias veces no me hicieron caso y aprendí de la manera dura que muchos meseros piensan que uno ordena así por una cosa de “dieta” o “estética”. Luego intenté mencionar que mi bebé era alérgica y como yo le daba lactancia no podía comer esas cosas, y esa estrategia también me falló. La que no me ha fallado: decir directamente “necesito que lo preparen sin nada de lácteos, mantequilla ni soya porque soy MUY alérgica”. Como magia, funciona todas las veces.

Ordene a lo seguro: Las carnes a la parilla, vegetales al vapor, pastas con salsas de vegetales, o platos como ceviches o pescados a la plancha no fallan. Siempre se debe mencionar lo de la alergia, pero es más fácil que eso esté libre de lácteos a tratar de pedir que preparen vegetales salteados de otra manera. Evite cosas empanizadas o hechas con pastas como de hojaldre.

Encuentre sus restaurantes favoritos para esta etapa: En mi caso ha sido El Mesón en el Club Cariari. Desde la primera vez que llegué el chef se tomó el tiempo de ver todo el menú conmigo e indicarme cuales cosas tenían lácteos. Nada en el menú tiene soya y la gran mayoría de las cosas están preparadas con aceite de oliva. Además de eso es delicioso y aman y consienten a nuestra bebé. Hay que encontrar el lugar que haga ese tipo de “click” con uno, y en donde uno se sienta cómodo pidiendo lo que sea para poder realmente disfrutar la comida y la experiencia.

Así concluyo este (larguísimo) post. Espero que algunos de los tips que escribí le sean de utilidad a las mamás pasando por lo mismo. Si tienen algún otro consejo adicional que les haya servido en esta aventura les pido dejar un comentario, así ampliamos la lista y hacemos de esto una guía todavía más completa.

¡Hasta el próximo post!

Guía de supervivencia cuando se tiene un bebé con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) | Parte 1 |

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Todo empezó con un pañal.

Los recién nacidos ensucian muchísimos pañales al día, eso no es ningún secreto. Tampoco es ningún secreto que los papás nos volvemos algo así como expertos en las… ahem… deposiciones de nuestros bebés. Ya sabemos más o menos que esperar y cuando algo no parece normal lo captamos en un segundo. Pues ese superpoder fue el que nos permitió a mi esposo y a mí darnos cuenta de que algo no andaba 100% bien. La presencia de sangre en el pañal, acompañada de mucho reflujo nos tenía a este par de papás primerizos muy nerviosos.

Luego de algunos exámenes el pediatra nos tenía una idea de lo que estaba pasando: alergia a la proteína de la leche de vaca. Yo de inmediato tenía muchas preguntas, las cuales luego fui contestando poco a poco con la ayuda del doctor y de un poquito de research de mi parte.

En resumen: aunque usualmente las mamás que dan pecho pueden comer lo que desean sin que esto afecte de manera negativa al lactante, existen algunos pocos casos en los que el bebé sí presenta una reacción a los alimentos consumidos por su madre, especialmente cuando se trata de lácteos y soya. Esto causa que el bebé presente lo que se llama en el mundo médico una “proctocolitis alérgica” que da como resultado la salida de sangre cuando defeca. (Para una explicación mucho más sofisticada les recomiendo leer este protocolo clínico de Breastfeeding Medicine, que está completísimo).

Hay varias hipótesis de lo que puede aumentar la incidencia de esta alergia como por ejemplo que al bebé se le dé un “biberón pirata” (chupón con fórmula en la clínica durante las primeras horas o días de nacido) o la manera de nacer (por cesárea); sin embargo hay casos como el de mi bebé, quien nació de manera natural y solo ha tomado leche materna desde el día uno, en el que lo que más pesa es una historia familiar de alergias alimentarias.

