Mensajes del agua

¿Alguna vez se han puesto a pensar cómo afecta a nuestro cuerpo lo que pensamos y lo que nos repetimos a nosotros mismos cuando nos vemos en el espejo? ¿Serán solamente palabras o tendrán una influencia más importante? Hace ya varios años me enteré acerca de un experimento que podría contestar a esta duda.
Masaru Emoto, autor de Yokohama, Japón y presidente emérito de la International Water for Life Foundation inició a mediados de los 90s a estudiar el agua en detalle. Él realizó una serie de experimentos en los cuales exponía agua destilada en recipientes a distintas palabras, fotos y tipos de música y luego la congelaba. Con el tiempo pudo observar que los cristales del agua formaban patrones geométricos que eran visibles cuando se veían bajo el microscopio. Las siguientes son fotos de dichas formas y las palabras a las que fueron expuestas:

20130910-100127.jpg

Bastante impresionante, ¿verdad? Cuando el agua estaba expuesta a música también habían cambios en las formas de los cristales.

Musica agua

La primera vez que lo vi realmente me puso a pensar en el efecto que mis palabras y pensamientos tenían sobre mi cuerpo y empecé a tener mucho más cuidado y ponerle mucho más atención a lo que me permitía decirme a mi misma. Por supuesto que es una cosa del día a día y que es más fácil decirlo que hacerlo, pero me parece que vale la pena al menos hacer un esfuerzo, ¿cierto?

Si quieren saber muchos más detalles acerca del trabajo de Masaru Emoto y los resultados de sus experimentos aquí les dejo el link del documental en español.

Por supuesto que una idea así tendría muchos detractores por ser “muy volada”, y la comunidad científica tiene miles de objeciones con respecto a los resultados de estos experimentos y el control que existió en cada uno de ellos. Sin embargo, hay un experimento que no involucra agua destilada ni microscopios que también realizó Masaru. Este experimento puede ser realizado por cualquier persona que tenga arroz, una olla y dos recipientes de vidrio con tapas herméticas. La idea es hervir el arroz y poner cantidades iguales de arroz cocinado en cada recipiente (previamente esterilizado) y cerrarlos con las tapas herméticas. A cada recipiente se le coloca una palabra (una positiva y otra negativa) y se le repite con intención esa palabra durante 30 días. Obviamente el arroz se va a descomponer tarde o temprano (es el proceso natural), sin embargo en el experimento realizado por Emoto el arroz al que se le dijeron cosas negativas se descompuso con más rapidez.

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