Cuando un bebé tiene alguna alergia alimentaria la primera línea de tratamiento es que la mamá siga una dieta libre del alergeno sospechado (usualmente lácteos y soya). Suena relativamente sencillo, pero se pone interesante cuando uno se da cuenta que esto no es tan simple como nada más no comer queso, yogurt y leche, o de simplemente evitar los alimentos de soya. El truco es que la industria alimentaria utiliza decenas de ingredientes derivados tanto de la leche de vaca como de la soya para elaborar muchísimos alimentos procesados que consumimos con frecuencia.

En este post de dos partes quiero tratar de dar tips para ayudar a las mamás que se han hecho las dos preguntas que yo me hice al inicio:

1.¿Qué debo evitar?

2. ¿Entonces, qué como?

Voy a empezar en ese orden, como para ir de lo más aburrido a lo más divertido. Esta primera parte será de lo que se debe evitar y la segunda parte de TODO lo que se puede comer (que creanme, es mucho y delicioso), incluyendo un menú con algunas ideas de mis comidas favoritas de estos meses, y de cómo ordenar en restaurantes para garantizar una comida que se adapte a esta nueva forma de alimentación.

Lo que se debe evitar

Cuando uno piensa en no consumir lácteos se le viene a la mente evitar los alimentos más obvios como la leche de vaca, el yogurt, el queso, la crema, la mantequilla, la natilla y los helados; sin embargo hay que volverse medio detective para leer etiquetas. La siguiente lista (tomada de la página de la facultad de medicina de la Universidad de Chicago) indica que cuando un alimento tenga alguno de los siguientes ingredientes, significa que contiene leche:

  • Aromatizante de mantequilla artificial.
  • Mantequilla, grasa de mantequilla
  • Caseína.
  • Caseinatos (amonio, calcio, magnesio, potasio, sodio).
  • Queso, requesón, cuajadas.
  • Crema.
  • Natillas, pudín.
  • Ghee
  • Half and Half™ (Mitad y Mitad)
  • Hidrolizados (caseína, proteína de la leche, proteína, suero lácteo, proteína del suero lácteo).
  • Lactoalbúmina, fosfato de lactoalbúmina.
  • Lactoglobulina.
  • Lactosa.
  • Leche (derivados, proteína, sólidos, malteada, condensada, evaporada, deshidratada, entera, baja en grasas, sin grasas, desnatada).
  • Turrón.
  • Cuajo de caseína.
  • Crema agria.
  • Sólidos de la crema agria.
  • Suero lácteo (sin lactosa, desmineralizado, concentrado de proteína).
  • Yogurt

Algunas otras fuentes de productos lácteos que se usan en alimentos procesados pueden ser:

  • Condimento de azúcar morena.
  • Condimento de caramelo.
  • Chocolate.
  • Harina alta en proteína.
  • Margarina.
  • Condimento natural.
  • Simplesse™.

La soya también toma nombres distintos cuando se encuentra en alimentos procesados. Cuando algún alimento contiene los siguientes ingredientes, lo mejor es evitarlo:

  • Proteína de soya hidrolizada.
  • Miso.
  • Salsa de shoyo.
  • Harina de soya.
  • Sémolas de soya.
  • Nueces de soya.
  • Leche de soya.
  • Brotes de soya.
  • Concentrado de proteína de soya.
  • Aislado de proteína de soya.
  • Salsa de soya.
  • Tempeh.
  • Proteína vegetal texturizada (su sigla en inglés es TVP).
  • Tofú.

Además, existen alimentos que contienen lecitina de soya y aceite de soya. Existen estudios que afirman que las personas alérgicas a la proteína de soya usulamente pueden consumir ambos, por su alto contenido de grasa y bajo contenido de proteína, sin embargo yo tomé la decisión personal de eliminarlos también al inicio.

El último tema importante de conocer es que la gran mayoría de los embutidos (jamones, salchichas, etc) y carnes procesadas contienen leche.

Lo que les puedo decir es que la primera vez que vi esa lista quedé como mareada. Y todavía más cuando iba al súper y veía la cantidad de productos que contenían esos ingredientes. Como por dos semanas le tuve miedo a la comida y me pensaba todo como mil veces antes de comerlo. Lo cuento por si alguna le pasa para que sepa que es 100% normal y que no está sola, uno quiere siempre lo mejor para sus hijos y se angustia de pensar que algo que uno coma pueda provocarle aunque sea la mínima incomodidad. Eso, como todo en la vida, pasa y se supera en el momento en el que uno se da cuenta del montón de cosas que sí puede comer y de las posibilidades deliciosas.

Creo que en esta jornada lo más importante es buscar apoyo, tanto de mamás que pasan por lo mismo como de su círculo familiar. Habrá una que otra persona que piense que es ilógico que la mamá se “prive” de alimentos cuando podría dejar la lactancia y comer lo que quiera. Esa es una opinión válida para algunas personas, sin embargo debe ser una decisión informada de la mamá. Hay muchas ventajas de continuar la lactancia en especial cuando se trata de un bebé alérgico, por lo que vale la pena hacer al menos el intento con esta nueva forma de comer y dar suficiente tiempo para que el bebé mejore y la mamá se informe con respecto a la alimentación libre de alergenos. Con esto no digo que no hayan casos que ameriten del uso de una fórmula hidrolizada especial, pero eso le corresponde a un especialista prescribirlo de acuerdo a un protocolo establecido en caso de que bebé no mejore con la dieta de eliminación de la mamá. Hay ocasiones en que lo que hace falta es descubrir si hay algún otro alimento afectando; en el caso de mi hija ella también reaccionaba cuando yo comía huevos.

En la segunda parte voy a compartir algunas de mis comidas favoritas libres de lácteos y soya y tips de compras, productos y como ordenar en restaurantes.

¡Hasta el próximo post!

Las 5 cosas que desearía haber conocido de la lactancia antes de que naciera mi bebé

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Este es un post pro lactancia materna. Eso no quiere decir que sea un post en contra de la lactancia artificial. Decir que estoy en contra de la lactancia artificial sería algo absurdo, ya que desde casi recién nacida tomé solo fórmula. Igualmente mi esposo, mi hermana y mucha gente inteligente, sana y feliz que conozco. Tampoco significa que piense que las mamás que no han dado lactancia materna a sus hijos (por cualquier razón que sea) sean “menos mamás”, algunas de las mejores mamás que conozco han dado lactancia artificial o mixta a sus hijos, y son mamás espectaculares, que me han enseñado lo que es amar incondicionalmente a un hijo y cuyos consejos valoro como el oro. ¿Por qué empiezo el post así? Bueno, pocos temas son tan polarizantes como este de la alimentación de los bebés, y cada vez que se menciona en un grupo, foro o blog toca fibras muy profundas en la mamás; después de todo, ¿quién no quiere darle lo mejor a sus hijos?

¿Por qué lo escribo entonces? Porque la lactancia es algo de lo que vale la pena hablar, es un asunto de salud pública y porque muchas madrugadas en mis primeras semanas como mamá buscaba en distintas fuentes respuestas para todo y en esta era digital muchas las encontraba en blogs de personas que habían pasado por lo mismo. Encontraba consuelo en saber que no estaba sola y que otra gente había recorrido ya el mismo camino. Porque en mi círculo no existía una “cultura de lactancia” y yo no tenía un grupo de mamás que me enseñaran a dar teta, o que me dijeran que esperar.

Una vez una señora amiga me dijo “dar de mamar es lo más lindo del mundo” y 8 meses después coincido con ella en un 100%, sin embargo se le olvidó decirme que al principio no siempre se iba a sentir así. Al principio iba a dudar hasta de mi propia sombra y tendría sentimientos encontrados en muchas ocasiones mientras que se acomodaba el desorden hormonal post parto, y mientras que encontraba esa fuerza en mí para decir “esto lo quiero hacer, sí vale la pena y no estoy sola”.

Hay 5 cosas que de haberlas sabido, habrían hecho todo más fácil. Por eso hoy las comparto, para que quien lo lea pueda encontrar en ellas apoyo y pilas para seguir sus instintos y escuchar a su bebé.

1. La lactancia tiene que ser A DEMANDA

Si si, yo se que este consejo se puede leer en cualquier libro, curso de preparación para el parto o foro de bebés del mundo. Pero rara vez alguien se dedica a explicar que significa realmente eso. Recuerdo salir del hospital con la idea de darle aproximadamente cada 3 horas y nunca más de 20 minutos porque sino “me estaba agarrando de chupeta”. En mi opinión no hay un consejo más dañino para establecer la lactancia que ese. Al incio lo seguí al pie de la letra, luego empecé a hacer “mi versión” (si había pasado como 1 hora y media o 2 horas desde que mamó le volvía a dar) y luego leí más y más y lo mandé por un tubo todo. Puede ser cierto que los bebés necesitan comer en promedio en intervalos de 2 a 3 horas pero ¿quién dice que un bebé sólo mama para comer? Para los bebés el pecho es una de las formas de conectarse con mamá, de tocar base en el mundo tan grande al que acaban de entrar. Se despegaron de mamá y ocupan pegarse otra vez, sea para comer, confort, chupetear ¿a quién le importa?.

Antes de tener a mi hija me imaginaba que yo iba a ser súper estricta con los horarios para tener una vida muy estructurada y bien planeada. Por supuesto que esto es un absoluto chiste y que nada puede ser meticulosamente planeado con un bebé… De vuelta a la realidad, sí he logrado establecer con bastante éxito rutinas para siestas y la hora de dormir, pero el pecho en mi casa no tiene hora. Ningún otro mamífero se fija en el reloj para dar de mamar en una hora “normal”, lo dan cuando su cría lo necesita. Esto no hace bebés malcriados, tiranos o glotones; esas son ideas locas y muy recientes.

Seguir horarios estrictos es una de las razones por las que la lactancia fracasa, o por las que una mamá llega a sentir que no tiene suficiente leche, cuando en otras circunstancias podría haber dado de mamar sin problema. Además es una gran fuente de frustración las primeras semanas. Recuerdo pasear a mi hija por toda la sala de la casa porque hacía una hora había comido (o sea, en mi mente no podía tener hambre) y revisar por qué estaba llorando. Me preguntaba si tendría el pañal mojado o sucio (no), si tendría un gas (no), si tendría frío o calor (de nuevo no) y me convencía de que seguro lloraba porque los bebés lloran y listo. Hoy sabiendo lo que sé estaría casi segura de que lo quería era mi pecho, o por lo menos lo habría ofrecido con mucha más frecuencia. Ojo que para seguir esto es muy importante hacerse de hierro porque inevitablemente llegarán las preguntas ¿está comiendo OTRA vez? ¿no será que tu leche no le sustenta?. Y esas si que lo hacen a uno sudar la gota gorda al inicio.

2. No todo es como al inicio

Que la lactancia sea natural no quiere decir que sea súper sencilla; el inicio es cansado, confuso y hasta a veces doloroso. Uno no sabe lo que está haciendo, el bebé medio sabe lo que está haciendo y hay un coctelazo de hormonas suficiente para hacer perder hasta el más cuerdo la razón. Pero no es así para siempre, lo prometo. Mamá de bebé recién nacido que quiere con todo su corazón dar de mamar pero que está pensando en renunciar en las primeras semanas porque duele, o le cansa o cree que cualquier cosa sería más sencilla: le prometo que mejorará. De todo corazón hoy le puedo decir lo que a mi me dijeron: la lactancia es una belleza. Va a llegar un momento en el que su bebé le sonría cuando vea su pecho y usted se derrita de amor y van a ser por unos minutos uno solo otra vez como cuando estaba en su pancita. No pase por esto sola, busque consejo de gente que quiera lo que usted quiere y piense como usted piensa. Esto me lleva a mi próximo ítem.

3. No subestime la ayuda de “la tribu”

Uno de los términos que más me gusta de todo lo que he leído con respecto al tema es el concepto de la tribu materna. La maternidad no está hecha para llevarse sola, realmente se requiere de una tribu para que todo funcione, y esas personas deben estar en sintonía con los deseos e instintos de la mamá para que todo fluya.

No subestime nunca la ayuda de una consultora de lactancia, o de los grupos de mujeres que se reunen a hablar del tema y compartir. Ellas son estudiosas del tema, tienen años de experiencia, saben como solucionar todos los problemas que ocurran o por lo menos saben acompañarla mientras que usted los soluciona.

Si tiene tías, abuelas o amigas que han tenido relaciones de lactancia exitosas hay que rodearse de ellas. Hágase un buen favor y no escuche historias de terror ni asuma que la habilidad para dar de mamar es algo de familias o heredable. Cada persona es distinta. Cada mamá tiene derecho a intentarlo y vivirlo en carne propia.

4. Normalizar la lactancia nos corresponde a todas

Parece absurdo que se tenga que hacer esfuerzos por “normalizar” algo que es tan natural, sin embargo todavía hay personas a las que se les hace extraño que los bebés mamen de sus mamás, en especial en público. Para la sociedad los pechos están muy bien siempre que estén en un contexto sexualizado ¡Dios guarde alguna mujer los use para lo que fueron biológicamente creados!

Pues eso nos toca a nosotras cambiarlo de la manera que más cómodas nos sintamos. Yo he aprendido a dar pecho en la playa, en el bosque, en aviones, en parqueos, en privado, en público, en donde sea que mi bebé estemos cómodas y esté felices. Eso no es exhibicionismo, es sentido común. Nadie manda a un adulto a comer al baño ni lo obliga a apartarse del contexto social cuando necesita una merienda, no hagamos lo mismo con los bebés. Nos corresponde a nosotros conversar del tema y crear espacios para la lactancia. La cosa de taparse o no taparse, apartarse o no apartarse para dar de mamar debe únicamente depender de la mamá y el bebé.

5. El destete es nuestro

El momento de destetar es suyo y de su bebé, es una de las decisiones más privadas que pueden existir. La Organización Mundial de la Salud recomienda dar de mamar por 2 años o hasta que la madre y el niño lo quieran. La Asociación Americana de Pediatría es más conservadora y habla de 1 año. Muchas mamás se ven obligadas a destetar antes de lo que deseaban por alguna situación personal urgente, otras se fijan metas (como yo al inicio) y cuando ven que esa meta se acerca se dan cuenta que ni ella ni el bebé están listos para parar. No hay ninguna edad en la que la leche materna sea dañina, no hay ninguna edad en la que dar pecho sea “por vicio”, no hay ninguna edad en la que la leche materna sea “agua” y no tenga valor nutricional. Eso no lo digo yo, lo dice la ciencia. Si usted desea dar teta a su bebé por unos cuantos meses y está convencida de eso, hágalo así y tenga la satisfacción de que le dio por un tiempo una verdadera “superfood” a su hijo, porque en la lactancia cada gota cuenta. Si usted como yo se inclina más hacia un destete natural y gradual no deje que nadie la convenza de lo contrario. En resumen la presión no debería de existir ni para dar más ni menos de lo que usted y su bebé deseen.

Y esas son las 5 cosas que yo desearía haber conocido de la lactancia antes de que naciera mi bebé. Espero de corazón que este post llegue a alguna mamita o futura mamita que lo necesite. A todas las mejores vibras y bendiciones en esta aventura de ser mamá.

Si te sentiste relacionada con este post, escribí uno nuevo que quizás te podría ser útil también. 5 mitos comunes que podrían afectar tu lactancia.